TEATRO, PAN DEL ESPÍRITU

TEATRO, PAN DEL ESPÍRITU

Bernardo le pegó a Charo una de esas miradas que quieren desnudar. Ella estaba tan embelesada con los saltos del grupo español que ni siquiera tuvo tiempo para molestarse. Al día siguiente, en la función de los mexicanos, Bernardo la reconoció y se atrevió a saludarla, le preguntó por el clima o por cualquier cosa y le contó que tenía 22 años, que había llegado de Bucaramanga para ver teatro y que allá estudiaba derecho. El muchacho estaba flechado y a ella no parecía molestarle. Para los dos, el festival ya tenía sentido.

12 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Como siempre lo tuvo para el ministro de Cultura Juan Luis Mejía. El se deleita recordando sus primeras escapadas, en 1969, cuando era estudiante y se hospedaba por 10 pesos en el Hotel Roma, una pensión modesta a pocas cuadras del Teatro Fundadores. En esa época no hacía más que correr de teatro en teatro tratando de encontrar de nuevo a una actriz argentina que lo tenía loco.

No se trata de grandes historias sino de pedazos de cotidianidad que se quedan grabados por gratos. Esa es solo una de las razones por las que Charo , Bernardo y el Ministro no entienden a quién se le puede ocurrir acabar con el festival. No podemos dejar de hacer las cosas por la crisis. Hoy, más que nunca, tenemos que atrevernos. Lo peor sería romper los procesos , dice Juan Luis Mejía, ya en su papel de Ministro.

De todas maneras, en medio del ajuste económico que vive el país, no es difícil escuchar a los que preferirían que los dineros destinados a este tipo de eventos se invirtieran en cosas más tangibles: En este vacío de valores, lo que más necesita la gente es el pan del espíritu. Pensar que hay que acabar el festival por la crisis económica es una forma miope de ver la vida del hombre. Aún los animales tienen como prioridad la distracción y el juego , dice el director Santiago García.

Por la esperanza En 1986, justo después de la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, los teatreros vencieron el miedo y vinieron a Manizales. La realización del festival a pesar de la catástrofe hizo que la gente se diera cuenta de que la vida tenía que seguir, que había otras razones para luchar y que el espíritu tenía que conservar su libertad. Es que los encuentros en general contribuyen a normalizar el país. En momentos como este, la gente del arte tiene que decir que aquí estamos. Hay que convivir con la crisis , añade Octavio Arbeláez, director artístico del evento teatral.

Según Alberto Sanabria, coordinador de concertación del Ministerio, actualmente el Estado apoya 85 eventos culturales en todo el país. Eso quiere decir que en Colombia cada semana se realizan dos ferias, encuentros folclóricos, muestras de video o cine, salones plásticos o festivales de teatro. Solo hay tres departamentos que no están cubiertos: Casanare, Guaviare y Vaupés, y eso, según Sanabria, por falta de que presenten proyectos.

De todas maneras, para nadie es un secreto que la crisis actual es la más aguda de los últimos tiempos. La violencia ha desbordado el país y si en otros años los corresponsales extranjeros hablaron de Colombia como el reino del narcotráfico, ahora son los ataques guerrilleros, los petardos, las masacres y las protestas los que ocupan los titulares internacionales. Por eso, tres músicos argentinos no quisieron venir y los demás integrantes del grupo Equipo de Trabajo tuvieron que readaptar la obra que traerían a Manizales (Manchas en el silencio): Hace una semana, a las 11:30 p.m., me llamaron de Buenos Aires para decirme que no venían. Yo solo les dije que vivía cerca al estadio, que allí estaban tocando Los Fabulosos Cadillacs y que había unas 30.000 personas gozando en paz , cuenta Octavio Arbeláez.

Es que nunca antes había sido tan difícil convencer a los grupos de que en Colombia la vida seguía y que a pesar de las noticias violentas, había otro país más amable. Martin Bauer, el director musical del grupo argentino, decidió buscar en internet otro tipo de información que sirviera de argumento para que sus tres músicos no renunciaran a venir. Todas las noticias eran violentas. Por eso, aunque este es un encuentro teatral, se ha hablado del papel de la prensa en la divulgación de informaciones: La realidad no se puede ocultar pero hay que rescatar a los que apuestan por la esperanza. Habría que pensar en la organización de un foro de medios para que los comunicadores repiensen su papel en un momento como este , dice Alberto Sanabria.

El ejemplo más claro se dio durante la inauguración, el martes pasado en el Teatro Fundadores. Una falsa amenaza de bomba generó pánico por algunos minutos entre los 1.500 espectadores que asistieron (el teatro tiene sillas para 1.200 personas). Unas 200 personas salieron despavoridas. El resto se quedó a pesar del temor. Para Arbeláez, ese es un acto de heroísmo cotidiano que vale mucho y que para los medios no es noticia. Es una prueba de que la gente quiere vencer el miedo .

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