PRESENCIA VIVA DE LA POESÍA

PRESENCIA VIVA DE LA POESÍA

Argentina, DANIEL GARCIA HELDER (1960)

22 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

El héroe de un domingo a la tarde Sigo ante la máquina de escribir Después de varias horas; el tiempo Se gasta como la piedra del afilador, Tratando de sacar en limpio De este enjambre de logos No digo una idea, porque sería triunfar, Sino un número x de palabras Que sirvan de escarnio a los vacuos Estilistas de este fin de siglo.

Chile, DIEGO MAQUIEIRA (1951) La tirana Yo, la tirana, rica y famosa La Greta Garbo del cine chileno Pero muy culta y calentona, que comienzo a decaer, Que se me va la cabeza Cada vez que comienzo a hablar Y a hacer recuerdos de mis polvos con Velásquez.

Ya no lo hago tan bien como lo hacía antes Antes, todas las noches y a todo trapo Ahora no.

Ahora suelo a veces entrar a una Iglesia Cuando no hay nadie Porque me gusta la luz que dan ciertas velas La luz que le dan a mis pechugas Cuando estoy rezando.

Y es verdad, mi vida es terrible Mi vida es una inmoralidad Y si bien vengo de una familia muy conocida Y si es cierto que me sacaron por la cara, Y que los que están afuera, me destrozarán Aún soy la vieja que se los tiro a todos, Aún soy de una ordinariez feroz.

Costa Rica, JEANNETTE AMIT (1972) La herida Abre tu golpe aquí, hunde tu lanza ahora, que este corazón es un animal violento y desatado que lleva entre su sed la herida solitaria de la luna, la sangre fascinada de los ángeles, el eje del dolor girando entre la boca, la pasión por los muertos mas antiguos, la peligrosa piel de los amantes, el odio de los dioses tan humanos y esta furia del héroe que sacude la rojiza violencia de los arboles con solo la nostalgia de sus ojos.

Vamos, clava tu espada, perfora mis recuerdos sin culpa y sin elogios, que este cuerpo aun cabe en las intensas manos de la muerte, que mi piel ya pronuncia los maleficios de su origen entre llamas de tierra y todos los testigos han cerrado los ojos para contar estrellas en mitad de la noche.

Hiéreme aquí, dispara, que todo el odio llegue hasta las cimas brillantes del aire, empapando los párpados de todos los que miran, de todos los que cantan mientras aquí yo muero y muero, golpeado y poderoso, arbusto de las horas que a las horas apuesta su parcela de magia, alimentando solo las huellas imprevistas de mi olvido...

México, MARGARITO CUELLAR (1956) Apunte del soltero De la pared a mi noche interminable Las hormigas ven crecer el invierno Ellas mejor que nadie aman mi soltería: Vino para mi alfombra y mi garganta, Música, enloquecido corazón.

(El soltero es la piel ensombrecida de todo el egoísmo resistencia al encarcelamiento del minuto medalla de oro en amores de un rato.) Una muchacha nos espera en cada hotel de paso Y no falta quien se quite la vida Por nuestra indiferencia.

Estados Unidos, ANGELA BALL (1952) Cafetín Yo y mis amigos jubilados: Joe~; Cecil y John llevamos overoles limpiecitos como si jugáramos a ser obreros.

Nos encontramos en el cafetín para ocuparnos hablando tonterías.

Nos sentamos toda la mañana mientras el sol nublado se adelgaza con su oro. Que se vaya.

Gallinas que somos buscamos un lugar seguro.

El invierno extendiéndose en el golfo. Hace un año mi esposa perdió uno de sus senos, perdió mucho más.

Nuestra primera casa, en los árboles los pájaros competían con sus cantos.

Vino diciembre. Las hojas doradas revoloteaban Como banquitos de peces.

Qué se hicieron esos días? Los empleados de mudanzas, haciendo chistes, Echaron en las cajas año tras año.

Mientras nos pasamos aquí sentados, No hay nada en este mundo par molestarse, Para llorar, morir. Nada, nada serio.

(Versión de Juan Carlos Galeano) Ecuador, IVAN OÑATE (1948) Pabellón de incurables Desde la cama observo a mi alma caminar por los pasillos, cruzar los patios y vagar por un prado en búsqueda de alguien que ha perdido para siempre.

Espero, uno de estos días, encontrar la fuerza necesaria para darle alcance.

Honduras, OSCAR ACOSTA (1933) La noche La noche llega. Vienen sus corceles a inundar los jardines.

Tú la acompañas con tu cabello de selva y tus extendidas playas.

Llega la noche. Su tambor despierta a los jaguares.

El insomnio se pudre como fruta.

La serpiente del agua anda suelta.

Reina la noche. Su árbol extiende ramas y raíces.

Flota su cuerpo antiguo sobre las torres de las catedrales.

Vence la noche. Sus dos patas destruyen la luz más alta.

Sólo tu corazón, amada mía, entre la sombra es casa iluminada.

Brasil, ANIBAL BEA Arreglo En la orilla esta que amamos Ciertamente bañaremos -en agua no apuntada en la agenda- el compromiso de partida.

Inevitable (des)encuentro combinado: No habrá retrasos Ni modificación de plazos Ni cheques post-fechados.

Aunque nada sea acordado El prestamista vendrá con su alfanje A cortar la prestación de la hora Palidecer crepúsculos Oscurecer auroras Cegar los ojos de ver Enmudecer la voz del habla A parar el gesto, el beso, la mano que acaricia y a recoger la piedra del quehacer, Puesto que está finalizado y no es necesario empujarla.

Soy hipócrita si digo que la quiero ahora.

Quién lo dirá~?No es por nada que de nada nada hice y mucho no sé, si mucho hiciera todavía.

La melodía que me toca Llega con sonidos, de adagio lento y recurrente, Contrarios a mudanzas y velocidades.

Siempre me sube en mi ritmo Y aún me faltan muchos versos.

Por tanto, entrañable amiga, Noche de mi noche, Me encuentro lleno de deudas y No tengo vocación moratoria.

(aunque hasta hoy haya vivido en concordato) No. No es por nada no.

Es que hoy me desperté con un sentimiento tan insolvente.

República Dominicana, ALEXIS GOMEZ ROSA (1950) Letanía de un reloj modernista Tengo miedo de ser puerto.

Que desoven chalupas aguerridas filigranas de oro, todo el ojo, recoge en su atarraya el batelero, los minutos de su existencia ovípara.

El reloj marca sus golondrinas y principia el verano; trinos que acarrean plumas, nubes, un helicóptero: reporta desde el aire la encrucijada del cangrejo en su cóncava introspección, por la pérdida de tres patas y sus pinzas.

Temo, en resumidas cuentas, ser reloj donde atracan escualos sorprendidos, tras un soberbio reporte de minutos apremiantes.

(El expediente, la Biblia, el solemne silencio, al alcance del juez)

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