LA CUARTA VÍA

Las diferencias políticas que tienen los partidos socialistas y socialdemócratas del Viejo Continente, y que salieron a flote con motivo de las elecciones europeas de junio pasado, son producto de la herencia neoliberal que encontraron en los países que gobiernan y de sus posiciones frente al papel del Estado y del mercado en la sociedad. Son dos los polos que los orientan y atraen. Uno lo dirige Tony Blair y el otro, Leonel Jospin.

11 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Blair fundó la llamada Tercera Vía con el aporte de valiosos hombres de ideas (Anthony Giddens, John Gray, Peter Mendelson y John Crowley). Con ella, renovó el Laborismo inglés y acabó con 18 años de hegemonía conservadora en el Reino Unido. Sus partidarios dicen que, como propuesta, trasciende tanto la socialdemocracia tradicional como el neoliberalismo. Representa la unión entre el capitalismo y la socialdemocracia. Prefiere la igualdad de oportunidades a la redistribución del ingreso. En vez del Estado del bienestar (welfare state), promueve el bienestar por el trabajo (workfare). Hay quienes la consideran el nuevo centro o una especie de neothatcherismo o de thatcherismo con rostro humano porque antepone el compromiso con las empresas a la solidaridad con los movimientos sociales.

El manifiesto que Blair y el canciller alemán Schroeder divulgaron recientemente ( los mercados del trabajo, el capital y los bienes deben ser flexibles ) se ha convertido en punto de referencia para el debate que seguramente tendrá interesantes desarrollos en el Congreso de la Internacional Socialista del próximo mes de noviembre. Su tono neoliberal ha servido para que algunos critiquen el reciclaje de las ideas de la nueva derecha y cuestionen lo que llaman neoliberalismo maquillado . Conviene agregar que Blair propuso desde Washington crear una organización de partidos de centro izquierda que reemplazara la Internacional Socialista, hoy dirigida por Pierre Mauroy, ex primer ministro de Mitterrand. También en llave con Clinton y los nuevos demócratas de Estados Unidos, organizó un coloquio sobre la Tercera Vía en Nueva York, que pasó inadvertido porque todos los reflectores en septiembre del 98 solo enfocaron a Mónica Lewinsky.

El otro polo del euroliberalismo o euroizquierda lo orienta Leonel Jospin. Sí a la economía de mercado, no a la sociedad de mercado , resume su pensamiento. Se propone reducir las desigualdades existentes y prefiere la satisfacción de las necesidades básicas a las leyes del mercado, entre otras razones porque la izquierda democrática tiene la obligación de representar la solidaridad social y los intereses de los menos favorecidos. En materia económica representa un keynesianismo moderno . A su juicio, el Estado, debidamente reformado, debe seguir siendo factor de cohesión e integración y soporte de la construcción de ambicioso modelo social. Todo ello conforma lo que ya algunos llaman la Cuarta Vía (Nouvel Observateur, junio 30/99).

Tal vez interese saber igualmente que, con escasas semanas de diferencia, a mediados del 97, Blair y Jospin llegaron al poder en Inglaterra y Francia. El último, en coalición con los verdes y lo que queda del antiguo Partido Comunista. Blair perdió las elecciones europeas de junio pasado. Jospin, las ganó.Los temas citados, junto con el tratamiento a las minorías y los inmigrantes, la regulación de los servicios públicos, la lucha contra la inseguridad urbana y la construcción de la unión europea, configuran la problemática que hoy divide a intelectuales, políticos y partidos del Viejo Continente. Trazan, además, la línea divisoria entre la izquierda y la derecha democráticas.

Ahora que el Partido Liberal ingresa a la Internacional Socialista no faltarán quienes quieran matricularnos también en la Tercera o Cuarta Vía, olvidando que toda acción política se inscribe dentro de unas coordenadas bien precisas de tiempo y lugar. Igualmente, que es tributaria de la historia y la cultura nacionales y dependiente del marco institucional dentro del cual se desarrolla.

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