UN CAFÉ, SIN DEUDA AMBIENTAL

UN CAFÉ, SIN DEUDA AMBIENTAL

Don Humberto Correa tiene motivos para sentirse satisfecho por estos días. Dejará de contaminar el cauce del río Pijao, pues ya no lanzará por la ladera de su finca los residuos que deja la obtención del café.

17 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

No es que este curtido caficultor de 55 años se vaya de su parcela en la vía entre Sevilla y Caicedonia. El cambio lo hará dentro de su predio de cinco hectáreas en donde dejará de utilizar el beneficiadero tradicional para dar paso a un novedoso sistema ecológico por el cual además recibirá un auxilio económico para su obtención.

Pero romper una tradición de 36 años no fue una tarea fácil para él, su esposa y sus seis hijos, todos dependientes del cultivo del grano.

Un cambio que trae sus beneficios: ahorro de agua, aprovechamiento del tiempo, optimización de los desechos del café y la descontaminación del río Pijao, afluente que nutre el acueducto de 70 mil habitantes de Sevilla y Caicedonia, en el norte del Valle. Esa labor le mereció recientemente el premio Planeta Azul otorgado por el Banco de Occidente en la modalidad de empresa.

Para convencerse de la utilidad de la tecnología ecológica, no le bastó la información suministrada por el Comité Departamental de Cafeteros, entidad que promueve el uso de la nueva tecnología. En sus ratos libres se desplazó a las fincas de amigos donde ya habían cambiado el beneficiadero tradicional por el Beneficio Ecológico del Café y los Subproductos (Belcosub), un módulo que no ocupa más de un metro cuadrado.

Y quedó convencido. Hoy acelera la adecuación del lugar en donde será ubicado el novedoso aparato y con el cual se le garantiza la extracción de café de mayor calidad. El costo total asciende a 3 millones de pesos; el Comité le aporta 1,5 millones.

Sistema ecológico Uno de los mayores beneficios que se obtiene con este proceso es el uso racional del agua y de paso se controla su contaminación.Los ejemplos se multiplican a lo largo de las 22.956 hectáreas de la cuenca, en la cual 6.345 hectáreas son dedicadas al cultivo del grano, convirtiéndose en la primera región del Valle productora de café aportando un 20 por ciento al total del departamento.

En su finca de la vereda El Manzano en Sevilla, Jorge Garcés, un labriego de 50 años, hijo del café, también puso en práctica el uso del Belcosub desde hace ocho meses y los resultados lo hacen sonreír: gasta menos agua y la calidad de su café mejoró considerablemente.

Además, ese modelo me enseñó a hacer un uso adecuado de la pulpa y la miel, que ahora no contaminan, sino que se utilizan para abono o para la producción de lombrices que sirven para la pesca y como alimento de los seis cerdos que tengo , dice don Jorge, uno de los pequeños campesinos.

Con el sistema antiguo, se requerían cinco litros de agua para beneficiar cinco kilos de café cereza, del cual se obtiene un kilo de café pergamino seco. Con el Belcosub se necesita solo un litro de agua para igual cantidad del grano.

El ingeniero agroindustrial John Jairo Salgado Aguirre, coordinador del programa de beneficio de la Federación de Cafeteros, recuerda que con el viejo proceso el lavado y fermentación del grano exigía grandes cantidades de agua. Hoy día, el beneficio del café se hace prácticamente en seco.

A través del Becolsub dice el ingeniero forestal Gabriel Borda es posible obtener la mezcla de la miel y la pulpa del café, lo cual no era posible en el beneficiadero tradicional, en donde ese proceso se hacía por separado y demandaba mayor tiempo .

Eso lo ejemplifica Jorge Garcés, quien dice que antes debía levantarse a las 4 de la mañana y se acostaba a las 10 de la noche. Con el modelo ecológico, el café es despulpado, lavado y secado en una sola etapa.

El café maduro o cereza es colocado en una pieza cónica llamada tolva, la cual puede ser metálica o en madera; de allí pasa a la primera pieza del Belcosub que se encarga de retirar la pulpa o cáscara; el grano salta a otro elemento denominado desmucilaginador que retira la miel del grano.

En el último paso, y a través de una canal se unen los residuos de pulpa y miel, mientras que el grano queda listo para su posterior secado al aire libre. Los residuos, entre tanto, son depositados en una fosa y luego pueden ser utilizados para la reproducción de lombrices.

Antes, el agua usada y los residuos eran lanzados a los patios de las fincas que finalmente contaminaban las aguas subterráneas del río Pijao. Esa práctica será cosa del pasado para caficultores como don Humberto Correa.

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