BUSCANDO EL CORTE

BUSCANDO EL CORTE

Basada en una técnica desempolvada del siglo IV o V antes de Cristo, Doris de McAllister retomó del arte del patchwork. Una manera de crear unas prendas que recuperan de manera original la belleza y sensualidad de la figura femenina. Es la combinación perfecta entre lo tradicional y lo actual que inspira para convertirse en la moda del 91. Para mujeres modernas y ejecutivas que quieren estar in y elegantes. Atuendos que funcionan tanto en el día como en la noche, porque presentan un toque formal que no pierde la informalidad necesaria en lo cotidiano.

13 de enero 1991 , 12:00 a.m.

El patchwork surgió en Egipto, y viajando de cultura en cultura se quedó en los telares del mundo. Nació gracias a una necesidad, pero se quedó como una técnica bella incapaz de ser sepultada por las agujas de los grandes modistos.

La diseñadora lo retoma porque su valor creativo es infinito. De su herencia se derivan una gran cantidad de formas, colores y posibilidades para el diseño. El tejido de punto y la alta costura ven en esa técnica su mejor fuente de inspiración para trabajar diseños originales y exclusivos.

En Europa, por ejemplo, se combina con los acolchonados porque las dos técnicas van de la mano. Esta mezcla facilita los volúmenes y las formas de las prendas. Un todo en pedazos El patchwork se confecciona a partir de fragmentos de tela unidos para formar una sola pieza. Su valor era simplemente el de reciclador porque se aprovechaban los materiales de desecho para confeccionar algo útil: colchas, tapetes, zapatillas...

Pero Doris de McAllister fue más allá de lo que parece una simple técnica de confección. El diseño creativo estaba latente en los colores y la luminosidad que se obtenían de la estructura. Los ingleses, con sus tumbling cubs (rombos), fueron quienes se dieron cuenta de esta, hasta entonces, desaprovechada riqueza.

La idea es lograr ilusiones y fluctuaciones ópticas agradables con un alto manejo de la coloración, ayudada del negro, con figuras que se repiten. En este caso, un cubo.

La figuras claras contrastan sobre los tonos oscuros dando así una luminosidad muy especial. El manejo cubista se logra con el negro, realzando la geometrización del diseño. Igualmente, se consigue una profundidad que permite gran variedad de formas.

El tejido de punto es el material por excelencia para este tipo de diseño. Sin embargo, la colombiana le agrega terciopelo acolchonado, lo que le imprime el look deseado por la mujer ejecutiva.

Es un regreso a los 60, con la delicadeza femenina que añoran los amantes de la silueta estilizada. Atuendos ceñidos al cuerpo, en donde las piernas no se ocultan: es la propuesta.

La silueta es la protagonista porque es la base de la creación. Los hot pants, las faldas, los vestidos baby doll, los pantalones chicles... regresan al cuerpo femenino. Entran a desempeñar un papel muy importante los grandes chaquetones, que ponen el toque sofisticado de la colección.

Los tonos vivos no se olvidan: naranjas, fucsias, azules fuertes, que combinados con el negro imprimen el look moderno, exigido por las mujeres de hoy. Es una colección fuerte que llega al 91 como aguja al dedal... Pedazos con cuerpo Olga de Amaral, artista de los tapices en el país, es una experta en texturas y fibras. Su concepto ayuda a situar y calibrar la reaparición del diseño de prendas trabajadas con la idea de convertir partes o retazos en un todo todo armónico.

Considero, sin dudas, que la técnica del patchwork es de una inmensa creatividad. Positiva en cualquier época, por su capacidad de retomar los desperdicios y convertirlos en prendas u objetos de confección muy atractivos.

Yo creo en el diseño textil tradicional. Porque este tipo de diseño lo es. Se ha utilizado con éxito en varias épocas. Su nacimiento durante una economía de auteridad, impulsó a las amas de casa a utilizar la telas de manera imaginativa y práctica. El resultado fue novedoso e interesante en muchas oportunidades.

El patchwork fue el impacto de los años sesenta. No es por supuesto el colmo de la originalidad. Pero permite, vuelvo a insistir, un enorme despliegue de creatividad tanto en la forma como en el diseño mismo de la tela.

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