UN PEQUEÑO GIGANTE DEL GOL

UN PEQUEÑO GIGANTE DEL GOL

Un misterio se cierne sobre la carrera de Francisco Wittinghan: ha sido figura y goleador en cada uno de los equipos de su ya amplio recorrido futbolístico. Pero siempre es el primer marginado a la hora de los grandes retos... Y no lo puede entender. Soy disciplinado, atento en los entrenamientos, humilde. Y qué pasa? No me han dado una verdadera oportunidad. Pienso que fácilmente debiera estar con cincuenta partidos profesionales entre pecho y espalda .

13 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Se parece a una pequeña explosión futbolística con 65 kilos de peso moldeados en 166 centímetros de estatura. Con su marca de 11 segundos 52 centésimas en los 100 metros, puede darse el lujo de encarar al rival, gambetear por adentro o por afuera, irse hasta el fondo o en diagonal, para meter fulminantes taponazos porque si de algo está seguro es de su plena confianza para pegarle a la pelota desde cualquier ángulo.

Mire, el fútbol es una lotería: hay que arriesgarlo todo en un momento dado. La convicción personal es el único respaldo. Lo demás es un azar... los compañeros, el técnico, los directivos, las mismas lesiones. Y uno aparece allí, en la mitad, como desamparado. Por eso hay que tener una fe inmensa. Si esto flaquea, es mejor dedicarse a otra cosa .

Semejantes decisiones las empezó a tomar desde muy temprano. En 1985 lo convocaron a la selección Colombia prejuvenil que ocupó el tercer puesto en el Suramericano celebrado en Buenos Aires. Inmediatamente cerró sus cuadernos y libros de tercero de bachillerato al sentir que era un escogido para entrar a la élite futbolística.

Luego su despunte en el barrio Villamaría de Suba, pasó por el club La Gaitana y llegó a Santa Fe atraído por los malabares de Miguel Alonso Pacheco. Luego integró las selecciones Bogotá prejuvenil, juvenil y sub-23. También incursionó en la segunda división con la escuadra cardenal. Siempre con su olfato goleador, con su picardía, con su velocidad...

Finot Castaño, que era mi técnico en la selección Bogotá, no me llamó para el combinado nacional del Suramericano de Pereira, pese a ser el segundo artillero del juvenil nacional con 10 dianas.

Diego Umaña me tuvo en la segunda y cuando ascendió a la profesional apenas me entregó 20 minutos en un juego con la selección Colombia de mayores en la Copa 450 años de Bogotá. Fue mi debut en las filas rentadas...

Luego me enviaron a Panamá, al equipo de la Previsora, y llegamos a las semifinal en la Copa de la Concacaf. Por esa época, Alonso Rodríguez quedaba encargado de la primera escuadra de Santa Fe. Quiso traerme, pero no fue posible...

Ahora, Héctor Javier Céspedes, quien también me dirigió en la segunda, me convocó a la primera línea, pero cuando sentía que llegaba mi oportunidad, me lesioné de un codo. Yo sigo ahí, trabajando, sin pestañear, porque escogí al fútbol como profesión y tengo fe para salir adelante .

Un permanente coqueteo con la fama, pero sin el empujoncito final para acariciarla. Por eso, participó en su quinto campeonato nacional sub-23. Empezó como el niño del grupo y ahora se convirtió en un veterano de la selección que no vaciló un momento en apabullar ante el más mínimo error de los rivales.

Nació el 7 de abril de 1969 en Bogotá. Es decir, todavía podría aspirar a intervenir en el sexto torneo de la categoría. Lo importante para él, es que no ha renegado de su condición de goleador para elevarse a la condición de figura del certamen que acaba de terminar en la capital del país.

Qué me puede faltar para ese saltico? No sé. Parece un misterio. Nadie me lo ha dicho. Mi fútbol es simple: me gusta encarar, procuro no devolverme. Trato de hacer las cosas bien, llego al fondo y el centro o voy en diagonal para buscar ángulo de tiro. Eso es lo que me ha representado goles en todos los equipos...

No soy indisciplinado. Al contrario, muy juicioso. Además, cumplo con las indicaciones de los técnicos. No le tengo miedo a nada. Sacrificio me sobra. Las permanentes concentraciones son el mejor ejemplo. Es una lucha interna con la soledad que solamente los protagonistas entendemos. Ver televisión, escuchar música, de pronto leer o dar vueltas y revueltas para no dejarse agobiar por el tedio.

Mire, uno sale acá a la puerta del hotel del Club de Empleados Oficiales y encuentra el mismo panorama. Muy pocas cosas cambian la rutina. Y todo por qué? Porque queremos triunfar, porque se quiere llegar lejos en el fútbol. Y eso lleva a la plena convicción de que al momento de la primera oportunidad, hay que aprovecharla al máximo .

Es hijo de Francisco Wittinghan, un descendiente de alemanes, y Ana Celia López. Tiene dos hermanos. El menor es Rosman, dueño de unas excepcionales condiciones, pero capaz de tirar los guayos al primer grito de los técnicos.

Los balones siempre fueron sus primeros juguetes. Y los convirtió en compañeros inseparables, pese a una tenue oposición del padre. Porque lo regañaba por esa pasión, pero algunas veces le prestaba para la compra de un par de guayos.

Creo que 1991 será definitivamente mi año. El arrancón definitivo y empiezo bien con el título de goleador. Ya es hora, es más, de pronto un poco tarde porque hace mucho tiempo que debía de estar en la línea profesional.

Tengo que sacarme el gordo de la lotería... Sí. Porque es un poco de suerte también. He estado con Franco, Nilton, Pocillo, Cheo, León, Valencia, Ramírez, Mosquera... Vea el caso de Freddy: el año pasado en la selección tenía por encima a Quiñones, Correa y yo. No pude porque recién venía de Panamá, a Correa no le llegó el permiso a tiempo y Quiñones se lesionó en el primer partido. Freddy fue una de las figuras, fue ascendido a la primera de Millonarios, hizo nueve goles y ahora se va para el América con la gran vitrina de Copa Libertadores. Todo en un solo año. Yo hace tiempo me la jugué a un número y algún día tiene que caer... .

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