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LUIS DE TAVIRA

LUIS DE TAVIRA

El traje le comenzó a quedar estrecho. Las ideas crecieron con rapidez y se resolvió a buscar nuevos espacios, mientras que en los que él vivía se iban reduciendo. Había que tomar una decisión: dejar el hábito era lo más conveniente. Cuando pequeño, en México donde nació hace 43 años, los padres jesuítas, además de ser sus maestros se convirtieron en sus ídolos. Quería ser como ellos. La vocación no demoró en surgir y siguió el camino de los discípulos de San Ignacio de Loyola.

Estaba dichoso, las reformas y amplitud del Concilio Vaticano II alcanzaron su vida personal. Salir del claustro e insertarse con la realidad social del mundo implicó que fuera a la universidad. Paralelo a sus estudios de filosofía y teología comenzó a estudiar teatro en la Universidad Autónoma de México. La apertura era total.

En las tablas encontró otra forma de expresar su vocación sacerdotal y de cumplir su compromiso con el otro, el más débil y humilde. Pero la dicha no duró tanto, los aires de apertura comenzaron a cambiar de camino y los que llegaron con Juan Pablo II lograron sofocarlo. Volver atrás no le pareció buena idea. Había que seguir adelante, pero por otra ruta. Solo había que cambiar de tácticas y estrategias, para evitar que lo siguieran tachando de revoltoso y comunista. Eso implicó una gran ruptura: se considera cristiano pero no quiere saber nada del engranaje católico.

El teatro resultó una buena opción y a él se dedicó con fuerza desde finales de los 60 cuando descubrió su otra vocación: la de director y dramaturgo. Sus sermones no se escuchan en las iglesias sino en los escenarios. Allí es donde pone de manifiesto sus inquietudes humanas, religiosas, políticas, sociales, culturales y hasta teatrales: la imagen, la estructura, la integración de artes que es como concibe la puesta en escena.

Ahora anda encarretado con dos propuestas, una temática (se metió con el cuento del alma) y otra estructural (producir teatro de lo invisible).

Pero mientras tanto, sus manos de largos dedos siguen dirigiendo al grupo de actores de la Casa del Teatro que vino desde México a presentar La noche de Hernán Cortés en el Teatro Colón.

De vuelta a casa dedicará a sus tres hijos, el tiempo que le invirtió al Festival.

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