TRONCO DE AMOR

Da tres pasos hasta la puerta. Saluda con un leve ademán de la mano derecha y un hola!, a secas. Luego el silencio invade la estancia. Mira detenidamente cada una de sus obras y su paneo visual se detiene en una extraña escultura con forma de elefante. Mi mundo siempre ha girado en torno al amor por la madera , dice.

21 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Cuando uno se le acerca lo ve aún más pequeño, aproximadamente 1,60 metros de estatura. Para esta ocasión viste un jean, una franela azul y una gorra blanca que refleja el desgaste de muchas jornadas. Es un hombre humilde. Uno de esos genios que se han hecho a pulso y que gracias a ese tesón se puede dar el lujo de vivir del arte.

Desde que tuvo uso de razón supo que iba a ser artista. Recuerda que a los cuatro años ya se interesaba por los trabajos manuales y el dibujo, pero su vocación por la escultura tallada en madera la confirmó a los 14 años, cuando por influencia de un tío materno se dejó embrujar por la magia que produce el tener un trozo de madera en bruto para lentamente y con paciencia convertirlo en arte.

Para esa época vivía en Bogotá en el barrio San Fernando. Hoy, 27 años después, alejado del bullicio, vive en un rincón de Zipaquirá.

Eider Guavita es un artista de los que nacen y se hacen. Es algo así como si desde antes de llegar al mundo ya su destino estuviera marcado. Primero se propuso terminar el bachillerato toda una odisea, pues en varias ocasiones tuvo que suspender los estudios por falta de dinero.

Pero fue mayor la constancia y el deseo de aprender. Al fin, cuando se graduó de secundaria consiguió trabajo como tallador en una carpintería de su tío, --actividad que definió su técnica-- y a los 26 años pudo ingresar a la facultad de Bellas Artes a estudiar artes plásticas.

Cuando mi tío me invitó a trabajar en su taller, le dije: listo!, pero yo quiero ser tallador. Esa fue una decisión que tomé a ojos cerrados, creía firmemente en eso. Estaba seguro de que yo quería ser tallador. Y desde ese momento se definió mi carrera como artista , explica.

Trabajos por encargo Guavita divide su trabajo en dos áreas: la parte comercial que son esos trabajos que realiza por encargo y gracias a los cuales puede comer como él mismo afirma y la línea artística, espacio en el que puede dejar volar su creatividad y navegar por el mundo subjetivo de su talento.

Aunque su trabajo no ha tenido aún el reconocimiento colectivo, ya ha podido mostrarlo a través del apoyo de empresas como la Reforestadora de la Costa, con quienes viene trabajando en una propuesta ecológica; y con la Fundación Mario Santodomingo, en donde dicta talleres experimentales de escultura tallada en madera.

Su talento se ha regado como el bostezo, de boca en boca. Una de las obras más grandes que recuerda haber hecho es el Cristo de la Catedral de Cúcuta, una pieza de dos metros y medio de cuerpo y cinco metros de cruz. Este trabajo fue realizado por encargo del sacerdote Eloy Mora, en el año 94.

Su capacidad artística también la dio a conocer cuando fue contratado para restaurar las esculturas de la entrada de la Gobernación de Cundinamarca, trabajo hecho en compañía del artista mexicano Rodolfo Vallín. Otro tanto se pudo apreciar al restaurar cinco retablos de la iglesia San José de Popayán.

Y aunque la concepción que este maestro del tallado tiene de Dios no es la que más se acerca a los postulados teológicos del clero, paradójicamente su trabajo siempre ha estado relacionado con el arte religioso. Creo más en Jesucristo como ser humano que como Dios , afirma sin rodeos.

Todo lo que uno lleva adentro lo va descargando en su obra. Esa producción lleva implícita parte de la vida interior. Así, gracias a esa sensibilidad, a la receptividad, yo como artista puedo reflejar en mi quehacer artístico la forma como estoy viviendo y concibiendo el mundo , sostiene Guavita.

En toda su labor artística hay una propuesta ecológica. Guavita solo trabaja con maderas reforestadas y defiende firmemente a las especies nativas. Teca, melina, roble y pino son algunas de las variedades que utiliza para tallar sus esculturas, en las que priman figuras como caballos, toros, caracoles, elefantes y desnudos.

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