QUITO, EN GUARDIA POR EL PICHINCHA

QUITO, EN GUARDIA POR EL PICHINCHA

Los casi dos millones de quiteños también están en alerta por culpa de las fuerzas de la naturaleza. Pero en su caso el miedo no proviene de un rumor de terremoto fenómenos impredecibles sino por la actividad del volcán que se alza imponente sobre el valle en el cual se anida la ciudad: El Pichincha. (VER INFOGRAFIA: LOS PELIGROS DEL GUAGUA PICHINCHA)

03 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

La capital ecuatoriana se encuentra bajo alerta naranja, y aunque está descartado que la lava pueda llegar hasta ella, sí existe la posibilidad de que algunas rocas puedan alcanzarla en caso de que ocurra una gran explosión del Guagua Pichincha , el cráter más nuevo de este volcán.

Un sobrevuelo realizado en la mañana de ayer permitió comprobar que el magma ha comenzado a ser expulsado lentamente, lo que ha alentado las esperanzas de que no ocurra una explosión de gran magnitud.

Sin embargo, Hugo Yépez, director del Instituto Geofísico, aseguró que la erupción, propiamente dicha, será cuando el magma más profundo ascienda .

El científico informó también que en el domo, el tapón de la montaña, se ha constatado la presencia de rocas calientes, incandescentes, producto de la presión que ejerce el magma hacia la superficie. Ese fenómeno fue avistado la noche del miércoles por un avión de American Airlines que reportó una gran mancha roja en el cráter de la montaña, que alcanza los 4.794 metros de altura sobre el nivel del mar.

Según los expertos, lo más probable es que Quito sólo sufra las consecuencias de una intensa y molesta lluvia de cenizas que oscurecería a la ciudad por dos o tres días. Así ocurrió en 1660, fecha de la última gran erupción del Pichincha. En aquella ocasión, cuentan los cronistas, la explosión fue tan grande que la ceniza llegó hasta Popayán y la entonces Real Audiencia de Quito sufrió una severa crisis agrícola porque los pastos se cubrieron de ceniza y el ganado, incapaz de alimentarse, murió en proporciones catastróficas.

Sin embargo, a lo que más le temen hoy las autoridades de la ciudad es al pánico que podría generarse en caso de que la alerta roja tenga que ser decretada, ya que la desesperación de la gente por llegar a sus casas o por salir de la ciudad podría causar graves accidentes. Especialistas del Municipio han dicho que en caso de erupción podría haber más muertos y lesionados por el pánico que por el fenómeno natural como tal.

En todo caso, la población se ha organizado en forma notable. Los barrios hacen reuniones para establecer estrategias de auxilio, en los condominios se han preparado equipos de socorro y en todas las oficinas se han establecido planes de evacuación.

Las embajadas también han tomado sus precauciones. Por ejemplo, la embajada de Francia mantiene un sistema de comunicación con todos los residentes franceses en caso de que se declare la alerta. Además, tiene hechas reservaciones en hosterías ubicadas en zonas seguras para cuando se informe sobre la alerta roja.

Pero mientras llegan las señales definitivas de una erupción que los científicos consideran altamente probable, la gente sufre un clima de tensión en el que el desgaste sicológico es cada vez más evidente y gracias al cual las miradas hacia el volcán, tratando de hallar alguna respuesta, se han vuelto una práctica cotidiana.

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