QUO VADIS BOGOTÁ

Los fines de año, con mayor razón los fines de siglo y más aún y en grado superlativo los fines de milenio, han servido para hacer un recuento de lo que hemos hecho y para preparar el consabido listado de buenos propósitos y tomar decisiones para ponerlo en práctica.

03 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

La ciudad no escapa a la íntima necesidad finisecular de darse una mirada crítica a sí misma, apoyada además por el mandato legal de preparar su plan de ordenamiento territorial, como marco del desarrollo futuro.

Estamos pues en un momento crucial ante una oportunidad única y feliz , para reflexionar sobre lo que es hoy Bogotá y para preguntarnos sobre cómo queremos que sea.

Siguiendo esta idea, se pueden formular algunas preguntas. En primer lugar está la del millón, que es la de si estamos satisfechos con la ciudad que tenemos y con las tendencias que apoyan esta clase de ciudad, que nos llevan a algo semejante a la descomunal y contaminada Ciudad de Méjico o hacía parecernos a otras megalópolis tercermundistas caracterizadas por el gigantismo y la baja calidad de vida. Sin duda, la respuesta es no. No queremos más de lo mismo.

Debemos entender la ciudad no como un sitio donde tratan de sobrevivir malamente cerca de siete millones de individuos que tienen que defenderse los unos de los otros en medio de un ambiente de indiferencia y de agresividad, sino como un centro de servicios y de oportunidades, en el cual exista el sentido de lo colectivo y el respecto por lo público y claro esta, por lo privado. Desde sus orígenes, la ciudad se entendió como un espacio de interacción y como una construcción colectiva.

Capital social El énfasis de los planes que ha tenido la ciudad para construir su desarrollo ha sido el de la planificación física, el de la construcción de obras, lo cual es indispensable en una ciudad que debe construir cada año el equivalente a una Pereira en casas, calles, escuelas, hospitales, parques y todo tipo de servicios. Pero, con la excepción de la Alcaldía de Mockus, es muy poco lo que se ha hecho en materia de construcción de Capital Social, que aporte reglas para la convivencia, respeto a los demás y armonía. El asunto radica en que, sobre la infraestructura física, deben relacionarse cotidianamente tanto las personas entre sí y las instituciones en su actuar y que esta relación, si no se construye de manera que sea inteligente y cordial, puede invalidar cualquier esfuerzo que se haga en materia de lo simplemente físico como la construcción de obras. Para que sirve, por ejemplo, un excelente metro o un estupendo parque si la gente no lo sabe usar? Si no entiende el sentido de lo público y no lo cuida y lo defiende como propio? El tema de las relaciones no es sólo dentro de la ciudad Cómo se relacionará Bogotá con su entorno físico natural que es el que le permite vivir? Con los cerros que le dan el agua que viene de Chingaza y los materiales con que se construye? Con la sabana que le sirve de asiento, permite su expansión y le presta muchos servicios como la recreación y la producción de alimentos? Con el río Bogotá, que también le da de beber en Tibitó y produce la energía eléctrica y que ha sido desde siempre maltratado, ignorado y contaminado por la ciudad, la cual arroja en él todas sus aguas negras y otros deshechos de su actividad, convirtiéndolo en la mayor alcantarilla del mundo? Bogotá y los bogotanos hemos vivido ignorantes de nuestro entorno y de sus capacidades y limitaciones y hemos construido una ciudad que no es sostenible a mediano plazo si se mantienen las tendencias actuales. De dónde provendrá el agua para la ciudad del futuro y a que costo se podrá disponer de ella? Cómo dispondremos los residuos sólidos de la ciudad y dónde los ubicaremos? Seguiremos movilizándolos en vehículos altamente contaminantes envenenando el aire? Seguiremos destruyendo con la expansión urbana incontrolada la Sabana y su riqueza natural, agrícola y paisajística? No valdrá la pena reciclar el espacio ya urbanizado densificando la ciudad? Seguiremos contaminando el río Bogotá y los municipios de su cuenca y afectando el río Magdalena y la Costa Atlántica? En los últimos tiempos, algunos de estos temas han sido discutidos por parte de las autoridades, el gobernador de Cundinamarca, el director de la CAR y el Alcalde Mayor, pero esto se ha hecho en un ambiente de enfrentamientos personales y con el ánimo de imponer posiciones y puntos de vista antes que de concertar y de llegar a acuerdos sobre estos asuntos que tienen que ver con el futuro de la ciudad, la región y todos nosotros.

No será que los citados funcionarios pueden dar ejemplo de tolerancia y de diálogo al país y a la comunidad, analizando los problemas y las soluciones planteadas para llegar a acuerdos en un ambiente democrático y participativo, que nos permita iniciar el camino hacia la ciudad que queremos para el siglo XXI? * Ex viceministro del Medio Ambiente

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