CON FÁBRICA DE VELAS ENCIENDE EL ÁNIMO

CON FÁBRICA DE VELAS ENCIENDE EL ÁNIMO

Cuando Carlos Suárez techó medio patio de su casa para empezar la fabricación de sus veladoras, su esposa no fue muy partidaria del hecho. Diez años después, este antioqueño cuenta que esta empresa nació porque quería buscar independencia económica.

03 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Trabajó en diferentes empresas como gerente de ventas, pero siempre tenía el gusanilloi de crear su medio de defensa. Su padre tuvo fábrica de velas en Medellín, y a él después de 25 años le dio por seguir sus pasos.

Los comienzos para él y su familia fueron difíciles porque, aparte de ganas, no tenían nada más para aportar. Y debía cumplir con sus obligaciones en la empresa donde laboraba.

Cuando sacamos las primeras velas y las presenté a un supermercado les parecieron buenas. y nos hicieron un pedido grande. No teníamos ni estufas ni equipo. Y cuando se codificaron las veladoras, en casa todos empezaron a colaborar, y se volvió una empresa de familia , agrega.

Poco a poco empezaron a abrir nuevos mercados y a diversificar su producción, pero les tocó sacar la fábrica del patio porque la casa se estaba volviendo parafina por todos lados , asegura su esposa.

Con el paso del tiempo se incrementaron los pedidos y la empleada del servicio pasó a ser operaria de la fábrica, seguida por el esposo y, a medida que necesitaron personal, fueron abriendo las puertas para otros empleados.

En 1995, cinco años después, Carlos Suárez dejó el trabajo que tenía y por consejo de su señora decidió trabajar de tiempo completo en la fábrica, y luego sus hijos siguieron el camino trazado.

Hoy, esta empresa en la que trabajan 40 personas número que aumenta en temporadas de fin de año tiene presencia comercial en Barranquilla, Medellín, Cartagena y Cali.

No desmayar! Carlos Suárez se considera optimista porque cree que Colombia tiene mucho para dar. Dice que no hay que desmayar, que la mala situación por la que atraviesa el país no puede ser eterna.

El día que perdamos el optimismo nos entregaremos. Hay que buscar que todos tiremos para el mismo lado, no sentarnos a esperar a que otros nos resuelvan la situación ni dejar de ser críticos frente a la vida , dice.

En Colombia, agrega, hace falta unir las fuerzas y cuando lo hagamos, dejaremos de ser vistos en la forma como nos ven en el exterior.

Está convencido de que el año 2000 será el de las exportaciones de las empresas nacionales y esto le va a dar un nuevo impulso a la economía.

Y aunque tiene ofertas para irse del país, analiza la idea de abrir sucursales de su fábrica en otros países. No quiero abandonar a Colombia , concluye

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