Secciones
Síguenos en:
CUANDO LOS ESTADISTAS ERAN HUMANISTAS

CUANDO LOS ESTADISTAS ERAN HUMANISTAS

Iniciado en humanidades en su tránsito por el Seminario de Medellín, toda su vida estuvo consagrado a la lectura de los clásicos castellanos, sobre todo a los filósofos, lingistas y gramáticos. De ahí las cualidades de su estilo que no son sino el resultado fecundo de sus lecturas envidiablemente aprovechadas. No de otro modo podrían explicarse su atildado casticismo, su severa compostura y galana construcción, su riqueza de léxico y de giros, todo explicado con inefable sencillez.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Su afición al estudio y su deseo de saber lo condujeron en 1879, a los veinticuatro años, a Santa Fe de Bogotá. Estudiante y catedrático en el Colegio Espíritu Santo, donde lo acogió con benevolencia su rector don Carlos Martínez Silva. Ello le dio ocasión de dedicarse a la lectura de aquellas obras de difícil adquisición en la capital de Antioquia.

En sus primerías, la pobreza que ataja proyectos pero aguza ingenios lo cortejó celosamente, tanto que se vio obligado a ser escribiente de oficina. Como tal, ayudó a don Rufino José Cuervo a copiar papeletas para su monumental Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana que tanta fama habría de dar a su autor y al Instituto Caro y Cuervo.

Empezó a brillar la estrella de su celebridad en noviembre de 1884, cuando el centenario del nacimiento de Don Andrés Bello. Uno de los números del programa consistía en premiar con la admisión a la Academia de la Lengua a quien presentase el mejor trabajo sobre el filólogo caraqueño. Numerosos fueron los concursantes al certamen. Sorpresa causó cuando se adjudicaron los laureles del triunfo a un joven de 25 años enteramente desconocido cuyo nombre sonaba por vez primera en el Salón de Grados: Marco Fidel Suárez. Este 29 de noviembre fue el preludio de la gloria de quien habría de brillar con luz propia como uno de los grandes de nuestra literatura, al lado de Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo. El trabajo premiado se intitulaba Ensayo sobre la gramática castellana de Don Andrés Bello, que más tarde, en 1885, fue incluido en la Colección de escritores castellanos editada en Madrid en la Imprenta de A. Pérez Dubrull con el título de Estudios gramaticales, introducción a las obras filológicas de Don Andrés Bello, con una advertencia y noticia bibliográfica por don Miguel Antonio Caro. Esta obra que puede catalogarse, sin duda, como la mejor exposición sobre las principales doctrinas gramaticales de Bello, que en estilo terso y con claridad didáctica inigualable, indica sus orígenes y fundamentos, cotejándolos por los principios sentados por otros gramáticos antiguos y modernos y confrontándolos con las prácticas de los buenos escritores de la lengua. Es de advertir que el tono de elogio, que domina en estas páginas, como nacido de admiración sincera y reflexiva, no impide que el filólogo colombiano desapruebe en algunos puntos, o rectifique oportunamente algunas de las doctrinas de Bello. Erudición profunda Como anota don Eduardo Guzmán Esponda, en los escritos de Suárez, especialmente en el Análisis gramatical de la novela Pax de Lorenzo Marroquín y José María Rivas Groot y en los Sueños de Luciano Pulgar, el hijo de Antioquia se ostenta como un virtuoso de la ironía, ironía mezclada de humanismo, frase intencionada y juegos de palabras; violencias que pierden su matiz juguetón, lo cual presupone una destreza prodigiosa; sarcasmo encubierto de una relación filológica o en una reminiscencia histórica .

El castellano en mi tierra es una recordación de su niñez y sus años mozos en el que, después de una erudita introducción histórica el desarrollo del español en la Península, se ocupa con cariño del habla antioqueña por su genio figurado, fecundo en exageraciones y símiles expresivos y graciosos, e indicio, al mismo tiempo, de los orígenes de la población .

En octubre de 1883, en el número II de El Repertorio Colombiano , publicó el señor Suárez un estudio sobre El pronombre cuyo que por su profunda erudición nos lleva a pensar a dónde habría llegado su autor en gramática histórica del español si los quehaceres políticos no le hubieran embargado gran parte de su existencia.

En el año antes citado tuvo don Marco la fortuna de acompañar a don Miguel Antonio Caro en la dirección de la Biblioteca Nacional.

Allí pudo solazarse en medio del tesoro de los fondos que habrían de enriquecerse más tarde con las bibliotecas de don Miguel Antonio, de don Rufino José y del propio señor Suárez. Además, no fue poco el privilegio para el joven de la montaña el toparse con la sabiduría del sabio director y disfrutar de su consejo.

De Suárez como escritor, siempre se ha ponderado el lenguaje, la prosa y el estilo. El lenguaje procede de las mejores cepas castellanas y de los cronistas de Indias. Su prosa tiene ritmo inconfundible y se halla saturada de elegante sencillez. Rehuye, al mismo tiempo, el periodo ampuloso como el frasear azorinesco. Le fascinan Cervantes y el padre Luis de Granada; después el padre Isla, Mateo Alemán y Fray Alfonso de Cabrera. Entre los modernos, Juan de Varela se lleva la gala y la palma. Algunos críticos le han encontrado singular parecido con Don Gaspar de Jovellanos, a quien frecuentemente alude en los Sueños.

Su estilo es el trasunto y la emanación de su personalidad. Impregnado de vivencias personales y de pasión interior, sus cláusulas corren como el arroyo claro y en ellas el corazón rivaliza con la cabeza y su sensibilidad. De ahí sus vívidas descripciones, las añoranzas de los sitios que visitó y de personas que amó y que le amaron.

Entre sus escritos literarios e históricos se destacan: Horacio y sus poesías, El Quijote (discurso pronunciado en la Academia Colombiana para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Cervantes), Pensilvania, reminiscencias de un viaje a esa tierra de maravilla, que siempre me ha recordado el Viaje de Medellín a Bogotá de don Manuel Pombo.

Entre sus semblanzas y necrologías merecen recordarse las de don Juan del Corral y Francisco Antonio Zea, el discurso en los funerales de don Miguel Antonio Caro; el elogio del humanista bogotano, leído en la Academia de Historia el 12 de octubre de 1909, los ensayos sobre don Carlos Holguín, don Juan Pablo Restrepo, don José Joaquín Ortiz y don Gabriel Uribe Uribe.

Entre sus discursos, son los mejores: la magna Oración a Jesucristo digna por su estilo y su alto contenido teológico de la pluma de Fray Luis de León. De dicho discurso pronunciado en la segunda sesión del Congreso Eucarístico de 1913, escribió don Antonio Gómez Restrepo: El discurso del señor Suárez presenta con tanta novedad y con tanta profundidad la persona y la obra del divino Jesús que no hemos podido menos, leyéndolo, que llenarnos de admiración por el orador y la ocasión solemne que le sirvió de escenario . Cuando el centenario de San Francisco de Asís, el 9 de octubre de 1926, el señor Suárez, fervoroso terciario franciscano, hizo leer en la iglesia del Patriarca en Bogotá, una de las páginas más bellas que sobre Poverello de Umbría se han escrito en la lengua de Cervantes. Notable también es la oración panegírica a Don Manuel Murillo Toro, pronunciada en Bogotá en el estreno de su estatua el primero de enero de 1920; igualmente debemos mencionar el ensayo biográfico y apologético del patricio conservador don Sergio Arboleda.

Luciano Pulgar Entre sus escritos filosóficos es preciso no omitir Los maestros de Maquiavelo y entre los pedagógicos descuella El carácter, discurso pronunciado el 15 de noviembre de 1882 en la premiación de los alumnos del Colegio Espíritu Santo que le había abierto sus aulas, cuando pobre y desconocido llegó de Medellín a la capital de la República.

Después de la mañana del 17 de noviembre de 1928, cuando con algunos pocos amigos abandona el Palacio de la Carrera para regresar a su casa de la Calle de los Carneros, amargado por la persecución de sus enemigos con nostalgia simultáneamente que con desdén por sus triunfos y las amarguras de su dolorosa existencia. Aconsejado por José Camacho Carreño, el anciano receloso e indeciso emprende la escritura de los Sueños, inspirada en los Diálogos de Luciano de Samosata, el Sueño de Escipión de Marco Tulio Cicerón, el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés y el Coloquio de los perros Cipión y Berganza de Cervantes. Fernando Antonio Martínez llamó a los Sueños de Luciano Pulgar plenitud de vivencias , y en realidad ninguna forma literaria más adecuada que el diálogo para lo que Suárez se propuso con los suyos: defenderse, atacar, evocar el pasado, recordar sus lecturas y adoctrinar a sus lectores en los temas de su predilección.

Ciento setenta y tres sueños aparecieron en El Nuevo Tiempo, El Excelsior de Bogotá y La Defensa de Medellín del 11 de marzo de 1923 al 9 de marzo de 1927, con el seudónimo de Luciano Pulgar , tomado el primer nombre del autor de los Diálogos y el segundo de uno de los cuentos más populares de Carlos Perrault.

Uno de los recuerdos más gratos de mi vida de investigador en el Instituto Caro y Cuervo fue el encargo que me confió el director don José Manuel Rivas Sacconi de allegar los datos para las notas que el Padre José J. Ortega Torres redactaba en Cartagena. Ello me dio ocasión de conocer y leer en parte todo lo que sirvió al señor Suárez para la elaboración de los Sueños.

Gobernante asediado.

por Teresa Morales de Gómez Don Marco Fidel Suárez tiene una importante participación política desde 1891 cuando es canciller de don Carlos Holguín, iniciando así su brillante carrera como internacionalista. Al fraccionarse el conservatismo en nacionalistas e históricos, forma parte del grupo seguidor de las doctrinas de Núñez, al lado de Jorge Holguín y Miguel Antonio Caro.

Retirado de la política durante muchos años, en 1912 decide asociar sus fuerzas a las de José Vicente Concha, en una labor conjunta para unir al partido conservador y acceder al poder después de los años del republicanismo. Logrado ese intento, se postula al doctor Concha como presidente, quien lo nombra como su canciller. Ejerce ese cargo durante los años de la primera guerra mundial, logrando mantener la neutralidad de Colombia a pesar de las presiones de los combatientes. Su candidatura a la presidencia surge naturalmente, apoyada por la Iglesia, que ve en él a un adalid, y por una parte del partido conservador que admira su talante conciliador y sus dotes de humanista. Ya desde 1919, al año de posesionarse, su gobierno empieza a tener problemas. En una manifestación que protesta por la importación de uniformes para el ejército, y que degenera en violento tumulto, mueren 16 artesanos.

El tema candente en esa época es la aprobación del Tratado Urrutia -Thompson con Estados Unidos, por medio del cual se pactaba la indemnización por la pérdida de Panamá. A su discusión se agrega el forcejeo por las candidaturas presidenciales para el período 1922-1926 y la zozobra por la aguda crisis económica.

Se sabe que la llegada al país de los veinticinco millones de dólares significarían la solución de los agudos problemas económicos que sufría el país, pero al mismo tiempo parecía indigno recibir dinero como satisfacción por el despojo de Panamá. La pugna por el poder está teñida por la aspiración, muy legítima, de lograr una real modernización del Estado y es evidente que para lograrlo hace falta el dinero estadounidense.

Cuando el representante Laureano Gómez acusa a Suárez de haber vendido sus sueldos, el escándalo es monumental. El presidente decide contestar personalmente los cargos y explicar su conducta, pero no está todavía decidido a renunciar.

Suárez había sido redactor del Tratado de 1914 y estaba convencido de su bondad. De una manera muy lúcida había expuesto su doctrina del Respice Polum, queriendo decir que Colombia estaba en la órbita de influencia de Estados Unidos y que era preciso restablecer con ese país los antiguos vínculos de amistad y comercio.

Convencido de que su presencia en el poder perturba las discusiones en el Senado referentes al Tratado, acepta retirarse de la presidencia cuando así se lo proponen algunos parlamentarios. Exige, sin embargo, ciertas condiciones: que continúe la investigación sobre las acusaciones de que ha sido objeto, que lo suceda el general Jorge Holguín, primer designado, y que los senadores discutan el Tratado que es finalmente aprobado en diciembre de 1921. De esa manera se cumple uno de los sueños de Marco Fidel Suárez.

Superación.

MARCO FIDEL SUAREZ BARRIENTOS. Nació en Bello (Antioquia), el 23 de abril de 1855, murió en Bogotá el 3 de abril de 1927. Hijo natural, cuando serlo era tenido como deshonra, y de origen muy humilde ya que su madre era una lavandera, logró a base de estudio vencer las estructuras de la sociedad colombiana del último cuarto del siglo XIX y alcanzar la primera magistratura entre 1918 y 1922, período que no pudo terminar debido a la crisis económica de 1920, a un debate sobre el tratado con Estados Unidos y a una investigación por pignorar sus sueldos como Presidente; renunció el 11 de noviembre de 1921.

Inició su vida literaria en 1873 cuando pronunció su primer discurso en la Academia Literaria de Medellín; en 1876 terminó sus estudios en el Seminario y no pudo continuar la carrera de sacerdote debido a su origen irregular. Luego de participar en el alzamiento de 1879 contra el gobierno liberal de Antioquia se radicó en Bogotá, en 1880, y fue allí donde se convirtió en gramático, escritor y literato. Sus obras más conocidas son Los sueños de Luciano Pulgar (1923-1927) y Ensayo sobre la gramática castellana de Bello (1881). Ministro de Relaciones Exteriores en las administraciones de Carlos Holguín y Miguel Antonio Caro. En 1896 se vinculó a la política y, además de participar activamente en el partido conservador, fue Ministro de Instrucción Pública, encargado del de Hacienda y senador.

Horacio Bejarano es secretario ejecutivo de la Academia de la Lengua, miembro correspondiente de la de Historia y correspondiente de la Academia Española.

Teresa Moreles es directora del Museo de Arte Colonial.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.