FARAÓNICO FESTEJO COMUNISTA EN BEIJING

FARAÓNICO FESTEJO COMUNISTA EN BEIJING

Con pompa digna de los emperadores y al más puro estilo comunista, la jefatura china festejó ayer medio siglo de existencia de la República Popular, confirmando que si bien el país ha cambiado, su régimen poco lo ha hecho.

02 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

China comunista nunca había asistido a un desfile militar de la magnitud del que tuvo lugar esta mañana, ante la célebre Plaza Tiananmen, la misma donde en 1989 fueron masacrados cientos, sino miles, de estudiantes que protestaban en demanda de democracia.

A las diez de la mañana, cuando la plana mayor del Partido Comunista y el gobierno chinos se asomó sobre la Puerta de la Tranquilidad Celestial encabezada por el jefe supremo de la nación, el partido y el ejército, Jiang Zemin, a sus pies se ponía en marcha un dispositivo colosal que costó 36 millones de dólares y meses de preparación.

Cincuenta cañonazos tronaron rítmicamente sobre la vasta plaza. El público, escogido a dedo por los organizadores, ocupaba las tribunas a ambos lados de la entrada a la Ciudad Prohibida. Cien mil escolares, que habían hecho agotadoras jornadas de entrenamiento, cubrían con dibujos de colores la mitad de la plaza más grande del mundo. Cien mil soldados estaban dispuestos sobre la avenida Chang an. Listos a seguirlos en un desfile de carrozas y colores, cerca de 140 mil ciudadanos, tan selectos como el público, se alargaban por cuadras de distancia.

En total, medio millón de personas, sin contar los cien mil de la noche de danzas, música y fuegos artificiales que se desarrollaba al cierre de esta nota en la plaza, también cerrada al público, ratificó la grandeza china.

Un ritual bien estudiado Hubo notas elocuentes. Como Deng Xiaoping durante el último desfile militar que hubo en China, en 1984, Jiang, portando el sobrio traje gris al estilo Mao, pasó revista a las tropas desde un auto descubierto, en medio de gritos guturales que retumbaban por los altavoces. Enseguida, uno tras otro, desfilaron a paso de ganso, uniformes como máquinas, más de una docena de regimientos. Y, mientras lo hacían, Jiang habló brevemente. Como Mao Tse-Tung, al declarar establecida la República Popular China, el primero de octubre de 1949, desde las alturas de la Ciudad Prohibida.

Lo que dijo es quizá menos importante que esas similitudes notables: en China habrán cambiado muchas cosas, pero el régimen se mantiene igualito.

Por más de media hora pasó la tropa. Tanques T-85, lanzacohetes, blindados, carros antiaéreos llenaron el aire de humo. Volaban bajo aviones de combate, entre ellos el Leopardo, último modelo de caza chino que hizo hoy su debut público. Cerraban los misiles, comunes tierra-aire o de defensa naval, y, al final, el célebre Dongfeng, estrenado en agosto: un misil intercontinental que puede poner una cabeza nuclear en Los Angeles.

Y enseguida, por una hora seguida, precedidas por un desplegable del ancho de la avenida Chang an que rezaba 1949-1999 , desfilaron docenas de carrozas y tres gigantescos retratos de Mao, Deng y Jiang, los tres emperadores de la revolución , rodeados por decenas de miles de personas bailando o batiendo pañuelos de colores.

El público, que había aplaudido con languidez, se animaba a veces con algunas escenas, como la danza de dragones, o los miles de niños que, rodeando la colosal carroza final en la cual un misil atravesaba los tres nueves de 1999. Al final soltaron 50 mil palomas mensajeras y 25 mil globos inflables, antes de correr hacia los puentecitos de la entrada de la Ciudad Prohibida, para vitorear, en un acto de loa final, a los jefes parados allá arriba, próximos pero tan inaccesibles como los emperadores.

Impresionante seguridad Beijing no había visto un dispositivo de seguridad tan impresionante como el que se apoderó de buena parte de la ciudad desde la noche del jueves. Tiananmen fue vaciada de paseantes. Una zona mucho mayor que el centro quedó como bajo ley marcial, con edificios a lo largo de la avenida del desfile, sellados por la policía. La única parada autorizada por el gobierno fue la de Beijing. En Shanghai, en Guanzhou, hubo, como a la noche en la capital, fuegos artificiales y canciones y danzas.

Pero de esta celebración faraónica, que confirma la estética y la esencia comunistas del régimen chino, el pueblo se quedó al margen. Los chinos participaron en su aniversario por televisión.

CHINAS UNA LUCHA ardua y esfuerzos agotadores durante 50 años, particularmente desde la reforma y la apertura en los últimos 20 años, han traído cambios trascendentales a la otrora pobre y débil China , dijo en su discurso el número uno del país: Jiang Zemin.

VESTIDO con un traje gris al estilo maoísta, el presidente chino agradeció al pueblo su duro esfuerzo para la modernización de la patria; defendió el modelo socialista con características chinas como único posible para el completo desarrollo del país y prometió la reunificación de la patria, en clara alusión a Taiwan.

BORIS YELTSIN felicitó a China afirmando que el cincuentenario de la República Popular constituye uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX por la influencia que ha ejercido en la historia mundial . El mandatario ruso pidió el reforzamiento del eje Moscú-Beijing.

POCO RESPETUOSOS con el pensamiento marxista del fundador de la República Popular China, los habitantes de su villa natal de Mao Tse-Tung, Hunan (sur de China), aprovecharon la ocasión para vender toda clase es souvenirs a los turistas.

HUMAN RIGHTS WATCH pidió a China festejar sus 50 años de comunismo liberando a todos los presos políticos. Solo por el alzamiento estudiantil de Tiananmen, en 1989, hay 2.000 personas tras las rejas.

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