100 AÑOS DE HISTORIA. A LOMO DE MULA LLEGARON LAS MONJITAS

100 AÑOS DE HISTORIA. A LOMO DE MULA LLEGARON LAS MONJITAS

Procedentes de las lejanas tierras europeas llegaron a la Intendencia Nacional del Meta unas monjitas que hacen parte de la orden religiosa Hermanas de La Sabiduría.

30 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Luego de un largo viaje, que cumplieron a lomo de mula, pisaron tierras llaneras, el 22 de mayo de 1905, las hermanas Elizabeth, Francisca, Bernabé y Clementina, quienes llegaron a la región invitadas por monseñor Eugenio Morón para que les colaboren a los padres Montfortianos en la importante obra de educar a la población y ayudar a los enfermos.

Cuentan que las hermanitas llegaron al país, procedentes de Francia, donde su aporte fue invaluable durante la Revolución Francesa, en el cuidado de enfermos y heridos en combate. Sin embargo, en 1904 sufrieron de persecución religiosa y fueron expulsadas de su tierra natal.

A su llegada a la región, las primeras religiosas han tenido serias dificultades con el idioma español, toda vez que su lengua original es el francés.

Entre junio y octubre de 1905 han seguido llegando las misioneras. Durante estos viajes, tres de ellas Luciana, Plácida y Rosa de Lima rodaron cuando atravesaban el sector de Chirajara. La hermana Rosa de Lima pereció en accidente. Las otras dos, luego de una larga convalecencia continuaron sus labores misioneras.

El 1 de noviembre de 1906 llegaron las hermanas Verónica y Alberta, quienes arribaron acompañadas de varios padres Montforthianos.

La primera directora de la obra es la hermana Elizabeth de Sainteanne que estará en el cargo hasta 1912. Las monjitas son consultadas y respetadas por toda la sociedad.

Una de las monjitas más queridas es sor Clotilde de Jesús, quien como enfermera se dedica a visitar a los enfermos en sus casas y a darles los medicamentos que trajo de su patria.

A los que considera de alguna gravedad los lleva a una maloca construida en un terreno de don Baronio Arciniegas, los acomoda en chinchorros; mientras ella duerme en el zarzo de la misma maloca. Los recursos para su obra social los obtiene saliendo al pueblo con un canasto bajo el brazo y pidiendo limosna de casa en casa y de tienda en tienda.

La ropa sucia de sus pacientes, la reúne en una cesta y con ella al hombro atraviesa el pueblo para lavarla en el río Guatiquía.

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