SIMON EL SUBVERSIVO

SIMON EL SUBVERSIVO

No era un espía, pero el Servicio Secreto de la extinta República Democrática Alemana (su patria) lo consideraba peligroso. El director de cine Rainer Simon representaba una amenaza, tenía una ideología no-adecuada que alarmaba a los agentes del Estado.

02 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Ellos seguían con detenimiento cada paso que daba y, además, tomaban nota: El ciudadano Simon está rodando un extraño filme... el ciudadano Simon almuerza a las 12:30... . De hecho, elaboraron mil páginas con información confidencial sobre el realizador. Imagínese, 500 hojas dedicadas a mi película Jadup y Boel (1980) , dice el supuesto hombre peligroso .

Su filme, una crítica a la negligencia política y social de la época, causó escozor en la clase dirigente, por eso secuestraron su cinta, la retuvieron por nueve años y luego, sin mayores explicaciones (bueno, ya no había Muro de Berlín) la liberaron.

Pero no fue la primera vez que Rainer Simon, un cineasta nacido en Sajonia (1941), uno con cara de abuelo inofensivo, se metía en líos. Seis años antes, con Till Eulenspiegel (1974), provocó polémicas. Después de varios alborotos por su carácter social, su carrera tomó otros rumbos como en El dirigible (1982) experimentales y expedicionarios que lo trajeron a rodar a este continente.

Habla el sospechoso Ese es solo un episodio de la película que ha vivido este director (del que poco se conoce en estas tierras) que anda de tour por Latinoamérica mostrando una retrospectiva de su obra una iniciativa de los Institutos Goethe de cada país. El cineasta, le contó a EL TIEMPO, durante su paso por Colombia, otros capítulos de su vida.

Como llegó al cine? Empecé a escribir cuentos desde muy joven y así me fui acercando al mundo del celuloide. A los 16 años hacía guiones. Después estudié cine. Trabajé tres años como asistente de dirección y en 1968 rodé mi primera película: Cómo casarse con un rey.

Cómo empezó su contacto con este continente? Comenzó con mi filme La ascención al Chimborazo (1988), que cuenta la historia de Alexander von Humboldt y su lucha contra todo para cumplir los sueños de su vida. Rodamos en Ecuador donde tuve toda la colaboración de un grupo de indígenas que nos acompañó en la expedición hacia el Chimborazo.

Por qué no vemos sus filmes en nuestros países? Porque no hago el cine Coca Cola de Hollywood. Por lo general mis filmes no se muestran en grandes salas, porque además, tienen muchos años. Aunque una película como Till Eulenspiegel (1974) se ve muy actual.

Con esa película tuvo problemas con el Estado? Sí. Till Eulenspiegel, es una leyenda infantil conocida, pero ante todo es la historia de un anarquista y revolucionario que lucha contra la gente del poder, El público entendió que no solo era una película de la Edad Media si no una crítica. Eso lo entendieron los funcionarios del partido, no eran tan tontos, je, je y por eso no les gustó.

Herzog, Fassbinder, qué piensa de ellos? Los primeros filmes de Herzog me gustaron. Pero Fassbinder fue el más grande. Ha sido el único director en Alemania con la fuerza suficiente para presentar una obra sin traicionar lo que quería decir. Los orientales vemos las cintas de los realizadores del occidente de Alemania, pero a ellos no les interesa lo que hacemos. Por eso nuestra relación es tensa.

Lo jarta esa tensión?..

Después de la caída del muro me apuran los conflictos, los problemas de los alemanes. En nuestro país nos creemos el ombligo del mundo pero los problemas que hay afuera, en Suramérica, por ejemplo, son más fuertes. Aquí la gente vive con más corazón.

Se ve mucho cine gringo en Alemania? Hoy sí. Antes en Alemania Oriental solo llegaban las mejores películas estadounidenses, ahora se ve lo mismo que en todo el mundo porque es una industria muy poderosa. Ese es el problema actual, ya no tenemos censura política para los filmes, pero tenemos la censura del dinero. Algunas veces esa me parece más fuerte que la ideológica.

El cine de Rainer Simon, muy distante del que se hace en Hollywood, le provocó disgustos a los políticos de su país. Archivo/EL TIEMPO.

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