ENVEJECER ES UN ARTE

ENVEJECER ES UN ARTE

Coleccionar autos a escala es un pasatiempo divertido; armarlos, todavía lo es más; pero envejecerlos es algo que pocas veces se ve y requiere de ciertas cualidades que pocos seres humanos tienen.

02 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Paciencia y amor al arte es lo que define a Alvaro Pachón, un colombiano que la vida le dio una dura prueba hace años y que ante un cáncer, que puso en entredicho ver crecer a sus hijos, decidió dejar un legado único en su especie.

Tiempo antes de la mala noticia, Pachón, al ver que la armada de sus autos a escala no le quedaba como su perfeccionismo lo exigía, tuvo la idea de mejorarlos , como esos carros que se ven tirados en los parqueaderos y que el óxido ya los tiene sentenciados a la ruina.

Así, tomó un camión, y con efectos logrados con pincel, lo redefinió con detalles de la vida real.

Es decir, le pintó el paso de los años a la manera de, por ejemplo, el óxido en el radiador producto de múltiples recalentadas, las manchas de aceite por los retenedores y empaques del motor y la caja de velocidades, las fugas de líquido por las campanas de freno, la cojinería destruida por el paso del tiempo y un sinnúmero de etcéteras propios del uso y del abuso.

Este camión es de los mejor logrados, al punto de que sus amistades le han ofrecido comprarlo. Pero él se niega, es su otro hijo.

Otros modelos El sentimiento de apreciar estas obras de arte (porque son irrepetibles y únicas en su especie) es una mezcla entre aprecio por la habilidad y tristeza por el realismo con que logra el abandono.

Hace un tiempo envejeció un Chevrolet Bel Air año 57 que da lástima verlo, ahí tirado, en un tierrero. Mugre por todas partes, cojinería en pedazos, motor tirado en el compartimiento... El tipo de carro que si estuviera en mejores condiciones sería digno de restauración.

Así mismo, una Chevrolet pickup Apache a la que los quizás 17 dueños no le tuvieron consideración. Una farola no original, una puerta descuadrada, el chasís en la olla, el vano del motor corroído como si alguna vez se hubiera incendiado... Esta camioneta es de las que se ven a la salida de Corabastos y que se niegan a morir no obstante la mecánica de alicate de sus propietarios.

Hace poco logró un diorama, es decir, la puesta en escena y a escala de un cementerio de carros en donde el realismo de los detalles hace de esta maqueta toda una diversión.

Junto con los carros arruinados está la oficina del administrador con todo y almanaque de reina semidesnuda, perro cochino, mugre por donde se mire y regueros de grasa y aceite.

Control de calidad Hoy Pachón ya está recuperado de su enfermedad y con más ahínco les trabaja a sus carritos.

Dedica sus ratos libres a esta afición y son sus hijos y esposa quienes ejercen el control de calidad.

Una mirada de soslayo o una mueca de desaprobación son las señales de que le hace falta trabajo a la creación.

Quienes han conocido este arte han invitado a Pachón a que muestre sus obras en diversos eventos.

Uno de los más recordados fue en un centro comercial donde se organizó una exposición de modelos a escala. Allí se robó el espectáculo.

Pronto, espera reunir un número suficiente de modelos para realizar una exposición propia y poner a disfrutar de su arte a los niños de todas las edades.

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