FALTAN OMAIRAS

Volviendo al periodismo y vuelvo porque es parte clave del problema colombiano y, además, la parte que menos desconozcono solo hay que juzgarlo por lo que ha hecho mal, sino por lo que dejado de hacer bien.

25 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Lo que no ha hecho es ofrecer un testimonio social y humanamente relevante de la realidad. Los medios de comunicación cayeron en la trampa de los estadísticos de la violencia la violencia tiene estadistas y estadísticosy ofrecen pocos reportajes y muchos guarismos: desolados cementerios donde las matemáticas sustituyen a los rostros.

Esto es final de un proceso. El periodismo político anterior a los años 60 cedió el paso a una prensa más madura que quiso desligar las noticias de las opiniones editoriales. La crónica y el reportaje se marchitaron: solo había lugar para el cubrimiento de fuentes. En un ambiente en el que la sala de redacción se alejaba de la política se produjo el auge del periodismo investigativo independiente.

Por desgracia, este fue reemplazado luego por la pseudoinvestigación, directamente alimentada desde el poder. Los sumarios se volvieron poderoso instrumento de manipulación. Y, como detrás de todo había una intención política, descendimos a una nueva etapa de periodismo sectario, en la que los profesionales volvieron a levantar banderas y a vincularse sin recato a actividades políticas, como en tiempos de bárbaras naciones.

La otra alternativa que nació fue el periodismo farandulero y del jet set: el único que muestra rostros. Y cuerpos perfectos, y casas preciosas, y señoras elegantes, y señores que triunfan y asisten a cocteles donde abundan modelos y publicistas.

Resultado y causa, a la vez de la deshumanización de la violencia colombiana es la notable ausencia de ambientes e historias de carne y hueso: solo vemos osamentas. Mostrar el aspecto humano del país, con su violencia y con su resistencia a ella, con sus horrores y sus esfuerzos conmovedores y hasta divertidos de supervivencia, contribuiría a contrarrestar la trivialización aritmética de muertes y secuestros.

La prueba es que provocó más consternación la pérdida de un rostro conocido y querido como el de Jaime Garzón, que todos los partes de batallas.

De dónde son los cronistas? Así como, en biología, un cromosoma examinado a fondo revela más sobre el todo que la fotografía global del organismo, para entender cabalmente la magnitud de una tragedia es preciso a veces conocer sus repercusiones en un individuo. Merced a las crónicas de Germán Santamaría sobre Omaira, la niña de Armero, el drama del volcán del Ruiz no fue apenas un problema de cifras. Las cifras asombraron. Pero Omaira hizo llorar.

Para recuperar esta visión humana de las cosas, sin embargo, hacen falta cronistas. Echo de menos los ya clásicos reportajes de Germán Castro Caycedo. O notas como las que hacía en otro tiempo Germán Pinzón, que nos permitieron, por ejemplo, respirar el gangsterismo de baja estofa de los años 50 ( Los últimos 60 segundos de Víctor Hugo Barragán , 1957). O reportajes sobre colombianos afortunados y modestos, como el que hizo en 1996 Alberto Salcedo Ramos al primer inquilino de Ciudad Kennedy, que fue invitado por JFK a la Casa Blanca y descubrió con horror que en el baño del presidente de Estados Unidos no había papel higiénico. O el reportaje de Ernesto McCausland sobre La Junta, un pueblo guajiro acosado por el hambre y la guerrilla, donde un día llovieron plátanos. O los relatos fascinantes que han confiado los colonos de la selva y los desplazados de la violencia a Alfredo Molano.

La terrible paradoja es que en Colombia pasa de todo, pero la verdadera historia aún está por contar El eclipse latinoamericano En América Latina parecía que estaba amaneciendo. Pero no era más que un eclipse. Amenazan dificilísimos momentos. La Cumbre Iberoamericana de La Habana está en peligro de fracasar. Los vecinos de Colombia la miran con desconfianza. Los cubanos de Miami pretenden que el rey Juan Carlos I no visite los Estados Unidos debido a que empresas españolas tienen negocios en la isla. Alguien alimenta la zozobra por el retorno del canal a Panamá. Chile y Argentina, dos democracias rivales, se unen para defender a un criminal como Pinochet. En Paraguay flotan aires bananeros. Estados Unidos adquiere un papel cada vez más protagónico en la crisis.

Entre tanto, crecen los problemas económicos. En Bolivia se desmorona la pequeña clase media (lo demás ya estaba desmoronado). En Chile terminaron los milagros. Ecuador, en los rines. Argentina y Brasil pagan el precio social del reajuste económico. A Centroamérica la sacuden hasta los terremotos. Mercosur no funciona.

Y, como si algo faltara, aparece en Venezuela un coronel iluminado por la gracia de Dios, la espada de Bolívar y la ingenua esperanza de un pueblo frustrado.

(Entre paréntesis) (Sobre el peligro que encierra para Colombia y su situación de orden público interno el coronelísimo Chávez, el ex embajador Mario Suárez Melo ha escrito un excelente documento que me permito recomendar.) (A propósito: Hay embajador colombiano en Caracas? Quién es? Y qué hace?) cambalache

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.