CARTA ABIERTA A TIROFIJO

CARTA ABIERTA A TIROFIJO

Señor Tirofijo: Durante los últimos meses usted y su cúpula han tenido contacto directo con una heterogénea gama de colombianos que van desde las caravanas de lagartos intertropicales que el nuevo protocolo guerrillero acoge con fotográfico entusiasmo en sus cuarteles, hasta los hombres y mujeres de paz que acuden a reuniones con ustedes, animados por propósitos sinceros y patrióticos,

02 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Los contradictorios mensajes que sus distintos interlocutores y ustedes mismos han divulgado a través de los medios después de tales reuniones, han generado perplejidad en la opinión pública, sensación esta que se ve agravada por confusos y vacilantes partes oficiales sobre los encuentros de dignatarios y delegados del Gobierno con ustedes.

Y mientras tanto, es decir, mientras el país empieza a sentir que nadie dice la verdad y mientras la extraña retórica caguaneña de la negociación en medio del conflicto se desborda en expresiones huecas, la contundencia desgarradora y salvaje de los hechos de guerra, sangre y muerte que ustedes y los demás agentes del conflicto armado están generando, se erige como la única clave cierta de interpretación del proceso.

Los colombianos han dejado de creer en su voluntad de paz, en la del Eln, en la de los paras y en la del Estado. Las multitudinarias expresiones ciudadanas canalizadas a través de las marchas demuestran el grado de saturación nacional contra la violencia y la indignación generalizada frente a los procedimientos y los protagonistas de la guerra.

A todas estas, sus más recalcitrantes enemigos los suyos se apoyan en tales evidencias para pedir soluciones guerreras a sangre y fuego e incluso para clamar por la intervención de tropas extranjeras. Recuerde que el lobby internacional para que Colombia sea declarada como una amenaza hemisférica por cuenta de las Farc, con las consecuencias que ello trae, ya encuentra aliados fuertes en círculos de Washington, Caracas, Lima y Quito, entre otros.

Simultáneamente, en los rostros de los adversarios radicales del Presidente aquellos que apuestan a la debacle para diluir en el fracaso de este gobierno la densidad de sus propias culpas ya empiezan a dibujarse perversas sonrisas de satisfacción ante el ambiente y la profundidad de una crisis nacional sin precedentes, generada, en parte, por el doloroso empantanamiento del proceso de paz.

En un año, pasamos de un clima propicio para construir un esquema audaz, generoso y justo de reconciliación nacional, donde tenían cabida ciertas aspiraciones reiteradas de las Farc, a un país indignado, incrédulo y decepcionado. Ello, claro, es más que comprensible, máxime si se tienen en cuenta la angustia y la desesperación colectivas que producen el desempleo y la recesión.

Y aunque depende del propio Presidente adoptar una serie de correctivos urgentes para recomponer su gobierno, para enderezar el esperpento en el que convirtieron en el Congreso la Gran Alianza por el Cambio y para restaurar la confianza en su administración, si ustedes mismos no contribuyen desde las Farc a generar hechos de paz, la ultraderecha guerrerista triunfará en su empeño de abortar las salidas negociadas del conflicto.

Si ello sucede, con o sin intervención gringa, con o sin tropas venezolanas, con o sin fujimorazos fronterizos, ustedes mismos dilapidarán la oportunidad histórica de validar la razón profunda que inspiró sus primeras luchas y su accionar subversivo a lo largo de estas décadas, y además perderán la posibilidad de evitar que versiones como las de McCaffrey reduzcan su espacio en la historia al de viles secuestradores y narcoguerrilleros.

En este punto, en buena medida depende de ustedes reconstruir la confianza en el proceso de paz. Si no propician hechos inequívocos para confirmar ante el país que el Presidente Pastrana ha hecho bien apostando sus mejores fichas a la negociación con las Farc, terminarán, Tirofijo, jugando del mismo lado de las barras bravas, de la oligarquía intolerante y del capitalismo indolente que ustedes mismos han combatido.

De prolongarse esta situación, así el Presidente quiera más adelante insistir en la negociación con ustedes, ya no tendrá gasolina para hacerlo, o más grave aún, cuando finalmente quieran dar nuevos pasos de reconciliación, ya no habrá país para defender. Será esta una Colombia desolada, empobrecida, ensangrentada y miserable, poblada de fantasmas, rencores de guerra y nostalgias de un sueño de paz que nunca se materializó.

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