UN BUEN EJEMPLO

UN BUEN EJEMPLO

Se acabó la lucha de clases, pero la lucha por la igualdad de oportunidades hasta ahora comienza . Con estas palabras inició su intervención el Primer Ministro Tony Blair en la Convención del Partido Laborista que se celebró esta semana en el balneario de Bournemouth, al sur de Inglaterra.

01 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

No era una convención cualquiera. Era la celebración de los cien años del laborismo inglés y se pretendía definir de una vez por todas el rumbo de la nueva política, del nuevo radicalismo, del nuevo socialismo, de lo que se ha denominado la Tercera Vía. Blair tenía el reto de apaciguar a los viejos sindicatos y a los más radicales de su partido que lo acusan de ser demasiado centrista y de haber traicionado los ideales tradicionales de su partido. Y no solo lo logró, sino que salió fortalecido y con su colectividad firmemente unida y entusiasmada para encarar los avatares del próximo siglo... y de las próximas elecciones.

Cuál es la magia de Blair? Por qué tiene los índices de popularidad más altos de cualquier Primer Ministro en Inglaterra después de haber transcurrido la mitad de su mandato? Sin duda se debe en buena parte a la afortunada situación de tener la inflación y el desempleo en los niveles más bajos de la historia reciente. El mismo fenómeno que tanto ayudó a Clinton a sobrevivir sus escándalos. Pero también es producto de un discurso moderno, sintonizado con las nuevas realidades, a la vez pragmático e idealista, en el que sin desparpajo alguno rompe con viejos esquemas y propone nuevos caminos que le llegan a la gente.

A las directivas sindicales que tradicionalmente han ejercido tan férreo control sobre sus organizaciones, las desarmó con la propuesta de facilitar y fortalecer su acción siempre y cuando las decisiones se tomen democráticamente por la mayoría de los miembros en votación secreta. A los radicales de su partido los tachó de retrógrados, de enemigos del cambio y del progreso; los responsabilizó de solo haber gobernado 22 de los 100 años que llevan de existencia y de no haber podido refrendar su mandato ni una sola vez. Siempre que los laboristas han querido completar un segundo período los han derrotado en las urnas.

Con los viejos valores socialistas de igualdad y justicia social, y con la responsabilidad y la solidaridad como nuevas banderas, Blair logró ganarse el centro del espectro político, clave para cualquier triunfo electoral. Su meta ahora es renovar por primera vez en la historia el mandato laborista en la próximas elecciones, y sin duda lo va a lograr. Si la votación fuera hoy, el laborismo (52 por ciento) duplicaría al conservatismo (25 por ciento) según la última encuesta.

A otro exponente de la Tercera Vía, el canciller alemán Gerard Schroeder, en cambio, le va muy mal. Si lo siguen derrotando en las elecciones locales va a perder el poder muy pronto. La gran diferencia es que Blair transformó primero a su partido y luego lo llevó al poder con su mandato fresco, una renovada ideología y nuevas estructuras. Schroeder ganó las elecciones cuando tan solo llevaba unos meses como jefe de la social democracia alemana. Nunca modernizó a su colectividad ni preparó a sus copartidarios para los cambios que quería introducir. Por eso sus mayores problemas provienen de su propio partido. La situación económica, particularmente el alto desempleo, por supuesto tampoco lo ha favorecido.

La lección para el Partido Liberal es muy sencilla: lo que hizo Blair con el laborismo es lo que se debe hacer en Colombia. Renovar el discurso, modernizar la ideología, cambiar estructuras, democratizar los centros de poder y presentarse ante el electorado con una cara nueva y refrescante, es el único camino para mantener la vigencia del liberalismo en el próximo siglo. Cruzarse de brazos o introducir simples cambios de maquillaje sería condenarlo a la irrelevancia, el peor de todos los castigos para una colectividad política.

Blair no pierde oportunidad para fustigar a los conservadores (de izquierda y derecha). Dice que ser conservador es un anacronismo en una era en la que lo único cierto y predecible es el cambio. Tiene además la suerte de tener en la oposición a un partido conservador dividido y desmoralizado. En nuestro caso es al revés, pero igualmente favorable: tenemos un Gobierno conservador que no está dando pie con bola. El péndulo se devolverá inexorablemente. Pero si el liberalismo quiere recibirlo, deberá tener la capacidad de hacer un acto de contrición y propósito verdadero de enmienda, como lo hizo el laborismo en Inglaterra. Mi sueño es ese: ver al Partido Liberal salir de una convención como la que acabo de presenciar en Bournemouth: unido, renovado y preparado para administrar el cambio en esta era de cambio y este cambio de era

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