QUIÉN PAGARÁ EL METRO

QUIÉN PAGARÁ EL METRO

La Nación asumió prácticamente en su totalidad los costos del metro de Medellín. Lo mismo debería hacer con el de Bogotá. Sin embargo, la administración distrital ha aceptado que, en el caso de la capital de la república, el aporte nacional sea del 70 por ciento. El 30 por ciento restante estará a cargo de la ciudad, que también pagará los sobrecostos, según compromiso del alcalde Peñalosa.

01 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Como el valor total de la obra se ha estimado en 6.170 millones de dólares: 3.040 en infraestructura y equipos y 3.130 en costos financieros (EL TIEMPO, septiembre 18/98), el Distrito deberá pagar 2.000 millones de dólares, que equivalen al 30 por ciento del valor total, más los sobrecostos, que pueden valer otro tanto o más. En promedio, los sistemas estudiados (que fueron 21) costaron 2,24 veces lo proyectado, y en el grupo de proyectos construidos, en países en desarrollo, este indicador se eleva a 3,22... El de Medellín costó tres veces más de su costo inicial (revista Estrategia, 15 de mayo de 1997).

Lo anterior quiere decir que Bogotá debe desembolsar 2.000 millones de dólares (el 30 por ciento de 6.170), más los sobrecostos, que nadie sabe todavía cuánto pueden valer. Esos dos mil millones de dólares tienen que ver con el valor de la primera línea y no incluyen los costos de operación, que será deficitaria. Ningún sistema de transporte sobre rieles funciona sin subsidio . Como la cifra citada no se puede cubrir con impuestos distritales ni con las tarifas que paguen los usuarios del servicio, es necesario financiarlos, o sea conseguir la parte que debe cubrir el Distrito.

Para atender esa cuota inicial de 2.000 millones de dólares, Bogotá solo cuenta con la sobretasa a la gasolina, que en el año 99 producirá cerca de 80 millones de dólares y que será insuficiente, aunque para el metro se apropie permanentemente la totalidad del recaudo. Además, el Alcalde ya pidió que la sobretasa se destine a recuperación de la malla vial, por lo menos temporalmente.

Las únicas fuentes posibles de financiación, para lo que le corresponde pagar a la ciudad, están constituidas por los recursos de la descapitalización de la Empresa de Energía y la venta de la de Teléfonos. En vez de destinar los 3.000 y más millones de dólares de esas dos operaciones a cubrir gastos corrientes de la Administración, deberían emplearse en el apalancamiento de todo el sistema de transporte masivo de la ciudad. Así se cambiaría un activo por otro y no se cometería el error de inflar, por uno o dos años, el presupuesto distrital con el producto de la venta de esas dos empresas, sin prever qué pasará mas tarde con el metro y las obligaciones que se adquieran con la inversión de los recursos pasajeros que genere la enajenación de las dos únicas joyas de la Corona .

Lo anterior es válido, claro está, si se razona y actúa con visión de futuro. Fue lo que en su momento propuso Antanas Mockus al Consejo. Ahora las decisiones son distintas porque pueden más el cortoplacismo , el síndrome del ladrillo y el propósito de celebrar, a como dé lugar, el respectivo contrato.

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