CHINA, 50 AÑOS

En la historia milenaria de China, 50 años son una fracción minúscula de tiempo. Pero los hechos ocurridos desde la proclamación, hoy hace exactamente medio siglo, de la República Popular China el segundo gigante comunista del mundo después de la desaparecida Unión Soviética han convertido ese lapso en uno de los más significativos en la vida de la humanidad.

01 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Colocada en medio de los grandes conflictos que han estremecido al mundo en el último medio siglo, China emergió del atraso, la pobreza y la disgregación para convertirse en una potencia con poder atómico incluido, merced a una combinación de políticas que trascienden la cartilla comunista que inspiró en 1949 a sus fundadores, con Mao Zedong a la cabeza. No en vano la figura del gran líder ha pasado a un segundo plano y ya no es objeto de la veneración que se le tributó en los tiempos más apasionados de la revolución.

Combinando una inflexible ortodoxia política con un claro pragmatismo económico, China se convirtió en centro de poder y polo de equilibrio, no sólo del Asia sino del planeta. La enorme nación logró unos niveles de desarrollo que envidiaría cualquier país capitalista, aunque no están acompañados de avances en el campo político. Y lo hizo después de sacar de la pobreza a más de 200 millones de personas en menos de una generación, a pesar del vertiginoso crecimiento de su población, que ya sobrepasa los 1.300 millones de seres.

El desarrollo económico chino recibió un nuevo impulso el año pasado con el nombramiento como primer ministro de Zhu Rongji, uno de los arquitectos de la modernización del país. Con él llegó al poder una nueva promoción de jóvenes tecnócratas que no están atados a la ortodoxia comunista en materia económica, y en cuyas manos China ha mantenido un ritmo de crecimiento estimado en el 8 por ciento anual.

Este crecimiento ha sido impulsado en buena parte por las inversiones extranjeras, que han ayudado a mejorar las industrias y aumentar las exportaciones. Se han puesto en marcha muchas iniciativas mixtas o independientes en la banca, la hotelería y los servicios. Y con la recuperación de Hong Kong y Macao la colonia portuguesa que será devuelta el próximo 20 de diciembre, hay nuevos elementos favorables a ese rápido desarrollo.

El pragmatismo chino está ilustrado en su acercamiento a los Estados Unidos y al mundo capitalista, una de cuyas expresiones es su declarado interés de ingresar a la Organización Mundial de Comercio. Es una acción que, según sus gobernantes, contribuirá a estimular la economía china y a orientarla con mayor claridad a la competencia por los mercados mundiales. No obstante, la independencia del Tíbet, los derechos humanos, los roces con Taiwan y la represión a los disidentes políticos son la cara no tan oculta del férreo control político de sus dirigentes. Como se ve, China parece tenerlo todo, menos libertad.

La modernización de China se reflejará en los actos de conmemoración de hoy, que como todo en esa enorme nación tendrá un carácter monumental.

Como una elocuente señal de los nuevos vientos que soplan en el escenario internacional, varios centenares de empresarios del mundo capitalista asistirán como invitados del presidente Jian Zemin a esta celebración, que mostrará al mundo la pujanza de la que ya es considerada como la superpotencia emergente del siglo XXI.

El pragmatismo, clave del auge espectacular del gigante asiático.

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