ATROCIDAD CONTRA LA PAZ

ATROCIDAD CONTRA LA PAZ

Con una mezcla de estupor, verguenza, pesadumbre y preocupación recibimos la noticia del asesinato de los tres ciudadanos estadounidenses secuestrados en Arauca el 25 de febrero pasado, cuyos cadáveres fueron hallados anteayer en territorio venezolano.

07 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Esta nueva atrocidad, atribuida por las autoridades a la organización subversiva de las Farc, mancha el nombre de Colombia, genera repercusiones internacionales de mucha gravedad y significa un desafío -al parecer deliberado- al proceso de paz iniciado con la guerrilla.

La enérgica y explicable reacción del Gobierno de los Estados Unidos al condenar el crimen y reclamar la extradición de sus autores; permite afirmar que el repudiable hecho llevará a las autoridades de ese país a modificar su actitud favorable frente al diálogo con la subver sión.

Sin entrar en el análisis de las opciones jurídicas que plantea la solicitud del Departamento de Estado, compartimos el dolor y la indignación universales que ha despertado tan incalificable episodio y confiamos en que los asesinos sean capturados y prontamente sentenciados.

Es triste reconocerlo, pero dada la ineficiencia de nuestra Justicia encontramos lógico y aun deseable que aquéllos sean puestos en manos de las autoridades estadounidenses para que éstas les apliquen el castigo que merecen.

* * * El asesinato de los tres estadounidenses ensombreció una semana que ofrecía un balance alentador para las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos, con motivo de la visita de la secretaria de Justicia de ese país, Janet Reno.

La breve estadía de la señora Reno entre nosotros permitió a la alta funcionaria -como ella misma lo dijo- comprobar sobre el terreno los grandes esfuerzos que realiza nuestro país para cumplir la parte que le corresponde en la lucha contra el crimen organizado y en particular el narcotráfico. Y como consecuencia de esto, es obvio que contribuirá a reafirmar el compromiso que el Gobierno de Washington ha adquirido de apoyar las acciones colombianas en ese campo.

Durante su visita, la secretaria de Justicia formalizó las solicitudes de extradición de varios colombianos sindicados de narcotráfico en los Estados Unidos. Las autoridades nacionales pusieron en marcha el proceso para hacer efectivo ese procedimiento, una vez establecida su justificación, de acuerdo con la reforma constitucional que revivió dicha figura a partir de diciembre de1997.

Con estos hechos se inició una nueva etapa en la guerra contra las drogas, que parecce ofrecer a Colombia unas condiciones menos desfavorables que las que le correspondieron en la década pasada. Ahora los países consumidores -comenzando por los Estados Unidos- aceptan su responsabilidad en áreas tan críticas como la reducción de la demanda de estupefacientes y el control del lavado de activos. Estas circunstancias deben estimular a nuestro país para proseguir con renovado ímpetu la cruzada contra este flagelo delictivo que tantos males ha usado a Colombia y al mundo entero.

El encuentro de la secretaria de Justicia de Estados Unidos con las autoridades colom bianas fortaleció la alianza de los dos países contra las drogas, la cual tendrá que prevalecer, tarde o temprano, sobre las organizaciones delictivas que continúan explotando el nefasto

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