VINE A SUFRIR EN LA VUELTA

VINE A SUFRIR EN LA VUELTA

Nadie, ni siquiera los rivales derrotados, pudo sentirse triste. Todos, hasta aquellos aficionados y periodistas que con frecuencia se van lanza en ristre contra los pedalistas, debieron quitarse el sombrero y aplaudir unánimemente al caballero de la bicicleta, Fabio Enrique Parra Pinto, flamante campeón de la 42 edición de la Vuelta a Colombia-Colmena, que concluyó ayer en Bogotá. La saña del destino, que el año anterior estuvo a punto de acabar con la carrera deportiva de este ídolo, su innato carisma y esa inmensa capacidad de sufrimiento que le llevó a sobreponerse a todas las adversidades, produjeron un fenómeno sin muchos precedentes en la historia del ciclismo nacional. Casi todos querían que Fabio Parra ganara la Vuelta.

13 de abril 1992 , 12:00 a.m.

Y es tal el respeto que despierta este boyacense de 32 años, coronado por primera vez en la Vuelta de 1981, que ayer en la última etapa, corrida sobre 144,2 kilómetros entre Chiquinquirá y la capital de la República (con triunfo del italiano Roberto Gaggioli), nadie se atrevió a atacar al líder.

Dos hechos están en la raíz de este fenómeno. Primero, la capacidad de Parra para levantarse ante la adversidad y ganarle la carrera a la mala suerte, que ayer por fin le sonrió. Y segundo, el reconocimiento general de sus bondades como ciclista, uno de los más importantes de la rica historia del ciclismo colombiano.

Vine a sufrir a esta Vuelta , confesó el campeón. Me interesaba prepararme en este aspecto, de cara a mi gran objetivo de la temporada, la Vuelta a España , agregó. Y fue evidente que sufrió. Quienes estuvimos involucrados en la caravana y los aficionados que tuvieron la suerte de verle en las llegadas fuimos testigos de excepción de los padecimientos del hombre del Seguros Amaya.

Varias veces llegó con el rostro descompuesto, al borde del colapso, y casi que inexplicablemente tuvo la valentía suficiente y la capacidad requerida para continuar en la brega.

Desde cuando se empezó a presentir el desenlace de la carrera, cuando todas las miradas apuntaban hacia el número 11, se despertó entre aficionados, periodistas, miembros de la caravana y hasta los propios rivales, un sentimiento de solidaridad a favor Parra. De todos es conocida la mala suerte que ha rodeado la vida deportiva de este boyacense y era indudable que se pedía a gritos una victoria para este varón de la bicicleta.

Esos dos factores, más las circunstancias particulares que rodearon el desarrollo de la prueba (la celosa marcación entre los otros equipos, la amplia baraja de candidatos y el no ser tenido en cuenta) fueron el perfecto caldo de cultivo para la victoria de Parra.

Y tiene visos de hazaña este triunfo. Muy frescos en la memoria de los colombianos están los detalles de los dos accidentes que, el año pasado en apenas seis meses, sufrió el hoy campeón de la Vuelta. El primero sucedió el 16 de febrero, por la imprudencia de un aficionado que se atravesó con una carretilla y lo catapultó hacia el piso, causándole fractura del puente nasal, ligera conmoción cerebral y múltiples laceraciones en el rostro. El astro calentaba para disputar una etapa contra reloj.

En apenas tres semanas, regresó al sillín y reanudó la preparación. Su formidable capacidad de recuperación sorprendió a todo el mundo. Sin encontrarse adecuadamente preparado, tomó la salida en la Vuelta a Colombia y estuvo a un pedalazo de alzarse con el título. Al final, terminó sexto, cumpliendo una destacada actuación.

Luego participó en la Vuelta a España y pagó el precio a su truncado ritmo de competencia. Se encasilló quinto y abrió la esperanza de una muy buena ubicación en el Tour de Francia. Pero la suerte volvió a jugarle una mala pasada. En la séptima etapa, cuando se encontraba en la casilla 65 a más de tres minutos del líder Thierry Marie, debió retirarse por un accidente.

En la entrada del puente Tancarville, transitando hacia Argentin, se cayó y chocó de espaldas contra el andén. El resultado: fractura de la octava y novena vértebras y luxación del hombro. Ahí terminó abruptamente su temporada, con el agravante de que alcanzó a pensar seriamente en el retiro de la actividad. Solo la intervención de su familia y amigos más cercanos le animó a seguir.

Regresó al país y en octubre, en compañía de su hermano Humberto, y comenzó la preparación para este año. Los resultados obtenidos hasta antes de la Vuelta eran ciertemente mediocres y preocupaban al ciclista, su entrenador Javier Mínguez, prensa especializada y aficionados. Por eso nadie jamás lo incluyó en la baraja de candidatos.

Por insinuación de una compañera de la universidad se puso en manos del sofrólogo Alfonso Caicedo con el fin de superar el que se había convertido en su mayor rival: el peso sicológico. Los temores del pasado quedaron atrás, adquirió la mentalidad de campeón y los resultados ya empiezan a verse.

La astucia con que se movió en la carretera, su experiencia y su mentalidad lo llevaron, expedito, al más alto lugar del podio de la Vuelta.

Hoy, él reconoce encontrarse en un 90 por ciento de su rendimiento, con todo dipuesto, física y mentalmente, para pelear a tope la Vuelta a España. Pese a lo sorpresivo, el triunfo de Fabio Parra no fue producto del azar. Esta vez, irónicamente, la suerte le sonrió. Pero detrás de eso estuvo también la capacidad del caballero de la bicicleta.

Enhorabuena para Fabio, el ciclismo colombiano, la Vuelta a Colombia-Colmena y los aficionados nacionales.

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