CUANDO EL TELEVISOR SE PRENDE, LA FAMILIA SUFRE

CUANDO EL TELEVISOR SE PRENDE, LA FAMILIA SUFRE

En medio de un país que avanza en una legislación de paz para construir futuro mientras en su territorio se recrudece la guerra, primero el Presidente de la República, sus diferentes voceros y ahora la sociedad, han unido esfuerzos en un propósito inaplazable: procurar que los medios de comunicación eviten al máximo hacer eco estridente a la violencia generalizada y, especialmente, han llamado poderosamente la atención a los noticieros de televisión en sus diferentes emisiones.

27 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

El angustioso llamamiento de miles de hombres y mujeres de la provincia colombiana, más exactamente, en días pasados, de miles de tolimenses que han tomado la iniciativa de repudiar estos actos mediante su pacífica protesta, debe invitarnos a una profunda reflexión sobre los sucesos que están aconteciendo. Las expresiones de clamor colectivo de una sociedad atribulada por la violencia en los campos, en las ciudades y en su intimidad hogareña por el televisor, no pueden ser desconocidas y desdeñadas. Hemos, con profundo dolor, llegado a un nivel insuperable de repugnancia por las transmisiones que se ven en la pantalla hasta el punto de sentirnos agredidos y horrorizados por las macabras escenas que se observan y que desbordan la sindéresis, la objetividad e imparcialidad que deben guardarse y que se impone por ética a quienes se encargan del registro de los acontecimientos noticiosos.

Las cifras son realmente escalofriantes: a los 16 años un joven ha recibido en Colombia imágenes de más de 150 mil acciones violentas. Por cada hora de programación, hay 6.7 actos violentos. Esto es intolerable! No debemos hacer más dramático el panorama de la intimidad familiar. Es el consenso que se consolida al interior de la población colombiana. Hay que tener en cuenta que el principio universal sostiene que la violencia genera más violencia, así sea a través de mostrar horripilantes imágenes de enfrentamientos guerrilleros con la población como sucedió recientemente. Tal vez se crea que no se afecta a nadie revelando cuanto sucede, empero, la sensación que queda, aún al más desorientado televidente, es la desesperanza total al atisbar y concluir que no hay otra salida distinta a continuar haciendo uso de la violencia.

Con estupor oí a un niño decir que su temor era no poder ir a la escuela y no poder salir a la calle, luego de ver la noche anterior en las noticias que a un escolar se lo llevaron unos señores para pedir un rescate y que otro muy cerca de su domicilio murió, producto del fuego cruzado de unos señores vestidos de verde . Tiempo después, su refugio sigue siendo el televisor.

Es la hora de la sociedad civil, asumiendo su determinante papel protagónico e histórico, para construir un nuevo país, el tiempo de los medios de comunicación, quienes, por ahora, tienen la palabra. No más violencia en la televisión, por favor, es el popularizado clamor de Colombia entera.

*Director de Inravisión

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