UN SALVAVIDAS

Frente a la parálisis total en que se encuentra el diálogo entre el Gobierno y las Farc, el Consejo Nacional de Paz, varias agremiaciones sociales y personalidades han propuesto que se reanuden ya las negociaciones, y que temas procedimentales como la verificación se toquen una vez iniciado el proceso. De manera simultánea ya sea en mesa separada o en la misma mesa de negociación se propone que el primer punto por tratar sea el de un acuerdo humanitario.

27 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Proviniendo como proviene de voceros representativos de la sociedad civil, se trata de una iniciativa que merece tenerse en cuenta. Pueda ser que no caiga en oídos sordos y que las Farc, en primera instancia, asimilen esta petición de sectores ciudadanos sinceramente comprometidos con la paz. El Gobierno también debe entenderla en el alcance que tiene la misma, aunque resulta explicable que se sienta renuente a seguir desgastándose en gestos unilaterales de reconciliación sin respuesta.

Pero algo debe hacer el Gobierno sin aparecer como promotor de nuevas concesiones gratuitas para desbloquear un proceso de paz cuya congelación señala la necesidad de contemplar replanteamientos. De forma y de fondo. En el equipo y el estilo de negociación y acaso en su mismo contenido. También en el papel que en adelante hayan de cumplir los países amigos de Colombia.

Lo que de todos modos resulta incongruente es que una zona de distensión concebida para posibilitar las negociaciones, no solo no esté cumpliendo su razón de ser, sino que ahora las Farc la estén utilizando para adelantar una especie de proceso de paz propio. Sin presencia ni participación del Estado y con los sectores que a bien tengan invitar. A las madres de soldados y policías que están secuestrados, por ejemplo, las aprovecharon para montar un patético espectáculo político-publicitario.

En medio de este panorama sombrío y confuso, se presenta la propuesta del cese al fuego del jefe de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, Carlos Castaño, quien al mismo tiempo en que la formula, se responsabiliza, sin inmutarse, de la matanza de medio centenar de personas en la localidad norsantandereana de La Gabarra. Alega que no se trata de campesinos inocentes sino de guerrilleros disfrazados . En cualquier caso, sus víctimas son personas inermes, fusiladas en estado de indefensión. Como los feligreses de La María o los pasajeros del avión de Avianca secuestrados por el Eln; o como las decenas de civiles inocentes y totalmente ajenos al conflicto que cada semana secuestran las Farc.

El eco que tuvieron las declaraciones de Castaño comentadas por ministros, obispos y embajadores confirma que, más allá de lo engañosa o ilusa que resulte su propuesta y de los bárbaros métodos de quien la plantea, las autodefensas son actores cada vez más protagónicos del conflicto. Y que la salida que el Estado ha de darle a este fenómeno armado tiene connotaciones políticas que un proceso de paz coherente y global ya debería estar visualizando.

Por lo pronto, y mientras se concreta la iniciativa ciudadana para desbloquear el proceso ya que la de Castaño cae en el vacío, siguen creciendo los secuestros, masacres, y asesinatos selectivos cuyas víctimas hacen parte de la población civil no combatiente. Rasgo cada vez más acentuado de esta sucia guerra que se libra en Colombia, sin respeto por norma humanitaria alguna. Y razón de más para no ahorrar esfuerzos en buscar acuerdos en este terreno. Que no pueden ni deben reñir con los intentos por reanudar las negociaciones.

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