UN AÑO DESPUÉS

En el último año del gobierno del presidente Ernesto Samper, cuando aquí mismo se escribía sobre el daño profundo que se le había hecho a la economía y sobre la necesidad de efectuar rápidamente ajustes drásticos y volver a tomar el camino de las reformas, muchas personas me decían que estaba exagerando. No compartían ni la angustia, ni el mensaje de urgencia que intentaban transmitir estas columnas. Subestimaban la magnitud de los desequilibrios que se registraban en la economía.

04 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

El próximo sábado se completa el primer año de la administración del presidente Andrés Pastrana. Hay que reconocer, tristemente, que a pesar de sus buenas intenciones, el nuevo gobierno perdió la oportunidad preciosa que tuvo en su inicio de poner en marcha una estrategia de corto plazo como la que ahora está implantando. Es fácil ser profeta del pasado. La verdad, sin embargo, es que hace un año se hubiera debido plantear el ajuste fiscal como el que en estos días se está sometiendo al Congreso, junto con un proyecto de ley de presupuesto al estilo del que se ha elaborado para el año 2000. Lo mismo que la reforma laboral y la búsqueda de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Se habrían aprovechado la frescura del cambio y la popularidad del mandatario que inauguraba su período presidencial. Ambas hubieran facilitado el tránsito por el Congreso de medidas duras pero inevitables y se habría acelerado el proceso para recuperar el crecimiento económico y la estabilidad.

No se puede llorar sobre la leche derramada. Pero, en unas condiciones muy precarias, por el deterioro tremendo del orden público, por la recesión, por el desempleo, por la crisis del sistema financiero y, no menos importante, por el desgaste del Gobierno y la pérdida de popularidad del Presidente, se está corrigiendo el rumbo. Es, de cierta manera, una última oportunidad para salir del atolladero y encauzar la economía.

* * * Los próximos doce meses no van a ser fáciles. Los que quedan de 1999 mostrarán alguna recuperación pero este año será muy malo. Tan malo como 1931 , al decir de Anif en su informe de hace un par de semanas. Los colombianos estaremos atentos del curso de tres aspectos críticos: las conversaciones de paz, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y la discusión en el Congreso del paquete de reformas (la fiscal junto con el proyecto de ley de presupuesto y ojalá la laboral). Por lo mismo, en estos cinco meses, la inversión privada continuará frenada y la demanda global de la economía resentida. Es inevitable.

Más hacia adelante, y confiando al menos en el éxito de las reformas en el Congreso, que sirva de colofón al acuerdo con el Fondo, el panorama puede avizorarse un tanto más favorable. (La búsqueda de la paz continuará dibujando toda suerte de interrogantes.) Un ajuste fiscal drástico deberá impulsar la dinámica del sector privado y el crecimiento de la economía. Porque y esto fue lo que no se entendió oportunamente ponerle coto al desequilibrio fiscal es lo que permite bajar las tasas de interés. El acuerdo con el Fondo hace posible, a su turno, la estabilidad cambiaria. Si esto se logra, habría mucho mejores condiciones para que la producción y las ventas aumenten.

A todas estas, hay un elemento novedoso del cual toca tomar ventaja. La reducción de la inflación, que genera la oportunidad para ajustar los salarios, los precios, los contratos y los mecanismos de indexación en línea con una inflación de un dígito. Como se mencionaba en el informe de Anif ya citado, la reducción definitiva de la inflación tal vez sea lo único bueno que nos puede dejar la peor recesión del siglo . Lograr ajustes de salarios acordes con una meta del 9 por ciento de inflación para el año 2000 completaría los ingredientes para que la economía haga su transición hacia el crecimiento sostenible.

* * * El Gobierno y el Congreso tienen ante sí cinco meses cruciales que no deben desaprovechar. Es cierto que en este lapso, y seguramente a todo lo largo del año 2000, no se obtendría un ritmo alto de expansión de la actividad productiva, ni sería posible darle un golpe fuerte al desempleo. Los problemas no se van a superar a la velocidad que todos quisiéramos. Las empresas privadas saldrán de la recesión mejor preparadas para competir doméstica e internacionalmente y, si se aprueba la flexibilización laboral, podrían generar nuevamente puestos de trabajo. Con todo, el desempleo va a ser, no cabe duda, el principal escollo económico y social para el desarrollo del país en la primera década del próximo siglo.

Un amigo mío, costeño y liberal para más señas, sostiene que el presidente Pastrana es un suertudo y que después de dos años malos, los dos últimos del mandato van a ser buenos. Ojalá, y para bien del país, así sea

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