EL MIEDO SE APODERÓ DEL CENTRO DEL VALLE

EL MIEDO SE APODERÓ DEL CENTRO DEL VALLE

En medio del verde intenso del cañón del río Guadalajara, solo quedan tres familias en la vereda El Placer de Buga (Valle).

28 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

El miedo hizo huir a 28 familias vecinas, tras el asesinato de dos personas de la comunidad durante una incursión paramilitar el domingo pasado.

Desde el lunes, los Palechor-Jiménez, los Palacio-Valenzuela y los Pérez-Santander se quedaron solos en la población. Don Arquímedes Palechor y su esposa Bertha Jiménez prefieren no salir a la única calle del caserío.

No se han ido porque no tienen a dónde. Los vecinos de El Placer quieren olvidarse de la escena de esa noche cuando los desconocidos amarraron a Amadeo Valderrama y Narcases Morante, y los balearon en la cancha en frente de todos.

Amadeo, dueño de uno de los dos restaurantes del lugar, es recordado por su colaboración con todos. Más que vecino, él era como un hijo , dice doña Primitiva Valenzuela, una abuela boyacense de 66 años.

Narcases atendía su tienda y restaurante, a donde llegaban motoristas, turistas, militares y guerrilleros. El no podía negarle el servicio a nadie, pues a un negocio llega todo tipo de gente , dice un campesino de la región.

Con la muerte de los dos hombres, no solo el pueblo se quedó sin negocios. Ocho huérfanos y dos viudas no saben qué va a ser de ellos.

La mayoría de sus vecinos salió el lunes y prefirió hacinarse en el coliseo Luis Ignacio Alvarez Ospina, en Buga, en donde los desplazados suman 130 personas. En Alto Bonito, sector urbano de Buga, otras diez familias se reubicaron en casas de amigos y familiares.

28 días de miedo La zozobra de los campesinos del centro del Valle se inició en la noche del pasado 31 de julio, cuando unos 150 hombres con brazaletes de las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá que llegaron en dos camiones interrumpieron las fiestas de la Virgen del Carmen en La Moralia, a una hora de Tuluá. Esa noche los paras asesinaron a Orlando Urrea y a su hija Sandra Patricia.

La incursión de los paramilitares, cuya presencia en el Valle ya fue admitida por el gobernador Juan Fernando Bonilla, ha dejado una estela de temor y muerte.

A los 28 días del arribo de los paras , hay 3.000 desplazados que han llegado a Tuluá, Buga, San Pedro y Cali. Así mismo, hay 20 muertos, entre ellos seis presuntos paramilitares, y se han registrado dos enfrentamientos con las Farc.

La soledad y el miedo son constantes al pasar por los caseríos Los Bancos, Las Palmeras, Piedritas, La Venta, La Delgadita y Santa Elena. Al adentrarse el cañón del río Tuluá, el miedo es el mismo y su rastro se inicia en Monteloro en donde 36 de las 100 viviendas también están desocupadas.

Las pocas personas que aún quedan en las pequeñas fincas miran a los extraños con un marcado miedo. Mientras tanto, miembros de la columna Víctor Saavedra de las Farc patrullan parte de los 115 kilómetros de la vía que comunica con la cadena montañosa de Buga y Tuluá y con el corregimiento Tenerife, de Palmira.

Foto: Archivo / EL TIEMPO POR LA LLEGADA de comandos paramilitares, la tranquilidad de Tuluá y Buga, en el Valle del Cauca, se acabó. Hoy, sus habitantes viven en medio del temor.

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