CÓMO DUELE.....

Cómo duele constatar a diario la desaparición del producto del enorme esfuerzo de tantos colombianos.

05 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Duele ver tantas empresas que naufragan después de muchos años de tesonera labor. Organizar un negocio es una difícil tarea que implica mucho trabajo, ingenio y perseverancia por parte de sus dueños y empleados. Por lo tanto, es triste ver cómo el producto de sueños, ideas, miles y miles de horas de consagración individual y de trabajo en equipo, perecen atropelladas por la crisis.

Duele verificar los lamentables episodios de muchísimas familias que perdieron su casas porque no pudieron seguir pagando el Upac - bien sea por desempleo o por su excesivo costo - después de varios años de pagos oportunos impregnados de sacrificio. Los frecuentes testimonios de gente honrada, juiciosa, que tiene que entregar su casa como consecuencia de factores que no controlan, son deprimentes. Tristeza y rabia se combinan como únicas respuestas a esta injusticia.

Duele conocer las docenas de miles de casos de personas de bien que pierden los ahorros de toda una vida, víctimas de colapsos financieros inducidos por desórdenes macroeconómicos, controles estatales deficientes y malas gestiones de banqueros. Gente de la tercera edad que había acumulado unos pocos pesos con los cuales vivir dignamente después de 30 o 40 años de trabajo, ven esfumarse en segundos su tranquilidad y su justa recompensa. Desmoralizante.

Duele saber que millones de colombianos que se debaten entre la miseria y la pobreza recibirán menos ayuda del Estado en materia de salud, educación, servicios, vivienda, porque las finanzas públicas están en bancarrota. Y ese déficit no es producto de un exceso de inversión sino de gastos improductivos , o peor aún, de la rampante corrupción que devora billones sin que nadie la detenga.

Duele registrar el millón y medio de desempleados que perdieron sus puestos de trabajo , o que no encuentran ocupación, porque la economía está muy enferma. Con este drama no solo sufre el bolsillo ; el espíritu, la mente y el cuerpo viven un calvario que en no pocos casos destruye a las personas y desgarra sus familias.

Pero hay que trascender el dolor. Nada ganamos con amargarnos, con sufrir en silencio. Hay que convertir todo es dolor en energía positiva para construir un país en donde no sucedan estas lamentables historias.

Transformemos este inmenso dolor que nos embarga ante el cúmulo de fracasos económicos que azotan sin piedad a tantos compatriotas, en el combustible de una explosión que desencadene una reacción vigorosa de hechos que impidan que estas tristes historias se repitan. Si lo logramos, no habremos sufrido en vano.

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