UN ABONO A LA PAZ

No nos digamos mentiras, si abonamos a la cultura, sembramos para la paz. Enredado? Un poco si tenemos en cuenta que la paz para los colombianos es una ilusión que, a menudo, parece inalcanzable. Ah, pero no imposible. La mejor definición (de muchas) de cultura, al modo de ver de quien esto escribe, es: desarrollo del conocimiento, basado en tres factores de la vida humana: bellas artes, ciencia y ética. Todos provenientes de Dios. Mas, como esta nota no intenta reflexiones filosóficas, vamos al grano (sin salirnos del tema).

29 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Los 11 galardonados con el Premio Aplauso a las bellas artes, incluyendo a Jaime Llano González, virtuoso que sutilmente ha deslizado el órgano electrónico entre tiples, guitarras y bandolas para enriquecer nuestra música mayor (el bambuco y su cohorte) y quien recibirá el trofeo el próximo 4 de octubre, en el Teatro Colón, han sido sembradores de paz inigualables. En una Colombia donde a los valores estéticos se les ha tratado como a una arepa (se les da la vuelta sin consideración alguna), ellos, vivos unos y en el cielo de los artistas otros, han hecho obra como para que no quepa duda de que la belleza imperará sobre las balas.

Víctor Hugo Ayala (1989), Lucho Bermúdez (1991), Alvaro Dalmar (1992), Jorge Villamil (1998) y Llano González (1999), han sido sembradores de bambucos y pasillos, porros y cumbias, cuya simiente germinará para bien de nuestra historia musical a costa de la estridencia y de la ramplonería actuales. Enrique Buenaventura (1990) y Fanny Mikey (1996) han abonado para rescatar el gran teatro en beneficio de una generación que lo confunde con el espectáculo farandulero. Jorge Rojas (1993), el poeta de Piedra y Cielo, y Germán Arciniegas (1997), el hombre del final de siglo, han dejado en sus libros la palabra viva (y limpia), como semilla del conocimiento. Sonia Osorio (1995), con su ballet majestuoso, ha demostrado que también cultivamos mercados campesinos y mapalés capaces de extasiar al mundo sin un gramo de polvo blanco. Y Arenas Betancourt (1994)? Ahí esta la obra del gigante de Fredonia, más vivo que nunca, sembrada en la Plaza de Bolívar de Pereira, en el Pantano de Vargas, en la Alpujarra, de Medellín. Por doquier! Todos ellos virtuosos que con su abono a la cultura han sembrado suficiente como para que sobre las cruces crezcan corazones de paz.

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