EL ALFABETO DEL CUERPO

EL ALFABETO DEL CUERPO

Aprendería un niño a caminar si no hubiera humanos a su alrededor?

29 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

La respuesta no es un chiste sobre Tarzán y la pregunta apunta al corazón de un problema al que poco cuidado se le pone en la escuela y los hogares colombianos: el aprendizaje de las grandes habilidades motoras del hombre como correr, saltar o caminar, entre otras.

Y a esa pregunta la pueden acompañar otras igual de interesantes: Acaso la naturaleza de los niños no es correr y trepar, como lo hacen, por ejemplo, nuestros primos los chimpancés?; Tiene sentido tenerlos desde pequeños sentados cinco o seis horas al día en un salón de clase?; están nuestros niños desarrollando bien sus capacidades motrices? Es suficiente con las dos o tres horas de educación física que reciben cada semana? Resolver esos interrogantes no solo soluciona el problema de la joroba sino toda una dimensión humana: cómo maneja cada cual su cuerpo.

Los expertos afirman que la motricidad gruesa tiene que ver con esas acciones físicas que todos realizamos y que implican el uso de grandes grupos de músculo.

Por ejemplo, al saltar hacia arriba casi todos los músculos de las piernas y los glúteos entran en acción para impulsarnos y muchas veces también nos ayudamos con fuertes movimientos de los brazos y, sin darnos cuenta, también se mueven nuestros abdominales.

Al definirla así, pretenden diferenciar la motricidad gruesa de la fina, que es la que implica la coordinación de los movimientos de pequeños grupos musculares como los que realizamos cuando escribimos o tomamos algo con el pulgar y el índice.

Atrofiados Y lo que parece estar sucediendo en las escuelas y colegios es que se detectan los problemas de motricidad fina, directamente relacionados con la mala escritura, pero no se le pone mucho cuidado al manejo general del cuerpo.

Adelmo Ardila, experto en sicomotricidad del Equipo Cisne, se pregunta si acaso el sistema escolar al tener sentados a los niños durante cuatro, cinco o seis horas al día va en contravía de lo que dicta la naturaleza Me atrevería a decir, como educador físico, que el proceso educativo colombiano sigue siendo demasiado sedentario y mientras existan solo dos o tres horas semanales de educación física se seguirán presentando problemas de motricidad , afirma Ardila.

Y a eso habría que agregarle que al pasar de vivir en grandes casas o en el campo a los apartamentos actuales, la población infantil colombiana está perdiendo oportunidades para moverse más y mejor.

Pero el fenómeno de las urbes no es la única causa del atrofiamiento motriz de muchos colombianos, también lo es la inseguridad. Muchos de nosotros fuimos niños urbanos pero entonces las calles se volvían canchas seguras para jugar o pistas para correr , afirma Carlos Bolívar, experto en el tema y profesor de la Universidad Surcolombiana de Neiva.

Analfabetas Para él, en el país carecemos de una educación física de base que apunte a alfabetizarnos en la parte motriz , afirmó.

Judith de Palacio, de la Universidad Pedagógica Nacional, apoya esa idea y opina que buena parte del problema se centra en que en los colegios cualquiera cree que sabe educación física porque sabe unos ejercicios .

Ahora bien, el niño de la pregunta no necesitaría un licenciado en educación física para aprender a andar en dos pies, pues su naturaleza humana tarde o temprano lo llevaría a eso. Y si viviera, por ejemplo, con una jauría de lobos, se movería como esos animales, porque también la naturaleza humana dicta que aprendamos por imitación.

Pero para caminar con la fluidez y seguridad propias de nuestra especie sí necesitaría de los otros humanos: fueran padres, amigos o profesores de educación física. La pregunta es si nuestro aparato educativo les está enseñando a caminar a los niños y también a correr, saltar y brincar: ese abecedario del cuerpo en el que nuestros primos los chimpancés son tan sabios.

Al andar se hace camino Cada ser humano es distinto y no hay una medida estándar absoluta para saber qué debe estar haciendo a qué edad. Sin embargo, la edad promedio para empezar a caminar se ubica entre los 9 y los 18 meses, sin que esto deba convertise una obligación.

La secuencia posible en el desarrollo motor es la siguiente: caminar, correr, saltar, lanzar y trepar. Otro comportamientos que se desarrollan paralelamente son: rodar, aprehender o suspenderse.

La calidad del movimiento, la fluidez y la seguridad con la que se realice también son criterios que un padre puede ir revisando. Por ejemplo: a los dos años un niño puede saltar torpemente y perder el equilibrio al caer a tierra pero a los cuatro debería hacerlo sin mayores tropiezos.

La orientación, el equilibrio y la coordinación son otras habilidades fundamentales para el desarrollo motor y humano.

Revise si el sitio donde viven, incluyendo el barrio, le da las posibilidades para correr, saltar y, en general, moverse. La computación, el Atari y el televisor deben dosificarse para que le aporten al niño toda su riqueza pero sin atrofiar su desarrollo motor al volverlo sedentario.

La educación física no es un asunto exclusivo de la escuela. Es bueno motivar desde pequeño a los niños para que realicen actividades y estimularlos: acariciarlos, moverles las piernas y brazos con cariño, bajando a su nivel visual y jugando con ellos, etc.

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