DEFENSA PÓSTUMA DEL UPAC

DEFENSA PÓSTUMA DEL UPAC

El fallo de la Corte Constitucional sobre el vilipendiado Upac podría corresponder a la más pura estirpe santanderista, si no fuera por el insólito aditamento de una vigencia aplazada. Se quiso dar gusto al purismo constitucional, pero también a las graderías. Para terminar, simplemente, en una rara expresión de populismo constitucionalista. No es de extrañar, entonces, que el Profesor López Michelsen - maestro de maestros - haya lanzado uno de sus clásicos dardos, tan cargados de lucidez como de volterianismo.

27 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Es una gran lástima que la más alta Corte se haya distraído durante meses en un ejercicio de filigrana legalista que, al final, solo sirvió para arrancar los aplausos de unos palcos justamente enardecidos y para producir una declaración ambiga y escapista de la Junta Directiva del Banco de la República..

Sacrificar un mundo para pulir un verso fue también la obsesión de alguna escuela literaria, muy inclinada, como nuestra ilustre Corte Constitucional, a dar dobles y mandobles hiperbólicos en un mundo más imaginario que real. Porque, al ordenar la decapitación de un sistema inocente, olvidó que los verdaderos responsables están en quienes usaron y abusaron del que fue un instrumento invalorable de activación económica, de generación de empleo y de movilidad social incomparable.

En este señalamiento hay qué incluir, por supuesto, a los rectores de la Política Monetaria. Pero también a los grupos económicos que se hicieron a la propiedad accionaria de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda y, a través de sus filiales constructoras, terminaron imponiendo márgenes de verdadera usura para los destinatarios de su crédito.

Todo lo que ha pasado con las extravagantes tasas de interés a que nos estábamos acostumbrando, sería para risas si no fuera por su transfondo dolorosamente trágico para millares de familias, para pequeñas empresas y también para grupos empresariales que se han roto los huesos creando riqueza para el país. Una Resolución de la Superintendencia Bancaria declaraba a finales del año 98 que la usura comienza en el 72 por ciento anual (!). Lo cual, como dice algún genio del humor, es tanto como dictaminar que las lesiones personales comienzan a partir de la tercera puñalada. O que la vigencia de la Constitución vigente empieza después de la quema de los voladores de media noche. Mientras tanto, el Banco Central esperó a que unos pocos bancos le raparan miles de millones de dólares de las reservas internacionales, antes de ponerles coto hace apenas una semana para que no terminaran provocando una verdadera hecatombe cambiaria.

Para quienes pasamos por una escuela de derecho, el anatocismo -como la figura de cobro de intereses sobre intereses - no pasó de ser una de esas extrañas y anacrónicas situaciones asociadas más con el sórdido mundo de la usura y de la banca de trastienda. Sinembargo, los tiempos han corrido lo suficiente como para que, en una sociedad urbanizada, los mecanismos de financiación de vivienda a largo plazo acudan a la capitalización de intereses para hacer asequible la vivienda a la totalidad de los estratos sociales. Que fue exactamente lo que inspiró la creación del Sistema Upac.

Cualquier aprendiz de finanzas sabe que en países de inflación de más de dos dígitos, como el nuestro, está demostrado que no es posible acceder a crédito de largo plazo para vivienda sin acogerse a la capitalización de parte de los intereses que no pueden pagarse por insuficiencia de ingresos del grupo familiar durante los primeros años de servicio de la deuda.

Bajo la inspiración del inolvidable Profesor Luchlin Currie y con base en las experiencias de Brasil y Chile, el Gobierno del Presidente Misael Pastrana Borrero puso en marcha este mecanismo inapreciado e inapreciable que permitió a millones de familias acceder a casa propia.

Fue el Presidente Alfonso López Michelsen quien dio al Upac la virtualidad que luego le quitó la apertura del sistema financiero a principios de los años noventa, cuando se disparó la codicia de algunos sectores de la banca y de la construcción, que con la complicidad de las autoridades monetarias, terminaron matando este preciado instrumento de política social y de incalculable valor macroeconómico. Habiendo sido concebida la corrección monetaria como la expresión de la inflación cumplida, la Junta Monetaria presidida por el Ministro de Hacienda del Presidente López, Rodrigo Botero Montoya, decidió fijar ese índice en función de la inflación esperada dentro de las metas de la política macroeconómica. Gracias a esa medida sapientísima, los gobiernos Betancur y Barco pudieron cumplir la proeza de financiar en menos de diez años más de un millón de viviendas para la totalidad de los estratos sociales incluidos los más pobres. Desde Aguablanca en Cali, hasta Ciudad Bolívar y Tibabuyes en Bogotá; desde las comunas de Medellín, Malambo en Barranquilla y Policarpa Salavarrieta en Apartadó, hasta el Solferino en Manizales y el Barrio Cuba en Pereira, se vieron surgir miles de nuevas construcciones que permitieron cumplir el sueño de millones de colombianos de modestos recursos.

Los logros inimaginados del Upac durante los años ochenta fueron el resultado de un excelente manejo en los criterios para fijar la corrección monetaria. Ello explica porqué durante esa década la tasa de interés más barata del mercado fue precisamente la del sistema que ha recibido condena inapelable a la lapidación. Paz en su tumba y respeto a su maltratada memoria.

*Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Manizales

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