ES PROBLEMA DE CARÁCTER

ES PROBLEMA DE CARÁCTER

Si en Colombia imperara un régimen parlamentario, el Gobierno se habría caído sin haber cumplido siquiera su primer año en el poder. Esa es la triste realidad. Pero hay otra realidad más triste todavía: en el sistema presidencial los mandatarios no se caen cuando el pueblo les voltea la espalda (hay que esperar a que se cumpla el término del mandato), pero su capacidad para gobernar queda muy disminuida. Por eso se dice que los sistemas presidenciales pueden no resultar los más apropiados en momentos de crisis y de grandes decisiones. Porque si se pierde el respaldo popular los presidentes quedan maniatados para salir del atolladero y se crea un círculo vicioso donde todo el mundo pierde.

06 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Los mandatarios en los sistemas presidenciales tienen sin embargo una válvula de escape: pueden rectificar su rumbo y conquistar de nuevo el favor popular. El sistema les da una segunda oportunidad. Es lo que los colombianos quieren que suceda con el presidente Pastrana, pues tres años más de lo mismo, de patria boba, en la peor crisis de nuestra historia, no los resiste ni el más templado.

Más que haber errado en la escogencia de las prioridades o de no haber tomado las decisiones que se requerían en el momento adecuado, las razones del fracaso de Pastrana en su primer año de gobierno tienen que ver más con estilos y actitudes, con el carácter del Gobierno.

Para comenzar, Pastrana tiene que bajarse de la nube y reconocer que a pesar de haber obtenido la votación más alta de la historia, una parte muy importante de esos votos no fueron por Pastrana sino contra Serpa y contra el Gobierno anterior. Son votos que una vez cumplen con su objetivo (el castigo) quedan sin compromiso y a la expectativa de que el Gobierno les mejore en algo su situación. Si no sucede, se voltean inclusive con más vehemencia contra la persona a la que apoyaron. En estas circunstancias, pensar que se dispone de suficiente capital político propio para no cambiar de rumbo, es tan insensato como contraproducente.

En sus Memorias Kissinger sostiene que un Jefe de Estado efectivo tiene que mantener un delicado equilibrio entre su visión y la de los gobernados, entre lo que pretende que sea su legado ante la historia y las necesidades del pueblo. Pastrana parece obsesionado con pasar a la historia como el Presidente que logró la paz, pero si ese noble objetivo que todo el mundo comparte lo quiere alcanzar a cualquier precio, a espaldas del pueblo, o a expensas de otras necesidades básicas de la sociedad, se puede quedar sin el pan y sin el queso y su legado ante la historia será el de un fracaso total.

La creación de consensos en momentos de graves crisis es otra regla de oro del Buen Gobierno. Pero el Gobierno no puede pretender crear consensos llamando a la gente a que les dé la bendición a sus políticas, ni invitando a unos empresarios amigos a que les den respaldo público a sus propuestas, ni convocando a Palacio a los dirigentes políticos para que avalen sus programas, ni sentando a la mesa a gremios y sindicatos para que compartan la responsabilidad ante el pueblo de la que ya se acordó con el Fondo Monetario. Todos los intentos de Pastrana de crear algún consenso han fracasado, porque los consensos no se crean para imponer voluntades ni en torno de hechos cumplidos.

Hacer las rectificaciones del caso para ganarse de nuevo el respaldo popular y poder tomar las decisiones necesarias para salir de la crisis, requiere también un poquito de humildad: reconocer que se han cometido equivocaciones y aceptar las críticas. Por eso la arrogancia del alto Gobierno es preocupante.

Citar a Horacio Serpa a un debate en televisión es además un acto de matonería. Saben perfectamente que la televisión es un cuadrilátero donde ganan los efectos especiales frente a los argumentos y la estrategia del espejo retrovisor dejaría a Serpa indefenso. El contraataque a cualquier crítica sería sacar a relucir el holocausto que heredaron, y en esa situación Serpa tiene las de perder. Con razón muy inteligentemente rehuyó el enfrentamiento. Pero, como dirían en el colegio: no sean matones; métanse con alguien que no tenga una mano amarrada en un debate limpio sobre los logros del primer año de Gobierno. Ahí sí le sacan el bulto porque saben que no resistirían ni un solo round. Ya el juez dio un anticipo de los resultados en las últimas encuestas.

O hay otra alternativa en la que al país le iría mejor. En lugar de citar a debates y retar a sus críticos, traten realmente de crear los necesarios consensos para encontrar las soluciones a los gravísimos problemas que este Gobierno se ha encargado de ahondar. Los colombianos se lo agradeceríamos, y la historia se encargaría de darles el crédito correspondiente.

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