POR QUE LOS PADRES CREEN TENER SIEMPRE LA RAZON

POR QUE LOS PADRES CREEN TENER SIEMPRE LA RAZON

Quizá le sea familiar la escena. Un adolescente encerrado en su cuarto pateando todo y vociferando porque no pudo ir a la fiesta, mientras que sus padres contestan los gritos con amenazas. Es común en cualquier hogar donde hayan padres e hijos.

03 de junio 1999 , 12:00 a.m.

Los hijos se quejan de que sus padres siempre dan la última palabra, y estos de que a sus hijos la rebeldía y la terquedad no los dejan entrar en razón. Cómo ponerse de acuerdo? Cada vez que yo quiero decir algo mis padres me advierten que no les conteste , se queja Andrés, de 14 años. Cuando deseo salir a algún sitio con mis amigos debo pedirle permiso a ambos. Mi papá dice que mamá decide, y ella contesta que lo que diga papá. Uno no sabe para dónde coger , protesta Paula de 16 años. Si quiero opinar sobre algo me dicen que no me meta en lo que no sé , añade Juan Pablo, de 15.

Los padres se defienden. Los muchachos pretenden saberlo todo y no entienden que uno ha vivido más que ellos y no se puede dejar que se desboquen como potros salvajes , explica Ana María, madre de dos adolescentes que según ella la enloquecen con su rebeldía. A veces todo conduce a verdaderas guerras verbales entre unos y otros.

Es una lucha de poderes. De un lado, los padres temen perder su autoridad. Del otro, sus hijos se niegan a que se les impongan reglas que coarten su libertad , dice Beatriz Parra, sicóloga clínica especializada en infancia y adolescencia.

Temor a perder el control Esta situación es más común en familias con normas muy drásticas donde el hijo siempre debe hacer lo que le imponen sus padres, lo cual anula su autonomía. Si se rebela, el papá dice: Aquí se hace lo que yo digo, y punto , pero esto en últimas sólo demuestra falta de argumentos y el temor a perder el poder que ostenta en el hogar.

Algunos llegan a vigilar las conversaciones telefónicas o pelean por la llegada con quince minutos de retraso, de modo que se vuelven asfixiantes y coartan la libertad de sus hijos. Otros hasta les pegan por todo. Esos tiempos quedaron atrás, hoy un niño puede demandar el maltrato .

En cambio, si se establecen normas claras desde un principio acordes con las necesidades del adolescente y que no lo lesionen, él no se siente violentado. El problema surge cuando muchos padres piensan que deben imponer su autoridad, así sea a las malas, cuando lo correcto es educar en el amor, la libertad de opinión y la aceptación sin agredir, siendo coherentes y buscando acuerdos pero sin intimidar.

Los progenitores deben abandonar ese nivel de superioridad y ponerse la altura de sus hijos para dialogar con ellos. Si no se es represivo los muchachos carecen de razones para enfrentarse a ellos. Adolescente que se rebele es porque siente que se le han impuesto normas que lo han maltratado sin tener en cuanta su bienestar , señala Parra.

Quién tiene la palabra? El problema con el control y el manejo del poder se presenta especialmente cuando el hijo crece y quiere participar en las decisiones que afectan su propia vida, explica Nelly Rojas de González, sicóloga clínica y autora de cuatro libros, entre ellos La pareja: cómo vivir juntos y Qué nos une, qué nos separa, dirigido a padres e hijos.

Muchos padres que vivieron esos mismos problemas en su adolescencia trasladan estos problemas no resueltos a sus propios hijos y nace una rivalidad que no da espacio al verdadero diálogo. Otros, fueron tratados con excesivo autoritarismo y para obtener un permiso para divertirse debían estudiar mucho o esforzarse demasiado en sus quehaceres. El placer no era algo importante en sus vidas y crecían con una noción del deber ser muy estricta.

Esto, si no se soluciona, termina por formarles un carácter muy rígido en donde los momentos de los hijos para recrearse y divertirse no tienen ninguna prioridad, pues sus padres son inflexibles al cambio .

Pero la ley es que los tiempos cambian. Lo que era ayer ya no es hoy , asegura Rojas, y si los padres no se adaptan a las nuevas exigencias del contexto social y cultural pueden tener conflictos delicados con sus hijos, que tienden a defenderse y a preguntar cada vez que se les impone algo con lo que no están de acuerdo.

Pelear no es agredir El peligro es caer en el otro extremo, de no poner reglas a los hijos. Si se les permite salir a la hora que quieren, con quien les parezca y a donde les plazca sin tener certeza ni mostrar firmeza para aplicar límites, pueden abrírseles puertas a muchas adicciones, como droga, alcohol o sexo. Tanta permisividad afecta los sentimientos de los jóvenes y los deja expuestos .

Tampoco se les puede aislar en una cajita de cristal, advierte la sicóloga Ligia Osorio Cuan. Lo normal es que un padre piense en cómo ayudar y proteger a su hijo, pero no se puede evitar a toda costa que se enfrente al mundo porque esto no lo fortalece y cuando deba hacerlo solo se desmorona .

Es por esto que no se trata de decirles a todo no , sin más argumentos. Así sólo se demuestra que los padres se han quedado sin bases sólidas. Todo hogar necesita normas que se respeten, pero sin caer en extremos. La mejor filosofía es aplicar aquello de ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre , es decir, dictar normas pero con amor y flexibilidad.

Amar es aceptar la diferencia. Todos tenemos derecho a expresar desacuerdo y esto no significa estar en contra, que es lo que muchos padres piensan. La norma de ahora es escuchar con lo que yo llamo el tercer oído , es decir ponerse en los zapatos de la otra persona aunque no se comparta su punto de vista , dice Nelly Rojas.

La idea es que después de exponer cada uno su opinión nadie salga herido, avergonzado, ni criticado pero todos deben tener la posibilidad de expresar acuerdos y desacuerdos abiertamente. Quien no expresa su punto de vista, tampoco sabe expresar emociones positivas .

Para los padres...

* Escuche a sus hijos y pida que ellos lo hagan también con la misma atención.

* Busque una decisión de consenso. Tome en cuenta la edad de sus hijos. Una decisión no afecta igual la vida de un adolescente que la de un niño de cinco años, sin embargo, éste también debe ser oído.

* Enseñe a sus hijos a pescar, pero no les dé el pescado. Si todavía no han pedido un carro para qué comprárselo si apenas terminan el bachillerato? Para qué adelantarse a cubrirles necesidades que en verdad no requieren? * Así se crea una generación que no valora sentimientos como el amor, ni construye valores como la verdad, la solidaridad y la honestidad porque sencillamente lo tienen todo sin esfuerzo , dice Rojas.

* Los adolescentes necesitan que se les dé voz y voto. Pero hay que orientarlos en sus decisiones para que no se lastimen. No decida por ellos a menos que sea vital, si es así, no importa que se molesten, después entenderán.

* Los padres siempre deben ser solidarios frente a sus hijos. Si se desautorizan o predican pero no practican, los confunden y ellos se alían con quien cede más fácilmente y después terminan por sentirse culpables por romper la armonía entre sus padres. Además, pueden volverse manipuladores.

* Disienta de sus hijos cuando crea que su actitud los pone en peligro.

* Confíe más en ellos. Si lo han defraudado puede tener razón en temer, pero si no, sólo les proyecta su miedo, no les deja adquirir confianza en sí mismos y daña su autoestima.

* Tener un mínimo de frustración en la vida enseña a manejar las pérdidas. Esto madura y ayuda a tolerar las dificultades.

* No tema ser asertivo con ellos cuando deba poner un límite y decir no . Ser asertivo es decir lo que es, cuando es y como es.

Para los hijos...

* Pónganse en los zapatos de sus padres. Entiendan que ellos tienen una responsabilidad importante de cuidarlos y protegerlos.

* Escuchen sus argumentos, acojan sus consejos y acepten si les dan un no rotundo porque muy posiblemente tengan la razón.

* Desarrollen su propio criterio emocional, es decir, sepan quiénes son, qué les gusta y qué no, qué quieren y qué no quieren, qué es adecuado e inadecuado y no actúen por influencia de los amigos.

* Piensen: saber pelear no es agredir, es discutir y disentir sin herir al otro. Expresar las emociones negativas como rabia, dolor o tristeza sin sentir vergenza ni pena, no deben dañar a otras personas con palabras o gestos .

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