A TRABAJAR

Un paro, llevado a cabo de manera pacífica, es una válida expresión de la democracia. Una protesta pacífica es un canal legítimo para exigir cambios y soluciones. Partiendo de estas premisas y respetando el derecho que tienen todos los ciudadanos de recurrir a esta forma de manifestar su descontento, invitamos a todos los colombianos a trabajar hoy.

31 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Son muchos los problemas que agobian a la sociedad. El desempleo, la asfixia del UPAC, la crisis del sector agropecuario, la violencia , la recesión, la corrupción, la inoperancia del aparato estatal y la grave enfermedad de la salud son males que castigan - en mayor o menor grado - a todos. Y urge encontrar remedios a una situación que se hace cada día más insoportable. Pero la salida no se encuentra por el camino del Paro.

Al no laborar hoy, se fortalece la débil posición negociadora los sindicatos ( 8 por ciento de los trabajadores), pero no vemos beneficio alguno para el resto de los empleados. Por el contrario, el Paro tan solo crea más dificultades : 250 mil millones de costos para la maltrecha economía, y lo más delicado, es terreno abonado para que los extremistas pesquen en río revuelto.

Pretender cambiar el modelo económico mediante un paro es equivocado. Es a través del sistema electoral y por medio del foro natural de la democracia - el Congreso- que se deben tramitar las aspiraciones de cambio estructural.

Intentar la defensa de prebendas laborales usando como instrumento de presión el cese de actividades es otro error. No se puede tratar de mantener los beneficios de unos pocos - a costa de todos los demás que deben sufragar esas exageradas concesiones - con un Paro que solo agrava las tensiones económicas y sociales.

Exigirle al gobierno soluciones mágicas en estos momentos de penurias financieras es absurdo. Simplemente no hay en el corto plazo fórmula alguna que permita ponerle fin a las serias dificultades económicas que golpean muchas de las actividades del Estado. El gobierno ha mostrado su disposición al diálogo, e incluso ha sido receptivo y flexible en su agenda, pero sabe bien que no puede comprometerse con mantener un status-quo que en materia laboral está arruinando las finanzas públicas.

En cuanto al Paro y la paz, es cierto que una muestra democrática de protesta sirve de ejemplo como alternativa al chantaje de las balas, pero no hay mejor opción que el diálogo sin renunciar al trabajo.

Trabajar más, trabajar mejor, y que todos tengan trabajo, es lo que necesita Colombia. En vez de hacer un Paro, lo que hay que hacer es trabajar el doble. Solo por medio del trabajo y la concertación se podrán superar los enormes obstáculos que hoy bloquean el progreso.

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