CALMA CHICHA

Después de los combates entre el Ejército y las Farc en el municipio de Gutiérrez, el orden público en Cundinamarca parecía agravarse.

07 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Algunos comentarios de militares al día siguiente de los enfrentamientos indicaban que frentes de las Farc tenían planeadas incursiones en algunos municipios de la región del Tequendama y del Sumapaz.

En un consejo de seguridad, las principales autoridades del departamento ordenaron el toque de queda en las poblaciones más expuestas a la acción de la guerrilla. Todo esto le enviaba un solo mensaje a la población: la Fuerza Pública y la subversión se estaban preparando para reanudar la guerra.

No ha pasado ni un mes de aquellos sucesos y hasta el momento esos pronósticos fatales han quedado de lado, pero no han sido olvidados.

Mientras tanto, la vida de los cundinamarqueses sigue transcurriendo en una tensa calma, que cualquiera de los actores del conflicto puede romper con un solo disparo.

Sin embargo, a los ojos de las autoridades la situación está normal. A pesar de que las cifras de atentados, incursiones, emboscadas y hostigamientos en su mayoría perpetrados por la guerrilla ha disminuido casi en un 50 por ciento en comparación con las del año pasado, aún se siguen presentando secuestros, desapariciones y otros hechos delictivos que mantienen la alerta en el departamento.

Desaparecidos Curiosamente la industria del secuestro en el departamento es de las pocas que no está en crisis.

Según País Libre, en lo corrido del año se han presentado 82 denuncias por este hecho, cifra que corresponde al 6 por ciento del total nacional. Los casos se han presentado en 32 municipios del departamento.

De otra parte, la cifra de desaparecidos tiene alarmadas a las autoridades. Según informaciones de la Policía de Cundinamarca, en lo que va corrido del año se han denunciado 42 desapariciones en municipios de la Sabana como Soacha, Facatativá, Chía y Zipaquirá.

Las autoridades comprobaron que de esos 42 casos, 17 se referían a personas que intentaron huir de sus hogares con la esperanza de encontrar otra opción de vida. Aunque señalan que esas desapariciones no han sido forzadas, el hecho es preocupante.

Puede ser que en algunos de los casos las personas se hayan ido de la casa en busca de aventuras, pero no descartamos que algunas de estas desapariciones se hayan dado por reclutamiento de los grupos subversivos , dijo el comandante de la Policía de Cundinamarca, coronel Carlos Alberto Barragán.

Después de Zipaquirá, donde se han presentado siete desapariciones, Soacha con seis y Chía con una, Facatativá es el caso más alarmante, pues de las 42 personas reportadas 27 eran de este municipio.

Uno de esos casos es el de Milton Edgar Circa Luna, un joven de Facatativá desaparecido hace un mes luego de salir de su casa hacia a Bogotá conduciendo un taxi, y del cual no se tiene aún rastro de su paradero.

Otros fenómenos Pero las desapariciones no son el único fenómeno que afecta al departamento. La presencia de paramilitares, sobretodo en la provincia de Rionegro, también tiene en alerta a las autoridades.

Allí no sólo actúa el frente 22 de las Farc, al mando de alias Hugo , sino que también hacen presencia las autodefensas comandadas por Luis Eduardo Cifuentes, alias El Aguila , organización que hace parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) lideradas por Carlos Castaño Gil.

Este grupo tiene una marcada influencia en la zona rural del municipio de Yacopí y ha sido inculpado de varias masacres y hechos delictivos en la zona.

Pero esas no son las únicas autodefensas que hay en Cundinamarca. También se registra el accionar de grupos de justicia privada en el área rural de los municipios de Paime, San Cayetano y Carmen de Carupa, al mando de Enrique Díaz Rubiano. En Medina y Paratebueno están las comandadas por Juan Orlando . Sin embargo, su actividad es marginal.

Corina Duque, defensora del pueblo en Cundinamarca, dice que la presencia de grupos alzados en armas y de justicia privada en el departamento ha incrementado en el último año el éxodo de campesinos a las ciudades. Estos a su vez pasan a engrosar los cinturones de miseria de municipios como Zipaquirá, Girardot y Facatativá.

Esto no solo ha originado un aumento del desempleo en el departamento sino también el surgimiento de pandillas en poblaciones tradicionalmente tranquilas como Funza o Fusagasugá.

Según la Defensoría del Pueblo, el departamento ocupa el undécimo lugar en cuanto a la violación de los derechos humanos en el país.

Esta radiografía del orden público en el departamento deja al descubierto que lo que existe no es más que una calma chicha, que en cualquier momento puede adquirir mayores dimensiones.

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