LA RAZÓN DE LA GUERRA

LA RAZÓN DE LA GUERRA

Si hay guerra después del 15 de enero, la partida de poker político entre Saddam Hussein y George Bush habrá terminado con cada uno mostrando sus cartas bélicas. Los dos líderes esperaban que el otro cediera; que la fuerza de voluntad del otro se quebrantara; que el otro no fuera capaz de llevar a su país a la guerra y que, en última instancia, el otro eligiera el camino de la razón. Pero en vísperas de cumplirse el ultimátum de las Naciones Unidas, tanto el presidente estadounidense como el iraquí, parecen dispuestos a ir a un conflicto armado de imprevisibles consecuencias. Por qué correr ese riesgo no sólo para sus países sino para su propio futuro político?

13 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Para empezar, los dos se fueron colocando progresivamente en un callejón sin salida y cada luz al final del túnel fue apagada por Washington o por Bagdad. La retórica agresiva y belicista tuvo una curva ascendente. Bush comparó a Saddam con Adolfo Hitler y dijo que la forma de vida del pueblo estadounidense estaba amenazada por el dictador iraquí. Reiteró en las últimas semanas el peligro de que Irak, si no es contenido, tenga armas nucleares en cuestión de años, incluso meses.

Ese riesgo, más que cualquier otro, fue el que volcó nuevamente la opinión pública estadounidense a favor de la política del Presidente. Después de esas advertencias casi apocalípticas, una solución que permita a Saddam mantener su poderío militar y liderazgo sería inaceptable para el mandatario.

El líder iraquí tampoco fue prudente. Llamó repetidas veces a una guerra santa contra Occidente, al derrocamiento de los gobiernos de Arabia Saudita y Egipto, a ataques contra intereses de Estados Unidos en todo el mundo y amenazó con ejecutar a los rehenes que mantuvo durante meses. También vinculó la crisis al problema palestino-israelí.

Sus palabras encontraron eco en las masas árabes que añoran a un líder que los unifique contra el enemigo (Israel), y en la gran población musulmana que observa preocupada la presencia de infieles cerca de los lugares sagrados del Islam (La Meca y Medina). Al insistir en que cualquier solución sobre Kuwait debía pasar por la cuestión palestina, Saddam quedó maniatado. Si se retira incondicionalmente, perderá prestigio. Lecciones históricas El pasado reciente pesa considerablemente sobre Bush y Saddam. Son pocos los días en que la palabra Vietnam no se pronuncia en Estados Unidos. Pero las diferencias de la crisis actual con las del sureste asiático son significativas. Esta vez la intervención estadounidense tiene la bendición de las Naciones Unidas.

Vietnam nunca dejó de ser un conflicto regional a pesar de estar en juego la rivalidad ideológica de las superpotencias. Desde el primer momento, Bush buscó crear un frente internacional contra Irak y lo logró. De Moscú a Londres, de El Cairo a Beijing, gobierno tras gobierno exigieron el retiro incondicional de Bagdad del emirato.

Están en juego el nuevo orden mundial y los dividendos de la posguerra fría, afirmaron al unísono los líderes de las superpotencias. Y si hay que ir a la guerra para que esos objetivos se hagan realidad, Bush, con la legitimidad de la ONU, está dispuesto.

Es difícil conseguir a alguien que crea que Irak pueda vencer a la fuerza multinacional apostada en su contra. A qué juega, entonces, Saddam? A la derrota honrosa. El egipcio Gamal Abdel Nasser perdió la Guerra de los Seis Días contra Israel en 1967, pero para el pueblo árabe fue un héroe por haberlo intentado.

El sucesor de Nasser, Anwar el Sadat, encabezó un ataque sorpresivo a Israel en octubre de 1973 y logró presionar un cese del fuego cuando sus fuerzas estaban al borde de la capitulación. El prestigio ganado en el conflicto le sirvió años después para negociar la paz con su antiguo enemigo.

Saddam podría aguantar los primeros tres días de bombardeos para luego anunciar su retiro de Kuwait en aras de proteger al valiente pueblo iraquí . Quedaría como el líder indiscutible de los árabes, el único que no se arrodilló ante Occidente. Es posible que piense que aunque su país no vencerá en la guerra, tampoco perderá. Su pueblo resistió ocho años de conflicto de Irán, por qué no lo haría con Estados Unidos? En últimas, no hay que olvidar los orígenes de la crisis. Irak invadió a Kuwait primordialmente por razones económicas. Con el petróleo kuwaití, Bagdad controlaría el veinte por ciento de las reservas del crudo en el mundo. Occidente no podría permitir que ese hombre una vez amigo, hoy enemigo acumulara ese poder.

Colombia propuso en el Consejo de Seguridad que ese organismo le garantizara a Irak de que si se retiraba de Kuwait no sería sancionado ni atacado ni su régimen derrocado. La iniciativa no tuvo acogida, pero planteó una de las razones fundamentales para que Saddam se quede en el emirato y pelee. Si nada gana saliéndose, para qué se va?

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