COLOMBIA, PASADO MAÑANA...

COLOMBIA, PASADO MAÑANA...

En los últimos meses, como lector de las columnas de opinión de los diarios, especialmente de las de EL TIEMPO, he encontrado artículos que se refieren al ayer para destacar las causas de nuestra situación, otros que examinan el diario acontecer para prevenirnos sobre posibles catástrofes y unos, muy pocos, que tratan de escudriñar el mañana, es decir el futuro más inmediato.

03 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Con algún atrevimiento trataré de decir algo sobre el futuro un tanto más lejano. Me refiero a lo que podría estar sucediendo unos años después del 2002. Pero, como no quiero ser mal interpretado, empezaré por confesar que creo firmemente en la humana imposibilidad de predecir el futuro, al menos en la época actual. Para librarme de esta aparente contradicción recurriré al concepto de escenarios. Cada escenario no es un posible futuro pero sí permite intuir la forma como se está gestando ese futuro.

Me correspondió participar en el ejercicio denominado Destino Colombia. Allí, hace casi dos años, un grupo heterogéneo de colombianos, exponentes de las más disímiles posiciones políticas, de una amplísima gama de oficios y actividades, construimos cuatro escenarios de Colombia, que consideramos, en ese entonces, como abarcadores del espacio de posibles alternativas del futuro.

El primero, denominado Amanecerá y veremos , relataba los desenlaces de continuar haciendo lo que se venía haciendo en el manejo del conflicto armado, y esperar a que las cosas se resolvieran solas. El segundo, bautizado como Más vale pájaro en mano , suponía que, ante la escalada insurgente, el país sacaba bandera blanca y aceptaba un proceso negociado de paz en los términos de los violentos. El tercero, Todos a marchar , mostraba las consecuencias futuras de un Estado decidido a enfrentar militarmente a los alzados en armas con el propósito de obligarlos a negociar en sus propios términos. El cuarto, La unión hace la fuerza , describía la gestación de un amplísimo movimiento social que obligaba al Estado a hacer las necesarias y profundas transformaciones que requiere el país, y a los insurgentes a incorporársele, ya sin banderas y desarmados.

Hoy, parecería que el espacio de posibles alternativas se concentra en un eje polarizado en dos escenarios básicos. El primero, una paz negociada, se asemeja al llamado por Destino Colombia Más vale pájaro en mano . El segundo se parece al denominado Todos a marchar . Pero, al contrario de lo que se apreciaba en ese tiempo, el de la paz negociada podría tener sus meses contados.

Me explico, o ese proceso ha logrado avanzar con hechos significativos e incorporar al movimiento social que preveía Destino Colombia y que en mucho ha sido promovido involuntariamente por la guerrilla o perderá vigencia en la medida en que el actual gobierno empiece a caminar con el sol a las espalda, la oposición prenda los motores electorales y la brutalidad de los daños a la población civil les impida mantener una posición neutral a los países interesados en la suerte de Colombia. Esto representa una gran responsabilidad para el Gobierno y, sobre todo, para la guerrilla. Se requerirán circunstancias muy extraordinarias para que esta última tenga la oportunidad que ahora se le presenta de poder construir un proyecto político con el apoyo de una gran mayoría de los colombianos.

De otro lado, un movimiento insurgente al que se le reconoce su poder militar no puede despreciar olímpicamente la capacidad de resistencia de un pueblo herido y acorralado. El Gobierno, por su parte, haría bien en ser aún más flexible con las pretensiones de la subversión, siempre y cuando esta no deje dudas de que el proceso se dirige hacia una verdadera democracia, sustentada en el respeto por la dignidad, sin exclusiones, de todos los colombianos.

Si los actores del proceso actual lo conducen al congelador , la escalada armada será prácticamente inevitable. Pero aquí hay espacio para que el movimiento social emergente determine las características del conflicto y, en última instancia, su duración y resultado. Por ejemplo, si el Estado logra efectuar una verdadera transformación social y política que elimine la corrupción y brinde a los más pobres de los pobres una vida digna, podría obligar a la subversión a negociar de nuevo, pero sin un proyecto político como el que hoy podría coronar su larga lucha armada. Si otra hipótesis la insurgencia muestra, en su accionar armado, respeto por la población civil y la capacidad de ejecutar un proyecto político que aglutine al movimiento social en formación, la comunidad internacional podría presionar al Gobierno a brindarle un amplio espacio territorial o a aceptar un arbitraje favorable a la legitimidad construida por la guerrilla.

Estos reveses dialécticos de la historia fueron bellamente descritos por Lao Tse, hace 2.500 años, cuando aconsejó a los dirigentes de su época comprender que: Todo comportamiento consiste en opuestos o polaridades. Si hago de algo más y más, y repetidas veces, aparecerá su polaridad. Por ejemplo, el esfuerzo de una persona por ser bella la hará fea; el empeño exagerado en ser bondadoso es una forma de egoísmo.

Cualquier esfuerzo obstinado produce su opuesto: * Una obsesión con vivir sugiere una preocupación por la muerte.

* La verdadera simplicidad no es fácil.

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