AZNAR Y PASTRANA

Le pregunté a un amigo español, conocedor de Colombia, acerca de las semejanzas que se le atribuyen al presidente Pastrana con el jefe de gobierno de España José María Aznar, y me dijo que sí, que en efecto ellos dos son muy parecidos, pero tienen, también, importantes diferencias y gobiernan en circunstancias distintas, lo que hace que los resultados de su gestión sean tan disímiles. En esa conversación hicimos algunas comparaciones que quiero compartir con los lectores.

03 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Tienen ambos virtudes muy valiosas en esta época de la información. Tienen un gran manejo de medios y un especial sentido de la oportunidad. Van bien puestos siempre y posan con mucha facilidad. Son jóvenes y ágiles y, claro, se mueven mucho, tanto de sitio como de pensamiento. Son audaces, con una audacia de ocasión, alimentada más por un agudo olfato político que por una profunda comprensión de la historia. Los dos pudieron, entonces, sin un gran discurso, aprovechar las debilidades de sus oponentes en la campaña electoral y se alzaron con la victoria; a Aznar, estas virtudes le han servido además para sostener altos índices de popularidad.

Tienen una aureola de honestidad que han logrado mantener, aun cuando no pocos de sus colaboradores han sido implicados en casos de corrupción. Dan la impresión de ser bien intencionados y nadie ha osado decirles lo contrario.

Los dos son fácilmente ubicables en el centro político, en el centro derecha, como acostumbran decir los socialdemócratas europeos.

Comparten esa manera liviana de hacer política tan extendida en este final de siglo, esa despreocupación por el futuro colectivo y esa compulsión por alcanzar una gloria personal en el presente, es decir, esa renuncia a desarrollar un proyecto de Estado, un propósito de nación, un sentido de sociedad, a largo plazo.

Pero tienen tres diferencias fundamentales. La primera de las cuales es que actúan en realidades muy distintas. Aznar, en un país con una economía en buenas condiciones y unas instituciones que funcionan con cierta fluidez; Pastrana, en un país en crisis económica, en guerra y con unas instituciones a punto de colapsar. Allá, el centro político, que es la indefinición, la ausencia de una propuesta coherente, funciona; incluso es la manera más cómoda y tranquila de tramitar el gobierno porque las relaciones económicas y sociales van marcando la pauta. Allá no se precisa con urgencia un estadista, un renovador de las instituciones, puesto que ellas tienen una marcha, si no óptima, por lo menos aceptable. Aquí necesitamos a alguien con una noción de nuevo Estado, con una propuesta política de cambio profundo, necesitamos un verdadero estadista, para forjar la paz, reconstruir la economía y rediseñar el Estado.

La segunda diferencia es que Aznar compensa las limitaciones que tiene como líder rodeándose de un gran equipó; en Hacienda, en Exteriores, en Agricultura, para solo mencionar algunos ministerios, ha tenido verdaderas revelaciones de la política española. Nuestro Presidente, en cambio, no fue capaz de mantener la promesa de que gobernaría con independencia y terminó trabajando con un estrecho grupo de amigos, muchos de ellos sin experiencia ni brillo, y otros cuantos colaboradores surgidos de la transacción con un sector del Partido Liberal.

La tercera diferencia es que Aznar oye más, escucha opiniones diversas, busca consejos, hasta les roba ideas a sus contradictores. Tanto que los socialistas españoles, a veces, le reclaman airados porque ha aplicado como propia una política originada en las filas del Partido Socialista Obrero Español. El presidente Pastrana está encerrado en una urna de cristal, no oye las voces de la oposición, pero lo más grave es que no escucha a sus propios amigos, muchos de los líderes de opinión que lo ayudaron a elegir se quejan de que no los ha llamado siquiera una vez para consultarlos sobre materias que ellos dominan.

Ojalá nuestro Presidente cambie y empiece por escuchar las voces de tanta gente que en Colombia puede ayudar a buscar salidas a la encrucijada en que nos encontramos

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