NADA DE NERVIOS

Ese día hubo hasta champaña. Por los altavoces del colegio sonaron el himno de Santander y el himno nacional. No era para menos. Los 390 puntos de Carlos Javier Jaimes eran el mejor puntaje Icfes del país.

11 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Tres años después de esa escena, que ocurrió en el colegio La Quinta del Puente en Floridablanca (cerca a Bucaramanga), Carlos Javier revive la emoción que sintió cuando todos sus compañeros lo felicitaron.

Claro que en su memoria está también el susto previo al examen y mucho más allá, la decisión que tomó cuando ingresó a sexto grado y se propuso no solo ser el mejor bachiller de su colegio, sino sacar el mejor puntaje Icfes del país.

Hasta noveno mamé gallo. En décimo dije: es hora de ponerme serio . Y sí que lo hizo. Empezó a interesarse por los libros hasta que le cogió gusto a la lectura. En décimo y en undécimo hizo cursos preicfes y participó en simulacros de las pruebas.

Estaba consciente de su preparación y con unas ganas inmensas de sacar 400 puntos. Sin embargo, no todo fue perfecto.

El viernes anterior al examen, hizo deporte hasta que se cansó. Había mucha presión porque la gente espera mucho de ti y eso tensiona , recuerda.

En la primera sesión no tuvo ningún problema. Pero en la tarde del sábado ocurrió algo que lo dejó con los nervios en la mano.

El coordinador del salón dijo que contestáramos en orden y yo quería empezar por la electiva para no cansarme y llegar fresco a español. De todas maneras empecé así y él se dio cuenta. Me dijo que tenía que quitarme el examen. Me hice el fuerte y le dije que si eso era lo que tenía que hacer, que lo hiciera , cuenta Carlos Javier.

El examen estuvo de supervisor en supervisor unos 20 minutos. Al fin, uno de ellos dijo que no importaba, que se lo devolvieran.

El coordinador se hizo a mi lado a vigilar que lo hiciera en orden y yo para que se fuera empecé a contestar a la loca. Cuando se quitó me tocó revisar todo. Estaba tan estresado que aunque me sobró tiempo no quise revisar. Entregué y salí , recuerda.

Ahora ve el examen como uno más en la vida, pero en su momento era el examen. Cree que alrededor de este hay mucha presión y mucha mística. Al salir uno piensa: eso era todo? , dice con la tranquilidad de quien ya pasó por ahí.

Decidir la carrera no fue fácil. En el colegio me iba bien en casi todo. En matemáticas, en biología, en física y me gustan mucho las humanidades. Era difícil porque tenía todas las puertas abiertas y no sabía cuál escoger , recuerda este joven que hoy tiene 20 años.

Finalmente, se decidió por ingeniería eléctrica en la Universidad de los Andes. Primero quiero ser un profesional exitoso y luego, dedicarme a la vida pública, pero sin vivir de ella , explica con seguridad.

Hoy, cuando el examen del Icfes es algo que les ocurre a otros, cree que lo mejor es manejar la tensión para contestar tranquilamente y acabar con el examen antes de que el examen lo haga con el estudiante.

Por lo menos eso hizo su hermana, que a la presión normal, le sumaba el tener en su casa al mejor Icfes del país en 1996.

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