2014

Maravilloso el discurso que ha preparado el Ministro de Hacienda para la instalación de la asamblea conjunta del Banco y el Fondo que va a tener lugar a finales de septiembre en el Centro de Convenciones del Parque del Microchip, en Armenia. El ingreso por habitante de Colombia podría llegar a siete mil dólares este año. Es el fruto de los acuerdos políticos, de la estabilidad de las políticas, de la modernización que ha traído consigo significativos aumentos de productividad y de la paz. Haber destinado veinte mil millones de dólares durante los últimos quince años a elevar el nivel de vida del quintil más pobre de la población se ha pagado con creces. Nadie lo hubiera podido prever hace quince años.

04 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

El Ministro ha recordado que en ese septiembre negro de 1999, él se esforzaba en Planeación Nacional para hacerles comprender a sus superiores que lo esencial era adoptar un curso de acción. El flamante premio Nobel de economía de este año nos aconsejaba entonces que independientemente de las políticas que se escojan, en una crisis financiera un gobierno tiene que hacer algo decisivo... y hacerlo sin vacilaciones . Eso fue lo que finalmente hizo el Gobierno en el año 2000, después de la crisis de gabinete y de la caída de la Junta del Banco de la República. Ese cambio de rumbo que se inició en enero del 2000 les puso fin al pesimismo, a la indiferencia del alto gobierno, al sindicalismo irresponsable y al ambiente intelectual adverso a la modernización, que había hecho presagiar un inevitable giro hacia un populismo ruinoso.

Es difícil saber si fue la heterodoxia o el eclecticismo del nuevo gabinete lo que facilitó que Luis Eduardo Garzón y Tarcisio Mora dieran el volantín que permitió hacer profundos cambios en la estructura de gasto del Estado y en el sistema educativo, y les abrió espacio a los acuerdos y a las posteriores reformas. Fue clave no dejar que el FMI impusiera condiciones excesivamente austeras. Se abandonó la retórica, se dejaron a un lado la rotulación, el radicalismo y el clientelismo para pensar en grande y resolver los problemas sociales de Colombia. Los Pactos de la Romelia, que se firmaron entre los distintos partidos, con el apoyo de los sindicatos, en junio del 2000 pusieron el punto para el posterior Acuerdo de la Uribe, y fueron la piedra angular de los quince años de prosperidad y paz que siguieron.

La actitud de los Estados Unidos, especialmente haber dejado que Colombia gozara durante varios años de todos los privilegios de los miembros del TLC, hasta que pudo adherir finalmente en el 2010, también fue un factor clave porque resolvió de un tajo el problema de demanda insuficiente y trajo consigo cuantiosa inversión extranjera. La aceptación de la reforma agraria en el Congreso en las sesiones extraordinarias de diciembre del 2000 fue un hecho trascendental. La oferta de tierras y financiación en el Magdalena, en el Cesar, en el Occidente y en la Costa hizo que la gente se devolviera de las zonas de frontera, ha dado lugar a la revolución agrícola colombiana y sirvió para exportar el problema de la droga a otros países menos progresistas. La guardia civil que crearon el general Hernández y el mono Jojoy también ha contribuido a erradicar la droga.

La decisión de suavizar el efecto de la devaluación para los deudores en dólares ayudó a la reactivación porque se pudo expandir sin quebrar a nadie. Haber atraído a Cisco Systems y a Dell a la antigua zona cafetera fue un acierto de Pastrana, como lo fue la idea de Jaime Ruiz de convertir a Colombia en la oficina trasera de Japón. Los colombianos les hacen el trabajo mientras duermen en Japón. Del pesimismo y de la crisis de 1999 se salió pronto. No habíamos caído en cuenta de que los industriales volverían a producir una vez lograran rebajar inventarios y creciera el crédito, y de que el desplome del peso daría lugar a un auge de las exportaciones. A la vuelta de un año, no se volvió a hablar de recesión, después de que arrancó la construcción.

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