LUGARES COMUNES MAFIOSOS

LUGARES COMUNES MAFIOSOS

Se puede advertir en estos años postreros del siglo un reacomodo de la producción norteamericana a los cambios que en el vaivén del gusto del público se realizan por una variedad de razones de difícil determinación. Este reacomodo se da dentro de unas potencialidades, determinadas tanto por factores de producción como por las nuevas tendencias sociales y culturales, por la tecnología, la ciencia, el eclipse de algunos valores, el surgimiento de nuevas actitudes, etc.

05 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Como quiera que sea, los cambios del cine frente a su público que pueden ser imperceptibles en un lustro tienden a inscribirse dentro de las dos grandes tendencias que van de una a la otra de las dos vertientes que hoy caracterizan al cine estadounidense. Por un lado está la continuidad de la tradición, que se expresa tanto en la fidelidad a los esquemas que repiten las historias y los géneros en contra de la posible experimentación formal o temática como en la tendencia a la realización de remakes y secuelas de las aventuras de un héroe: este es el cine llamado mainstream, del cual están llenas las pantallas del mundo entero.

La otra tendencia es la del cine independiente, que busca una alternativa de producción y una experiencia estética que implique alguna búsqueda personal de su director, quien se preocupa del significado de hacer películas. Entre estas dos corrientes, hay desde luego un sinnúmero de intentos por llegar a las pantallas. Una tendencia consolidada que combinaría una y otra fórmula está centrada, sin duda, en la derivación de lo que los franceses llaman cine de autor, para una producción con actores de reconocido prestigio. Es muy probable que los grandes estudios encuentren así y más allá de su jerarquía y autoritaria forma de trabajar, tan bien satirizada por Robert Altman en Juegos de Hollywood, una apertura hacia el futuro de un cine que enriquecería enormemente sus posibilidades y no gracias al dinero o al simple despliegue tecnológico.

Esto es lo que sucede con la comedia Analízame, de Harold Ramis, con la presencia de Robert de Niro y Billy Crystal. Como protagonista De Niro, el duro mafioso de las películas de Scorsese, pasa a ser un hombre débil, con una gestualidad que limita con lo cómico; y Crystal, el cómico, ahora es un severo psiquiatra cuyas tribulaciones pueden ser patéticas. Analízame se inscribe dentro de esa tendencia del cine estadounidense actual, en la cual más que como pastiche su argumento se construye dentro de una noción que tiene al cine mismo como elemento autorreferencial.

Aquí es imposible no pensar en una serie de películas de gangsters que la preceden, pero específicamente en El Padrino, y no única ni necesariamente por la mención explícita que constituye la escena del sueño en la que cae abatido el Padrino y que revela el complejo de Edipo del protagonista, pues la película toda es un juego de referencias que se entrelazan en un tono paródico con los padecimientos psíquicos de John Vitto (De Niro), quien necesita resolver algunos conflictos con la ayuda del psiquiatra. Aunque desde luego no puede faltar la rivalidad entre las dos bandas de mafiosos enfrentadoa para apoderarse de los negocios ilícitos en Nueva York, con esa galería de rostros bien personificados en su caricaturización, lo que importa en el relato es la gradación de la tensión que se genera más que por el posible y clásico enfrentamiento de las mafias, por un trasfondo interno del personaje, que de pronto descubre a través de situaciones incontrolables de ansiedad y pánico una profunda crisis de conciencia a la cual tendrá que poner remedio mediante la ayuda del psiquiatra (Crystal).

Representando su historia con los lugares comunes de la mafia, Ramis no queda, sin embargo, atrapado por ellos, pues los esquiva en el eje central del relato en un juego de cambio de paradigmas, al trasladar la acción a la culpabilidad que puede ser reconocida como fuerza desintegradora de la personalidad. Y aunque la práctica del psicoanálisis llega a tener una batalla final victoriosa, el psiquiatra también tendrá que pasar por su proceso de aprendizaje en medio de los duros mafiosos, pues otra ley de la vida, no intelectualizada, lo convoca a la acción que exige en el momento límite para apoderarse de todas las fuerzas que hasta entonces parecía imposible reunir para el solitario y al fin victorioso hombre que parecía del todo desamparado en la batalla.

Más que de una película satírica, se trata por así decir de una comedia sana, optimista y complaciente. No ajena, al final, como lo quiere el inconsciente colectivo, al triunfo de la justicia.

--------------- Recomendada: para acercarse al cine contemporáneo autoreferencial, en tono comedia.

No recomendada: para quien prefiere a de Niro en el papel de duro y a Crystal de cómico.

FOTO: -De Niro, Crystal y Lisa Kudrow

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