MATEMÁTICAS, EL COCO DE LAS AULAS

MATEMÁTICAS, EL COCO DE LAS AULAS

Las matemáticas son el terror de muchos. Basta que al profesor se le ocurra hacer un sorteo para ver quién pasa al tablero a resolver un ejercicio, para que medio curso cruce los dedos. Y, suele ocurrir que el hombre, a quien todos consideran una cuchilla , llame precisamente a quien no entiende ni jota de matemáticas.

03 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Lo que sigue, ya se sabe: el muchacho se para como una estatua frente a la pizarra, le tiemblan las manos, se le nublan la visión y la mente y se resigna cuando el profesor le dice, pase a su puesto .

Generalmente, los padres llegan a consulta porque el muchacho no progresa y siempre pierde la misma materia. Han decidido cambiarlo de colegio para ver si en otro centro escolar rinde más , cuenta Beatriz Parra, sicóloga clínica especializada en niños y adolescentes y directora científica del Centro Sicológico del Aprehendizaje.

No entiende nada de lo que se le enseña , recitan muchos progenitores, pero no se dan cuenta de que con este lenguaje sólo contribuyen a que el joven se sienta cada vez más disminuido cuando en realidad el problema puede venir desde la niñez, radicar en la apatía que se siente por la materia o deberse al profesor.

Desde el preescolar Muchos niños no han contado con una base adecuada para asimilar ciertos conocimientos. Esas bases se construyen desde el preescolar, y tienen que ver con una noción clara de lateralidad (concepto de derecha e izquierda), de espacio (arriba, abajo, al lado, atrás) y de tiempo (antes y después), explica Parra.

Una deficiencia en cuanto al manejo de la lateralidad, por ejemplo, puede determinar que para sumar 4 y 5 el niño no coloque la segunda cifra debajo, sino a la derecha y tenga como resultado 45 y no 9.

Igual puede causar problemas el que el niño no tenga una buena motricidad fina, es decir, que tenga dificultad en recortar y picar papel, o en agarrar el lápiz; o cuando el profesor dicte los problemas no pueda copiar rápidamente, o que en un problema aritmético no distinga, por ejemplo, si alquien compró primero o después y todo se le torne muy confuso.

En otros casos, tiene que ver mucho la metodología que se sigue en la enseñanza. A pesar de lo que se ha innovado en educación, a veces esta es muy mecánica y desligada de la realidad. Una cosa es cierta: si los niños ven las cosas con ejemplos reales, las aprenden más rápido y para toda la vida , indica la sicopedagoga Lucía Vargas Posada.

A nivel de preescolar y primaria suele presentarse una deficiencia, y es que al niño se le presentan las matemáticas como conceptos abstractos y no con ejemplos que lo unan a su entorno, de modo que se convierta en una actividad lúdica, según las especialistas.

Suele ocurrir que se le pide al niño memorizar las tablas de multiplicación y hasta las recite sin respirar, pero sin saber de dónde resulta que tres por tres es igual a nueve. En cambio, si se le explica que en realidad la multiplicación es una suma abreviada y se le amontonan piedritas en grupos de tres y se suman 3+3+3, es más gráfico y más sencillo explicarle que esto suma 9, y que es lo que significa 3x3 , agrega Parra.

Además, cuando todo se le deja a la memoria (suma, resta, multiplicación, división, lógica matemática y problemas), van quedando vacíos que cada vez son más difíciles de llenar, y peor aún, cuando más adelante se reúna hasta con cuarenta alumnos y el profesor no tenga la posibilidad de hacer más personalizada esa enseñanza.

Miedo y mecanización Hay otros factores. Por ejemplo, puede ocurrir que un niño invierta los números al dibujarlos, algo que se supone debe quedar superado después de los siete años; o que no asocie la cifra con la cantidad de objetos que ve e incluso, que tenga problemas para memorizar, lo que se pueden presentar entre los 5 y 6 años, al comienzo de la edad escolar.

Otras causas pueden ser externas, como la imagen rígida que se ha transmitido de la materia y de quien la enseña. Se ha hecho ver a las matemáticas como algo para lo que se es bueno o no y muchos alumnos terminan desmotivados a pesar de contar con una buena preparación, porque el profesor les dijo algo que no les gratificó o porque desarrollan apatía por todo lo que les muestre números.

Las matemáticas también se prestan para que haya mecanización y el alumno aprende que debe cumplir con tres pasos para resolver un problema. Pero si se le cambia la presentación del mismo queda desorientado porque no cuenta con un razonamiento matemático que le permita resolverlo de diferentes formas.

Por último, suele utilizarse esta materia para aterrorizar. De modo que el niño o el joven llegan a pensar que si no la pasan, sus padres los van a matar y que cada vez que entren a clase el profe los va a rajar. Esto les genera miedo y ansiedad en extremo. Muchos se desvelan y tienen dolores de cabeza antes de ir al colegio , añade Vargas.

Total, conviene que padres y profesores adopten una posición más crítica y constructiva frente al asunto. Al fin y al cabo, no se trata de que los chicos saquen una nota, sino de que aprendan y de paso dejen de ver las matemáticas como una pesadilla.

Memorizar menos, razonar más * Si un muchacho ha tenido fracasos repetidos con la misma materia hay que entrar a evaluar la posible causa antes de que se desmotive.

* Si siempre son los mismos estudiantes que sacan buenas notas hay que dar a los otros la posibilidad de obtener la misma calificación con metas alcanzables.

* Muchos niños ven afectada su autoestima porque se sienten incompetentes frente a quienes dominan la materia.

* Pasar al tablero repetidamente a un chico que no entiende la clase puede ser peor. Es como hablar frente a un auditorio de un tema que no se domina.

* Puede ser más útil hacer que se quede luego de clase y explicarle aparte lo que no ha entendido.

* Es necesario estimular su capacidad para razonar, ayudarles a hallar estrategias para desarrollar y resolver problemas.

* Proponer ejercicios sencillos al comienzo que permitan a todos tener éxito en su resolución. Así se estimulará a todos por igual.

* Dar más importancia al desarrollo de habilidades de comprensión que a la transcripción de fórmulas.

* Todo niño puede desarrollar unas habilidades mínimas que le permitan manejar los conceptos matemáticos por lo menos hasta la secundaria.

* Si es claro que el niño o el muchacho tiene vacíos en conceptos que vienen de muy atrás, es necesario acudir a una persona de fuera del colegio que pueda actualizarle en esas falencias.

* Finalmente, frente a algún trastorno, desmotivación o apatía, es indicado buscar asesoría de un especialista que evalúe las posibles causas que entorpecen el aprendizaje de la materia.

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