QUÉ CARAJOS PASA

Se vuelve ya interminable la discrepancia de la CAR con la Alcaldía de Bogotá en torno de vitales proyectos de desarrollo para la capital del país. Licencia condicionada para la ALO (Avenida Longitudinal de Occidente), objeciones al POT (plan de ordenamiento territorial de la ciudad) y las más recientes trabas a Transmilenio (reforma del sistema de buses) y a la avenida Ciudad de Cali son muestras más que suficientes de que la CAR y en forma muy particular su director, Diego Bravo Borda, están empeñados en trancar los megaproyectos de la administración Peñalosa. A solo cuatro meses de vencimiento del plazo para aprobar el POT, por ejemplo, este ni siquiera ha podido ser llevado a debate en el Concejo Distrital.

06 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Pese a los argumentos ambientales y demográficos que ha esgrimido el ente regional, es difícil no ver a la CAR como una vaca muerta atravesada en el camino de iniciativas que resultan a todas luces necesarias para la Bogotá del nuevo milenio. Proyectos susceptibles de discusión, revisión y ajuste, por supuesto, pero que no pueden ser sometidos a un continuo torpedeo burocrático. Tan sistemático y creciente, que permite pensar que detrás de tal actitud pueden subyacer intereses político-electorales de ex alcaldes de Bogotá.

La intención de la CAR de evaluar ahora Transmilenio, el metro y otros proyectos que se ejecutarían en el perímetro urbano de Bogotá ha confirmado esta imagen obstruccionista, que impide la discusión y el avance de inversiones cruciales para el futuro de la ciudad en su ordenamiento territorial y calidad de vida. La protección de humedales como el de La Conejera y la preservación ambiental de la Sabana son puntos que la CAR tiene motivo para defender, pero que se deben conciliar con otra realidad apabullante y que afecta a la población bogotana: el crecimiento no se puede detener. Abusar de un atribución legal para frustrar un crecimiento urbano ordenado y planeado es fomentar uno pirata , agresivo y demoledor para el ambiente, que la ley no puede controlar.

Que la expansión hacia el norte requiere ser controlada y vigilada estrictamente; que la ALO debe garantizar la preservación de los humedales; que la ALO ayudaría a descongestionar el tráfico pesado por la débil malla vial de la ciudad y descontaminaría el aire que respiramos... Todos son argumentos válidos de parte y parte, que deben ser discutidos y concertados rápidamente, no solo por la CAR, el IDU y la Alcaldía Mayor sino también por constructores, concejales y todos los grupos ciudadanos preocupados por la calidad de vida de su urbe.

Es lamentable que una discusión del calibre del POT, el plan maestro de urbanismo para Bogotá en los próximos nueve años, se obstaculice y enturbie por consideraciones politiqueras que no consultan el real bienestar de los habitantes de la capital. O, también, por actitudes olímpicas de la Alcaldía, de olvidar los proyectos si no son aprobados en su totalidad. No es posible un poco de sensatez, mesura y conciliación entre las partes, cuando lo que está en juego es el ordenamiento futuro de la ciudad más populosa de Colombia? FRASE: La CAR no puede atravesarse como vaca muerta en la vía del desarrollo planificado de Bogotá.

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