NADIE ENTIENDE

Es impresionante cómo en un mes la percepción de la opinión pública nacional e internacional se ha deteriorado tanto frente a la situación nacional. Como lo decía un artículo del New York Times, es muy difícil encontrar noticias positivas sobre Colombia.

13 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Lo cierto es que han sucedido todo tipo de fenómenos que dan pie para este preocupante estado de ánimo. Tan solo en esta última semana se han presentado situaciones que francamente nadie entiende.

Nadie entiende, por ejemplo, el viraje del presidente Pastrana en su posición de no ceder ante la guerrilla en el punto relacionado con la conformación de la comisión de verificación para la zona del despeje. Se puede entender que el Presidente nuevamente se eche para atrás con el ánimo de que las conversaciones se reinicien. Pero la alternativa que planteó, de que las Farc acepten aplicar el derecho internacional humanitario en dicha zona, es inexplicable. El derecho internacional humanitario se aplica a las guerras y a las zonas de conflicto y resulta que la única zona del país que no está en conflicto es la zona de distensión. Por otro lado, restringir la aplicación de estas normas de conducta solamente a esta parte del territorio es aceptar en forma implícita que donde sí se está librando la guerra, es decir en el resto del país, se permita violar el derecho internacional humanitario.

Nadie entiende que la alocución televisiva del presidente Pastrana el lunes pasado, cuando hizo el balance de su primer año de Gobierno, haya pasado inadvertida. No fue ni siquiera registrada por los noticieros de la noche y los periódicos del día siguiente la ignoraron olímpicamente. Es como si el Jefe de Estado se hubiese vuelto irrelevante.

Nadie entiende que después de un año de magníficas relaciones con los Estados Unidos, de varias visitas del propio presidente Pastrana y de sus altos funcionarios a ese país y de una dinámica gestión del embajador colombiano en Washington, el número tres del Departamento de Estado, el señor Thomas Pickering, diga en rueda de prensa que va a esperar a que Colombia tenga una estrategia de paz para ver en qué forma Estados Unidos puede ayudar. Todos estábamos convencidos de que las numerosas manifestaciones de respaldo del Tío Sam a la política de paz del Presidente eran porque en Washington conocían al dedillo las pretensiones e intenciones del Gobierno colombiano.

Nadie entiende que después de semejante elogio del presidente Chávez a su homólogo colombiano el día de su posesión y de sus reiteradas manifestaciones de colaborar con el proceso de paz, ahora el mandatario venezolano pretenda establecer con la guerrilla colombiana un diálogo por aparte, inclusive a espaldas del Gobierno colombiano. Las declaraciones del Canciller venezolano al señalar que ellos dialogan con quien tiene el poder pueden considerarse como un acto de agresión o por lo menos inamistoso, pues es ni más ni menos que reconocerle a la guerrilla un estatus equivalente al del Gobierno colombiano legítimamente constituido.

La Cancillería colombiana decidió mantener mucha prudencia frente a este triste episodio tal vez para no revolver otro avispero en momentos tan complicados por los que atraviesan el Gobierno y el país. Pero no por ello deja de ser sumamente preocupante esta actitud de Venezuela, sobre todo si se tienen en cuenta otras declaraciones del propio presidente Chávez en las que advierte que el establecimiento colombiano (se refirió específicamente a los centros tradicionales de poder) no ha hecho los cambios ni las reformas que requiere nuestro país. El lenguaje común bolivariano de Chávez y de la guerrilla colombiana puede llevar a muchos a pensar que aquí existen una complicidad y unos objetivos que no son flor de un día. Ojalá no sea así.

Nadie entiende que, después de tres reformas tributarias, todo tipo de ajustes, el presupuesto draconiano de la verdad (muy bien presentado, por cierto) y el visto bueno del FMI, la principal calificadora de riesgo nos haya bajado la nota, con graves consecuencias para la inversión y consecución de créditos.

Nadie entiende entonces (como ya se sabe que va a suceder) que frente a semejantes dificultades y ante el clamor nacional para que el Gobierno recobre una efectiva gobernabilidad y lidere con la ayuda de todos la salida a esta grave crisis, en el cambio de gabinete haya resuelto seguir con el mismo esquema y con su mismo círculo. Otro cambio donde no se cambia nada. Qué lástima! Nadie puede celebrar lo que está sucediendo, pues lo que esto produce es dolor de patria

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