FONSECA LLORA A SU CANTOR

FONSECA LLORA A SU CANTOR

La Casa de la Cultura de Fonseca se llenó de seguidores, familiares y amigos de Carlos Huertas, el popular cantante vallenato, que en forma espontánea llegaron para cantarle al maestro y así rendirle el último homenaje, minutos antes del sepelio cumplido ayer en su tierra.

20 de septiembre 1999 , 12:00 a.m.

Fonseca llora a su cantor Carlos Huertas . Decía el letrero que encabezaba el adiós al más grande compositor del centro de La Guajira, que murió víctima de una embolia cerebral, el sábado pasado en Maicao.

A las dos de la tarde partió el cortejo fúnebre hacia la Plaza Bolívar, donde su cuerpo fue puesto en Cámara ardiente sobre la tarima que lleva por nombre Tierra de cantores , en honor a una de sus composiciones.

A Carlos Huertas lo lloraron hombres y mujeres de Fonseca, y los recién llegados desde diversos municipios de la Costa Caribe.

Más de mil personas entonaron las canciones del maestro: El orgullo guajiro, La casa, Tierra de cantores, Qué vaina las mujeres y El cantor de Fonseca, antes de que comenzara la marcha hacia el cementerio San Agustín.

Bajando desde la plaza por la calle 10, conocida como la calle del Carmen, empleados de la Alcaldía, diputados, concejales, familiares y amigos, con coronas en mano y en fila, integraron el cortejo fúnebre.

Mientras avanzaban se escuchaba, casi en una sola voz: Alguien me dijo de donde es usted... que canta tan bonito esta parranda. Si es tan amable tóquela otra vez, quiero escuchar de nuevo su guitarra , el tema que lo inmortalizó.

Los acordeones de Adán Mobil y de Jesús Tabaquito Torres abrían sus fuelles para dejar escapar esas notas del alma, que en herencia les dejó Carlos Huertas.

Y al compás de las notas musicales se escuchaban las guitarras afinadas de Jesualdo Pinto, José Oñate y otros jóvenes que aprendieron del maestro el gusto por las cuerdas.

El cuerpo llegó al cementerio San Agustín hacia las 5:45 p.m. y todos los presentes sacaron y agitaron sus pañuelos blancos al mismo tiempo que las ramas de los árboles de maíz tostao y robles se mecían por el fuerte viento que anunciaba la llegada de un aguacero.

A la entrada del juglar al cementerio se escucharon con mayor fuerza los acordeones y guitarras de los amigos inseparables del Cantor de Fonseca .

En ese lugar, su hijo Hugo Alfredo recordó que su padre antes de morir le había dicho: tienes que querer la tierra donde naces, como yo he querido a Fonseca y a La Guajira .

Como un homenaje a este amor a su tierra natal, el alcalde Pedro Manjarrez expidió un decreto de honores, poniendo al compositor como ejemplo para las nuevas generaciones.

Y así como él quería, en medio de una parranda, donde el tono fue impuesto por el acordeón y la guitarra, amigos y familiares le dieron el último adiós al mejor compositor del centro de La Guajira.

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