THE END

Querida Dolores: Escribo esta carta desde el cómodo interior del refugio antinuclear suizo, aún a sabiendas de que te debes estar burlando de mí, por ignorante, supersticiosa y agerista. Tenías toda la razón: hoy ya es viernes y el mundo no se acabó ayer como consecuencia del último eclipse solar del siglo.

15 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Es más: aquí abajo, 2.600 metros más lejos de las estrellas, no quedo sino yo. Ya se subieron los Testigos del Ultimo Día y su pastor; las hermanitas del juicio final y su pastora; el grupo de los pecadores arrepentidos. Te lo juro, mi Diosito , y la Iglesia de las hembras elegidas para reiniciar la raza y su semental. Perdón, su pastor. Sobra decirte que los creyentes de los distintos finales salieron gritándoles a sus respectivos maestros que se fueran para el mismísimo infierno, pero que antes les devolvieran la plata.

Te conozco mucho y sé que a estas alturas de la misiva te debes estar preguntando que qué diablos sigo haciendo aquí como una boba, cuando bien podría estar ya en donde Juana Marulanda cambiando la minifalda que escogí para el fin del mundo, por ese sastre negro y mantilla igual que tú me sugeriste eran los apropiados para tal ocasión.

Pues resulta que cuando aquí se armó el despelote de la evacuación luego del no final todos querían ir a MacDonalds porque no habían desayunado, vi que el Internet estaba vacío y me dio curiosidad por consultar las noticias más recientes sobre Colombia.

Descubrí que mi sargento Chávez, que ese Expreso Bolivariano, había intensificado sus declaraciones hostiles contra nuestro país, afirmando con su canciller que dialogaría con las Farc porque ellas eran el verdadero poder en Colombia. Que Ménem, fuera de querer entrar en la Otán, de haberse metido en la guerra del Golfo, de llevar gente al conflicto de Bosnia y de participar en la arremetida a Kosovo, ahora quería meter sus horrorosas patillas en Colombia.

Leí, como si fuera poco, que no sólo en el Congreso de los Estados Unidos se afirmó como lo hacen cuando quieren inventar guerras, que Colombia era en la actualidad el mayor problema de seguridad mundial, sino que había llegado a Bogotá una delicada misión enviada por Clinton. Que mister Pickering había afirmado en público que no existía peligro de una intervención armada de ellos, pero que se habían reunido en secreto con mister Pastrana para plantear las verdaderas estrategias de nuestro futuro.

Y vi los nuevos índices de desempleo, y la caída vertiginosa de la industria, y los enredos del Upac, y el déficit de 140 billones de la Nación y las recientes incursiones de las Farc y de los paramilitares. Y entonces hice cuentas: Pastrana, más la paranoia gringa, más Fujimori, Menem y el expreso Bolivariano juntos; más la economía en picada, la paz picada y la guerrilla que pica y pica, pues el resultado es igual a un eclipse total en Colombia. Un oscurísimo eclipse en donde ya ni siquiera se tolera la risa inteligente de Jaime Garzón Dolores: yo no es que quiera ser pastora de algo. O predicadora de malos augurios. Pero estoy comenzando a sospechar que el fin del mundo no sucederá de un totazo, sino que se va a ir desapareciendo a pedacitos. Así es que aunque sea momentáneamente, voy a seguir practicando lo de Samper para salvarme: aquí estoy y aquí me quedo.

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