GUERRA SUCIA

Se veía venir el recrudecimiento de la guerra sucia. Que se intensifica cuando se quiere reblandecer al enemigo, fortalecer una posición de negociación o generar un clima que acabe con el proceso de paz.

15 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

El asesinato de Jaime Garzón hace parte de esa lógica absurda de la guerra y de quienes están interesados en que esta continúe. Intereses que están de lado y lado. De la derecha y de la izquierda.

En este caso no hay duda. A Jaime Garzón lo mató la extrema derecha militar. La reacción inmediata de Carlos Castaño y la cita que tenía concertada con él desecha su participación. Y apunta con toda claridad a ese sector radical que todavía existe en las Fuerzas Armadas y que a pesar de todos los esfuerzos por depurarla muestra que sigue vivita y coleando.

A Jaime Garzón lo mataron por dos razones. La primera por estar metido de lleno en el proceso de paz. Por ser interlocutor de las Farc y en especial de Romaña . Interlocución que usó siempre en bien de la paz. De eso no debe ni puede quedar duda alguna.

Se la pasó abriendo puertas. No de manera clandestina sino de frente, de manera cristalina. Con el Eln o con las Farc. Usó su influencia, su humor o su simple posibilidad de llegarle a un comandante guerrillero para que los contradictores hablaran a ver si dejábamos de echarnos plomo. Siempre supo cuál era su lugar y quienes pretendían mostrarlo como un relacionista público de las Farc nunca lo conocieron. Se equivocaron y por eso está muerto.

La segunda razón fue su gran trabajo humanitario relacionado con el secuestro. Fue la tabla de salvación de muchos, pues usó su interlocución para resolver secuestros enredados. Cuando le advertí lo peligroso que era meterse en eso, me contestó: No me puedo quedar cruzado de brazos ante esas familias . Sus gestiones siempre fueron humanitarias y quienes pensaron que tenía un carácter distinto se equivocaron. Y por eso está muerto.

Maldita sea esta guerra sucia. Que tantos muertos ha dejado. Y que tenemos que parar. Venga de donde venga. Porque es tan sucio el asesinato de Jaime Garzón como la destrucción de Nariño. Porque es tan sucio el asesinato de Eduardo Umaña Mendoza como el secuestro de los feligreses de La María. Porque es tan sucia la masacre de Saiza como el asesinato de los tres indigenistas estadounidenses.

El guerrero que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Y nadie la puede tirar. Porque esta guerra cada vez más sucia puerca diría yo se está llevando por delante pueblos y comunidades enteras. E individuos tan importantes para este proceso como Jaime Garzón.

Pero hoy el país es distinto. Hay una nueva fuerza que, ubicada en la mitad, está sacando las uñas. Sacó 100 mil en Manizales, 500 mil en Medellín y 20 mil en Caicedonia, para solo mencionar algunas ciudades.

Y es en esa fuerza donde está el camino. Por más difícil que parezca en estos momentos, o casi imposible, no podemos desfallecer. Al contrario, que en Villavo el miércoles y en Neiva el viernes todo el pueblo se vuelque a las calles para protestar contra esta maldita guerra en la que las víctimas somos nosotros, los Jaime Garzón de turno. Que hoy fue el periodista, mañana será el campesino, el alcalde o el activista de derechos humanos.

Quienes asesinaron a Garzón quieren que tiremos la toalla. Pues no. El proceso no se puede romper. Pero tampoco podemos aceptar que siga en medio de esta guerra. En medio de las masacres, de los asesinatos, de los secuestros, de las desapariciones y las destrucciones de pueblos.

NO MAS. NO MAS. NO MAS. Que ese grito que ya se escucha con fuerza se vuelva un propósito nacional. Para que el Gobierno, las Farc, el Eln, los paramilitares y la extrema derecha dejen esa sordera y entiendan que ya no tenemos miedo. Que de aquí no nos sacan corriendo.

Y que hasta que nos oigan no en audiencia sino con hechos no vamos a dejar de presionar. En la calle, desarmados y de frente. No como esos cobardes que se escudan con unos cascos, capuchas, uniformes, pistolas y fusiles cada vez más difíciles de distinguir de qué lado son.

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