UN PERIODISTA PURA SANGRE

UN PERIODISTA PURA SANGRE

La muerte de Hernando Santos Castillo se produjo a las 4:00 de la madrugada, en la Clínica Shaio, en donde permaneció durante 12 días en estado crítico. Un trauma cardiovascular precipitó el fallecimiento del director de EL TIEMPO y vistió de luto el periodismo colombiano.

21 de abril 1999 , 12:00 a.m.

Y es que a Enrique Santos Castillo el periodismo lo persiguió toda su vida. Era hijo y sobrino de periodistas, tío de periodistas y padre de periodistas.

Nació en Bogotá el 15 de agosto de 1922, cuando su padre, Enrique Santos Montejo empezaba a consagrarse como el columnista más leído de Colombia con el seudónimo de Calibán . Se formó entre rodillos de papel del periódico, al lado de su padre y de su tío, el ex presidente Eduardo Santos, director propietario de EL TIEMPO hasta 1973, cuando falleció.

Esas mismas lecciones que recibió en su juventud, las inculcó a casi todos sus hijos. Cinco de los siete están vinculados a este diario: Rafael, vicepresidente de Relaciones con la Comunidad y subdirector; Francisco, jefe de Redacción; Juanita, asesora editorial de Multirevistas; Adriana, gerente de Mercadeo, y Guillermo, columnista de la página editorial, quien fue subgerente y hoy está radicado en Estados Unidos.

Los otros dos, Hernando y Camilo, son médico cardiólogo y piloto, respectivamente.

Carrera desde abajo De su esposa, Helena Calderón, con quien se casó en 1948, enviudó el 20 de agosto de 1983. Ella era hermana de Clemencia, la esposa de su hermano Enrique.

Por eso, era tío por partida doble del subdirector de este diario, Enrique Santos Calderón, considerado el columnista más leído del país; del presidente de la Casa Editorial EL TIEMPO, Luis Fernando Santos; del ex ministro liberal y ex subdirector de este diario Juan Manuel Santos, y de Felipe Santos, quien dirigió el departamento de Publicidad del periódico y hoy es un reconocido empresario de espectáculos.

Pese a que por sus vínculos familiares pudo empezar su carrera en EL TIEMPO ocupando un cargo alto, Hernando Santos prefirió hacerlo desde la base porque decía que todo en la vida es oficio, es experiencia .

Sus primeros acercamientos al periodismo fueron crónicas sobre otra de las pasiones de su vida: los toros. Su afición no solo lo llevó a enfrentarse a ellos, sino que dio origen a sus crónicas taurinas, que escribió bajo el seudónimo de Rehilete .

Antes de ser nombrado director del periódico por la asamblea de socios, el 17 de julio de 1981, en remplazo de Roberto García-Peña (quien lo fue por 42 años), se desempeñó como jefe de Internacionales, compartió la jefatura de Redacción con su hermano Enrique durante un cuarto de siglo y ocupó la Subdirección.

Santos había cursado estudios de bachillerato en el colegio Antonio Nariño, donde se graduó en 1939. Obtuvo su diploma de abogado en la Universidad del Rosario el 8 de abril de 1948 con una tesis titulada Consideraciones sobre el derecho social colombiano .

Desde sus días de estudiante del Rosario, acudía con frecuencia a las oficinas de EL TIEMPO, en la calle 14 de Bogotá, y luego ingresó como miembro de la redacción en 1948. En ese año se graduó de abogado, en una fecha que jamás olvidaría: el 8 de abril, víspera del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Por ese episodio, su matrimonio, inicialmente previsto para el 11 de abril, tuvo que ser aplazado.

Tres años antes su hermano Enrique, también con su título de abogado del Rosario, había dejado a un lado los códigos y se había incorporado a EL TIEMPO. Durante un cuarto de siglo los dos ocuparon conjuntamente la jefatura de redacción, hasta cuando Hernando fue nombrado subdirector en 1975. Más tarde, este último definiría así la estrecha relación que mantuvieron siempre: A veces discrepamos. Tenemos personalidades y caracteres muy diferentes. Discutimos sobre temas ideológicos, sociales o políticos concernientes a EL TIEMPO, pero entre nosotros impera siempre, por ardorosa que sea la discusión, el talante santista. Más que nunca los genes de los antepasados fijan nuestra actitud frente a la vida. Eduardo Santos desde la Presidencia de la República y Enrique Santos Calibán organizando el periódico en la parte informativa y escribiendo su famosa Danza de las Horas , le imprimieron al país una manera de ser y casi diríamos de pensar. Es lo que se conoce por el estilo santista. Los principios de ellos heredados, como la propia sangre, nos han permitido continuar tan noble y grata tradición.

Momentos críticos La del 9 de abril no fue la única experiencia dramática que le correspondió vivir a Hernando Santos en EL TIEMPO. Los momentos más difíciles fueron los que sufrió el periódico el 6 de septiembre de 1952, cuando su edificio de la Avenida Jiménez fue incendiado, y el 5 de agosto de 1955, cuando fue clausurado por la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla.

Estas adversidades, así como la censura oficial impuesta al periódico en los años de la hegemonía conservadora y la dictadura militar, no alteraron las pautas de conducta que Hernando Santos se impuso desde sus primeros días en EL TIEMPO. Así lo afirmó después: Las llamas, la censura, las persecuciones y el sectarismo nos curtieron y mostraron que el talante no era solamente de transacción y equidad, sino también de valor .

Bajo el seudónimo de Hersán escribió su columna Detrás de las noticias, y con ella hizo presencia en el periodismo por medio siglo, antes y después de llegar a la dirección de EL TIEMPO. Hace unos meses había vuelto a escribir su columna editorial para opinar sobre el escándalo Clinton-Lewinsky.

Premios a su obra Durante su ejercicio profesional recibió varias de las más grandes distinciones que se otorgan a los periodistas: el Premio Príncipe de Asturias, en 1987, que compartió con Alfonso Cano, de El Espectador, y junto con su hermano Enrique, el Premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia, de Estados Unidos, en 1997.

En 1986, cuando les fue otorgado a él y su hermano Enrique el Premio de Periodismo Simón Bolívar, sintetizó en una sola frase lo que fue su vida periodística. Dijo que comenzó desde la sencilla mensajería, para cubrir todos los frentes periodísticos como son la reportería, el manejo de secciones internacionales, la jefatura de redacción, la subdirección y finalmente la dirección de EL TIEMPO .

En 1997 recibió un galardón similar del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). Esta última entidad les había entregado un año antes la Medalla Antonio Nariño como socios fundadores, a Hernando y Enrique Santos Castillo, a José Salgar y a Ismael Enrique Arenas.

También le concedieron la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez, en el grado de Gran Cruz, del Concejo de Bogotá, en septiembre de 1996. En julio de ese año recibió el Escudo de Antioquia, en la categoría de Oro, con ocasión de los 85 años del periódico.

Decisiones polémicas Como liberal siempre estuvo del lado del partido y de sus gobernantes. En su calidad de periodista tuvo que tomar decisiones importantes y polémicas, como la salida de Lucas Caballero Calderón Klim del periódico, a raíz del enfrentamiento del columnista con Alfonso López Michelsen, por ese entonces presidente de la República. A López también lo defendió con vehemencia de los ataques de otros sectores que querían tumbarlo.

Su más reciente defensa de un gobernante fue la de Ernesto Samper. Su posición le produjo roces con varios miembros de su familia vinculados a EL TIEMPO como periodistas y columnistas.

Gran revuelo causó su editorial de julio de 1996, en el cual le pidió a Samper que evaluara la posibilidad de renunciar, tras la decisión de Estados Unidos de cancelarle la visa al primer mandatario.

Como redactor, subdirector y, finalmente, como director desde 1981, Hernando Santos fue fiel a ese talante santista, que según él se podía resumir en una sentencia: Ser duros con los duros, altivos con los poderosos, comprensivos y generosos ante los débiles .

Sus 76 años transcurrieron en y para el periodismo. En 1996, cuando recibió una de las tantas distinciones profesionales que se le otorgaron sentenció: Con más de 70 años, 50 en el periódico y 15 en la dirección de EL TIEMPO, no me vengan a enseñar periodismo .

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