CONTRA LA INCAPACIDAD

CONTRA LA INCAPACIDAD

No es cierto que El séptimo cielo sea una película sin pretensiones ; al contrario, quiere ser un retrato verídico, honesto, sincero, verosímil, directo y dramático de un joven que sin buscar abrazar el ya mal llamado sueño americano buscará rescatar a su exnovia del trabajo que realiza en las noches en un bar de mala muerte, en donde ella se gana unos pocos dólares como simple estriptisera. O sea, si esto no son pretensiones, qué lo serán? Precisamente, su valor está justamente aquí.

19 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Para un director que enfrenta su primera película resultó ser la mejor vía para llegar a algún trabajo satisfactorio. Y Juan Fisher, sin duda, ha alcanzado un afortunado comienzo en su carrera. Y lo ha logrado no porque no tenga pretensiones, sino porque además de tenerlas, tiene talento. Desde luego, El séptimo cielo no es una obra acabada está llena de lagunas pero su narración es la de quien ha comprendido, instintiva, teórica o empíricamente, el hecho narrativo.

Por eso, tomar la actitud de que es preciso perdonarle sus carencias y debilidades, ya que como no quería hacer mas lo cual es una idea un tanto mezquina, así y solo así lo vamos a juzgar. Y es una idea tibia y ya se sabe... a las películas, y en general a las producciones artísticas, se les juzgan por lo que son en sí mismas, por su grado de comunicabilidad, por sus cualidades concretas, por la forma como nos llegan y nos tocan. Como espectadores, es forzoso reconocer que el cine es una experiencia que nos afecta de una manera compleja, desencadenando procesos de lectura e interpretación también complejos, lecturas que cómo no han de provenir de las muchas pretensiones que cada película encierra y en donde no puede olvidarse aquel proceso enunciado por Umberto Eco acerca de las intenciones que cobijan el hecho estético. Eco las divide en tres niveles: la intencionalidad del autor, la intencionalidad del texto (también fílmico) e intencionalidad del lector o del espectador.

Y el artista, de una u otra manera, sabe cómo opera en su discurso cinematográfico este proceso del relato. Así coloca unas prioridades y hace de ellas una cadena privilegiada del sentido. En El séptimo cielo lo que libera narrativamente esos sentidos es la presencia del dinero, una cierta circularidad, una fuerza de choque y una red compleja de implicaciones. Si el conflicto que la película expone se centra en la posibilidad de que Joselito recupere a su novia, será por medio del pago de una suma de dólares, más los intereses . La vida ha quedado reducida a eso, a una economía de mercado. Si Mario, por su parte, quiere obligar a su esposa a abortar es también por razones económicas (al menos así lo expresa). El dinero salvador también aparece al final, pues los ahorros también hacen parte de las cuentas sobre las cuales el sistema edifica su organización social.

Un vagabundo aparentemente suelto en el engranaje es también eso, alguien que nada aporta a la sociedad, pero tampoco a la película. Es claro que la historia representa muchas cosas; habrá claves del director, solo para cinéfilos, así como actitudes que representan una postura ante una valoración del arte o del artista. Quién podría afirmar que es gratuita la presencia recurrente, en lo que en la técnica cinematográfica se llama plano-contra-plano , de una reproducción de un lienzo de Frida Khalo confrontada a un cuadro que representa una voluminosa manzana verde y en donde, por el contraste, el espectador puede sacar sus conclusiones tras oír a uno de los personajes afirmar la vital voluntad artística de la pintora mexicana para representar sus mas íntimos y desgarradores sentimientos? Pero felizmente, el valor de El séptimo cielo no está determinado por su latinidad ; tampoco se trata de ver cómo los colombianos sufren lejos de su país. Es una historia universal, tocada por el sentimiento de extrañeza, de diferencia, de lucha, en donde como decía Nietzsche solo los bárbaros pueden defenderse . Por eso Joselito no lucha, ni se defiende; pacta. Y esto tiene unas significaciones precisas en la película. La primera es obvia: no es un bárbaro. La segunda, que Fisher quiere a sus protagonistas. La tercera, que los quiere demasiado, hasta el punto de hacer con ellos excesivas concesiones a su favor. No es que esto esté mal, pero significa cierta timidez moral, y esto tantas veces demora la dinámica de los conflictos o simplemente no permite que se resuelva la diversidad de los sentimientos.

Que un hombre llegado al cine, proveniente de la televisión, con escasa experiencia cinematográfica, realice esta película, con toda lucidez, significa un momento enormemente estimulante para el cine colombiano, porque con ella ha combatido contra el fantasma de nuestras incapacidades y así ha relatado como quiso su historia, alcanzando plenamente un propósito artístico y lo que es más interesante, el hecho muy probable de que tras esta experiencia vendrán un montón de lecciones aprendidas, que seguramente lo llevarán a un más alto grado en su formación cinematográfica.

Recomendada: para el que va a encontrar más de una razón para ver una película cuyo valor no reside en ser colombiana.

No recomendada: no hay excepciones visibles.

-------------------------- -Catalina Lago y Roberto de la Peña

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