NEOLIBERAL Y PERIQUERO

NEOLIBERAL Y PERIQUERO

No todos los conservadores son así. Muchos no tienen ese altísimo nivel de coherencia. Y es que la Thatcher es casi el colmo: conservadora en política, en fundamentalismos de mercado y otros oscurantismos de fin de milenio, en aborto, religión, ecología, sexo.

16 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Una verdadera dama de hierro, sin que nos sea posible escapar a cierta literalidad que la supone maciza, sin poros, orificios, dobleces ni bisagras. Cómo olvidar que su desprecio por las debilidades de la vida incluye amistad y apología pública de su mejor discípulo: Pinochet, presidiario de toda Europa? Pero no toda la nueva derecha (un bautizo que por lo demás implica una contradicción metafísica) tiene esas impresionantes cotas de pensamiento uniforme. Son, por ejemplo, neoliberales en términos de la liberación financiera, el tamaño del Estado, el desprecio a la igualdad, pero libertarios en esferas del aborto, las minorías étnicas o la moral sexual.

Pero no todo es asunto de pensamiento homogéneo. También de que, como desde el principio de los tiempos, se piensa de una manera y se vive de otra. La hipocresía como un instrumento que compensa los rigores de una moral insoportable.

Difícil establecer qué cosa es George Bush, hijo del otro, texano, rico y conservador como el otro. Pero con un padre así y un país así, en el cual tipos como Clinton son percibidos como la tercera vía (no hay en eso ninguna alusión a los caminos de la Lewinsky) es forzoso concluir que Bush es de la nueva y vieja derecha, neoliberal, para no dar más vueltas. O lo merece.

Pero este Bush es, en algunas esferas de la vida, una genuina vergenza para los estándares morales de la derecha. Un tal Evan Thomas, quien al parecer ejerce desde ya el papel de biógrafo, o al menos de biógrafo de los lados oscuros de Bush, asegura que este pasaba la mayor parte de su tiempo en bares y quería resolver sus problemas con unos tragos y algo más . No aclara si hace referencia, con el algo más , a marihuana, cocaína, crack, heroína o algo más.

Siempre según Thomas y hasta los 40 años, justo cuando ingresa a la política, lo que significa que cambió unas mañas por otras, de seguro menos aburridas las de antes, Bush organizaba unas ruidosas bacanales en donde no solo la droga corría a chorros sino que había mujeres y sexo por todos los rincones .

La tercera vía , no importa qué cosa sea eso, estará representada en los mismos y próximos comicios por Al Gore, un tipo que jamás bebió, fumó o se implicó en aventuras extraconyugales, y que de seguro es vegetariano, rotario, usa pantalones sin bragueta y aspira a ser admitido en la dignísima Orden de Malta, en donde ya han ingresado Pastrana, el Canciller y Moncho Navarro, un bacán que vive en Puerto Colombia y cuyas razones para introducirse en esa cosa continúan siendo inexplicables.

Para un elector gringo de un estado medio, cultura media, clase media, edad media, y medio desempleado como corresponde, resulta difícil la decisión. Si la adopta por puras razones políticas, económicas y de decencia, pues procede votar por Al Gore. Pero los ascéticos, los excesivamente virtuosos, los santos, son siempre una pésima elección. Un tipo que jamás ha pecado siempre será un peligro mayúsculo.

Si lo llegase a hacer algún día, por remota que parezca esa probabilidad, es fácil imaginar el tamaño del pecado. O el de las consecuencias sobre los demás. Al fin y al cabo un santo es, como bien lo supo Cioran, alguien que se odia hasta el límite.

Al revés, Bush, no obstante su familia y sus ideas políticas, puede resultar excesivamente humano en un país que tiene la prensa más estúpida del mundo: aquella que perdona todas las mentiras y todos los pecados, a condición de que no sean íntimos. Pero no hay que preocuparse demasiado. Al fin y al cabo la elección de Reagan probó que el aguante de la más grande democracia de Occidente no tiene límites. Tampoco la idiotez.

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